Sep 19 2011

TRASPLANTES PARA HACER MÁS VIDA

TRASPLANTESPublicado el 19 de septiembre de 2011 en el Diario Montañés

Somos muy dados a expresar sobre el enfermo grave que entendemos muy bien como se siente, cuando ni por remota idea lo podemos siquiera imaginar gozando de buena salud.  Son muchos los lugares y los idiomas en que las gentes se despiden con el deseo al prójimo de ¡salud! Es curioso como del latín “salutem”, la palabra salud se entiende más o menos bien si nos la dicen en francés “La Santé”, o “Saúde”, en portugués, e incluso, ¡con lo que es el turco!, se escribe “Saĝlik”. Desde que nace el bebé, el mejor deseo es que goce de años de larga salud para así disfrutar de una buena vida. Cuando unos padres entierran a un hijo por una mala enfermedad, es realmente antinatural. Aquí sí es verdad y sincera esa otra expresión popular de que nunca debiera de ocurrir de esta manera, a favor de que la línea de la vida concluya primero con los abuelos, después con sus hijos y, así, sucesivamente. Unos prefieren antes la salud, que el dinero y el amor, o las tres cosas a la vez, por pedirlo todo, pero sin renunciar jamás a  estar sano. Ahora por ejemplo, en medio de este tremendo huracán de crisis que lo arrasa todo, es cuando más oigo apelar a la buena salud para no darlo todo por perdido. Exageramos por el sólo hecho de, efectivamente, no ponernos en la piel de los muchos enfermos que anhelan un giro a mejor en sus vidas para disfrutar de forma saludable lo que los demás hacemos como cotidiano, quizás sin saber de la gran suerte que tenemos por el sólo hecho de que no nos duela nada. Lo hemos visto muchas veces en las películas, pero… ¿conocemos de cerca a una persona que espera un trasplante? Yo no.

 He leído recientemente en este periódico el estupendo reportaje de Nieves Bolado poníendole cara a personas trasplantadas o que están en lista de espera para ello. Algunas, por la edad, incluso no saben si llegarán a conseguirlo. Otras, exponían casi de forma unánime su agradecimiento a la sociedad y no digamos a las personas o a las familias de los donantes. Llevan razón en ambas cosas, pero si la sanidad pública tiene una esencia de ser, ésta es la de hacer siempre todo lo posible por los enfermos de mayor gravedad o terminales. ¡Ven por qué mantengo que no es posible ponerse en la piel de una persona que espera un trasplante de corazón o de riñón, sin conocer algún caso cercano! Y me temo que aunque así fuera, son estados de salud tan comprometidos, que no atisbo a pensar lo que le podría sugerir a alguien que pasa las horas y los días a la espera de recibir un órgano de otra persona que sirva para salvar su vida. ¡Qué maravilloso gesto! Me refiero a donar, a dar tu sangre, a que tus órganos sirvan a otros cuando tú ya no pises tierra firme. Realmente, es contribuir a que  otras personas que no tienen buena relación con la salud la puedan alcanzar finalmente, con el apoyo de gente solidaria de forma tan auténtica y tan aplastante. Recientemente me he hecho eco de nuevos y avanzados trasplantes que le están devolviendo a una persona su rostro, o la mano a otra que la perdió en un desgraciado accidente. Estos sí que son avances gigantescos, los que hacen sentirse a un enfermo grave, más persona, porque recuperan algo tan preciado como un corazón. Hay que ir más allá, y apoyar a estos enfermos de la mejor manera posible, con los avances y la investigación, que hay que mantener y asegurar decididamente. Alguien ciego, sólo anhela ver. Le puedes contar el color real del mar, pero siempre querrá verlo por si mismo, con sus propios ojos. Otro postrado en una silla de ruedas, desde que nació o por accidente, quiere levantarse. Si imagino algo de sus vidas, es precisamente esto: que la medicina vaya para adelante hasta que un día les llegue también a ellos el turno de ver o volver a andar. Hemos ido muy lejos en los trasplantes desde que el Doctor Barnard llevará a cabo el primero de corazón el 3 de diciembre de 1967. El receptor fue un tal Louis Washkansky, desahuciado por su problema cardiaco. La donante se llamaba Dénise, de tan sólo 25 años de edad. Los historiales de los trasplantes siempre tienen detrás historias tremendas en el mejor sentido, impulsar otra vida, y en el peor, perder a un ser querido que luego va a donar algo de él a un desconocido cuyo nombre está en una larga lista de espera para recibir un órgano. Sería injusto obviar el papel del médico y todo un equipo que hacen posible algo semejante. Siempre van a estar unidos a sus pacientes, compartiendo, además del éxito de la operación, el devenir futuro de ese enfermo que pasa a tener una mejor vida, por supuesto más larga y también más sana. Das y recibes como decía en el reportaje de Nieves una mujer agradecida por el trasplante. Valen los gestos, al juntarse la línea de la solidaridad con la de la vida, impulsando una a otra en lo que son los casos que más necesitan de este bien llamado bienestar. ¿Hay algo más bonito que desearle a alguien salud? No, no lo hay.



Feb 24 2011

LA SOLIDARIA SEÑORA “CONSTA”

Está bien que las administraciones públicas se acuerden de las personas verdaderamente solidarias, calladas en su labor, que sin tener incluso en cuenta su larga edad y merecido descanso siguen dedicando tiempo a ayudar a otros, preferentemente a enfermos y necesitados. La vida de la santanderina Constantina Prieto, la Señora Consta en adelante, ha sido así: poco pensar en sí misma y todo para los demás. Con 105 años que se dice pronto, esta vecina del barrio de Porrúa que lógicamente la adora, acaba de recibir de manos del Ayuntamiento de Santander un premio de nombre tan bonito como solidario. Lo recogió con total naturalidad y sencillez, en presencia de muchos de sus vecinos, de la gente que la quiere y reconoce, que la agradece sus cuidados, o por labor altruista en tantos y tan diversos centros hospitalarios o sociales.

No es que las personas como la Señora Consta escaseen, es que son únicas dentro de nuestra sociedad. Entre tanta mala noticia, las de este tipo entran por el ojo humano de lleno. La admiración ciudadana siempre ha sido acertadamente  selectiva a la hora de valorar a las grandes personas. ¿Los méritos de esta vital y anciana mujer?, pues dedicar toda su vida a la ayuda, a entregar su tiempo a los demás, a la mejor recuperación de los enfermos o consuelo a quienes les quedaba poca vida, sin pedir nada, sin quejarse un solo día, sin esperar algo a cambio, incluso este merecido Premio Solidario Ciudad de Santander.

De todos los premios posibles, para mí el más bonito es uno que lleve en su denominación la palabra solidaridad. La Señora Consta es un lujo de persona para esta sociedad nuestra, tan vacía a veces, tan asquerosa en momentos, tan envidiosa casi siempre, y, sobre todo, avara. Larga vida tan llena de recuerdos buenos, bien merece esta pausa para recibir el aplauso unánime de tantas y tan variadas  personas que se vieron enriquecidas en su trato con ella, tan magnífica mujer, tan grande ciudadana.



Jun 27 2010

HISTORIAS DE CALVOS

Publicado el 26 de Junio de 2010 en el Diario Montañés

Quizás por serlo, nunca antes me había planteado en voz alta nada acerca de los calvos. El impulso inicial es buscar algo para leer de la calvicie, los calvos del cine, del fútbol actual o de los toros, donde se dan menos por eso de que el matador lo es también en razón de que lleva la coleta y no deja de serlo hasta que se la corta. Como tal gusto por ser calvo, al menos yo, no he hallado aún a nadie que esté contento con lo que tiene encima de las ideas. Durante un tiempo, me hizo ilusión que mi hijo pequeño pensara que mi calva era un corte de pelo que me gustaba hacerme. Ya no cuela, y tiene oído que ha sacado el cabello de su madre con lo que hay menos canguis de quedarse calvo por línea de padre. La calvicie y el estiramiento de lo que ustedes ya saben son cuestiones para las que el hombre siempre ha buscado el milagro de la medicina, de la investigación, y más pisando suelo, la botica china que se publicita muy bien desde las películas de Bruce Lee. Los listos de verdad, ya te lo avisan: “¿tú crees que si hubiera algún producto eficaz contra la calvicie, el actor de La Jungla de Cristal I, II y III (Bruce Willis) estaría como está?”. Va a ser que llevan toda la razón, pero la búsqueda de la eterna juventud, tener pelo en la cabeza y acabar con la celulitis, han estado siempre vinculados a esa anhelada imagen personal. Lo curioso es que alguien que goza de una tupida cabellera, torne su imagen en calvo a lo Yul Brynner (el de “Anastasia” y “Los Hermanos Karamázov”), de la noche a la mañana. Hace  poco me topé con este caso y le pregunté a qué se debía cambio tan drástico. Mi amigo me comentó -sin darle excesiva importancia- que acostumbraba a visitar y animar a otro amigo suyo, con cáncer, y que debido a la quimioterapia le veía aún más abatido porque se le había caído todo el pelo.

 Hablar de solidaridad de la buena es una cosa y encontrarla, además cerca, otra muy distinta. Estos dos calvos que van recuperando cada uno su pelo, ya eran viejos conocidos, pero en el drama del enfermo y el comprometerse del sano, tienen una historia de pelones digna de contar en lo que supone que una persona sienta algo por otra. Al elegir a posta el verbo sentir, no me refiero a pena o a lástima sino precisamente a compromiso. Los enfermos con diagnósticos tan complicados saben muy bien lo que digo, no pudiendo esperar en muchos casos algo más que unos  meses de vida, lo que te lleva a vivir el hoy y el mañana con toda la intensidad emocional que puedas. La grave enfermedad de personas cercanas genera miedo, desconcierto y, por que no decirlo también, cobardía. Los calvos de esta historia se ríen ahora juntos del tiempo pasado, y seguramente ya no gastan ni saliva en recordar las largas tardes de hospital, sus charlas, y los temores y desconsuelos en los que estaban siempre presentes los familiares del paciente. Por imaginar, yo no imagino nada porque no me puedo poner en la piel de ninguno de ellos. Sólo digo que entre tanta mala noticia, en una crisis económica gravísima, a la que se suma la de valores y solidaridad, de vez en cuanto reconforta que llegue a tus oídos un gesto de peso. Desgraciadamente, una crisis refuerza más el “sálvese quien pueda”, como argumento más negativo que tiene el capitalismo feroz. Cierto es que este egoísmo quiere contrapesar sus abandonos con un estado del bienestar que se ocupa de la sanidad, de la reinserción, de la caridad, de la solidaridad o de la integración. En este nuevo siglo que corre que se las pelas, estos conceptos van a ser puestos en cuestión permanentemente. De hecho, sucede ya, y la respuesta no está en las decisiones que tomen los gobiernos ni los macro foros con congresistas internacionales, que no pueden tomar la palabra por todos los ciudadanos de un mundo desconcertado, sin causas, que no lucha por respetarse a sí mismo. Cuando llegó al poder, una de las primeras cosas que dijo Obama, fue que la necesidad de ayuda, la discriminación, está más cerca de cada uno de nosotros de lo que creemos. Al presidente norteamericano, como es lógico, luego le han podido problemas de magnitud, tal como ese peligroso corredor que va de Wall Street y la crisis del dinero, a la guerra de Afganistán.

El individuo ya no está en el mensaje sencillo, y uno se puede quedar calvo por muchas razones, incluso por tirarse tanto del pelo por las injusticias que cometemos a favor del hambre, las enfermedades, la sed, y el que le den por el saco a los países que menos tienen, más si cabe, estando el mío propio como ahora está. Puede que más de uno piense entre la relación que tiene que alguien se rape a cero el pelo, para hacerse semejante a otro que se queda calvo por un cáncer. Bien, es simple y llanamente un gesto de humanidad, cada vez más caros de ver. Cuando el calvo dos fue por primera vez a visitar al calvo uno, la charla derivó en quién tenía más problemas, el que hablaba postrado o el que lo hacia de pie. “Si quieres te cambio tu problema por el mío”, recibió como respuesta contundente a la vez que temerosa quien hablaba desde un cuerpo sano. Al final, dos calvos implicados por la amistad y el cariño, pueden contar juntos la mejor de las historias, como es la de disfrutar de vida.



Abr 8 2010

PROTEGER EL BIENESTAR

Publicado el 8 de abril de 2010 en el Diario Montañés

Busco definiciones sobre lo que es el bienestar social y encuentro una que me viene que ni pintada para lo que quiero denunciar: “conjunto de factores que dan lugar a la tranquilidad y satisfacción humana”. Me explico mejor ahora el por qué de las pateras y los flujos migratorios en busca de esta mayor satisfacción de cada persona. El terremoto de Haití del pasado 12 de enero produjo 200.000 muertos,  250.000 heridos y dejó sin hogar a un millón de personas. Muchas de las pertenecientes a estas dos últimas cifras, es lógico que anhelen abandonar su país en busca de un suelo más seguro que no tiemble. Una  ínfima parte del mundo goza de esa cierta tranquilidad, mientras millones y millones de personas respiran intranquilos. “El bienestar social es una condición no observable directamente, sino que es a partir de apariencias visibles como se comprende mejor”  Forma parte también de la explicación descubierta sobre la prosperidad, y parece que Haití es una buena formulación. Sobre todo el trabajo, las condiciones laborales, una vivienda digna, la educación y la sanidad (esta última tan importante), son las principales patas que sustentan la gigante silla en la que los más favorecidos acomodamos nuestro bienestar personal y social. Digo lo de favorecidos porque no es lo mismo nacer en España, dentro de Europa (cuna del bienestar), que en alguno de los cinco países más pobres entre los pobres. ¿Sabemos cuáles son? Se lo digo: Malí, Niger, Guinea-Bisau, Burkina Faso y, por último, Sierra Leona.

Imagino que la teoría viene de sesudos que me quedan muy grandes, pero el caso es que el bienestar social está directamente relacionado con factores económicos objetivos. Entiendo, sin tanta cumbre, que la economía, los mayores recursos de un país, y las ganancias personales de sus ciudadanos, generan mayor bienestar. Los cinco países más pobres citados lo son en razón de un ranking periódico que lleva a cabo Naciones Unidas. En su evaluación tiene en cuenta la expectativa de vida, los ingresos, la salud y la educación, es decir, la falta de bienestar individual y colectivo. Leídas estas palabras (vida + ingresos + salud + educación), se las lleva cualquier huracán o terremoto. Pero elevadas a la realidad en África, Iberoamérica o Asía, se nos tendría que caer la cara de vergüenza. Y en lo que prometen muchos países ricos, que luego no cumplen, ni les cuento.

            Hablando del comportamiento de los ricos, la crisis económica hace tambalear todos estos logros alcanzados con el esfuerzo de años, y también, todo hay que decirlo, por las mejores bonanzas económicas de otros tiempos donde el dinero corría a raudales, aunque mucho fuera prestado. ¿Qué está pasando? Vayamos por partes. La crisis y el desempleo son sólo algunas razones esenciales que cangrenan y pueden derribar el bienestar social.  Leí un día que el trabajo es esfuerzo, pero también es sabiduría y constancia, saber qué se quiere hacer, y cómo hay que hacerlo y luego llevar a cabo esa obra con inteligencia. Los Gobiernos proporcionan (están en su obligación) un bienestar general, pero la sociedad beneficiada actúa en muchas ocasiones con voracidad, poca listeza,  y excesos que ponen también en peligro ese reparto equitativo de recursos a disposición de todos, incluso de los recién llegados. Por cierto, plantear ahora dejar a la inmigración no empadronada fuera de la cobertura social no es digno de un país democrático, ni mucho menos de una nación perteneciente a la Unión Europea. Allá cada uno con sus declaraciones y actuaciones, pero luego no se extrañen de ser señalados como discriminatorios, racistas o xenófobos.

            Hay que ir por el camino de cuidar mejor todos los logros sociales. Por ejemplo, una sanidad tan envidiada como la española cuesta millones de euros al día, y los usuarios debemos ser conscientes de ello para usarla con prudencia y sin abusos. Lo mismo se puede decir de la educación, de las pensiones, de las prestaciones a la seguridad social, asistenciales, laborales, por desempleo o familiares, sólo por citar las principales de una larga lista que sale de los impuestos de todos los españoles. Lo solemos poner de relieve continuamente “lo pago yo con mis impuestos”. Pero, ¿utilizamos adecuadamente todas estas prestaciones y más en época de vacas flacas? Las respuestas pueden ser muy amplias dependiendo de los casos. Quizás el ejemplo más contundente sea el de la sanidad, las intervenciones quirúrgicas innecesarias, el abuso de las urgencias, y especialmente el uso de los medicamentos. Los recursos no son ilimitados, pero muchas veces los ciudadanos nos comportamos como si fuera así. Los países con mayores prestaciones son al mismo tiempo los más trabajadores, productivos y competitivos. Así se pueden permitir las numerosas y diversas ayudas que se perciben de las propias empresas (hijos) o del  mismísimo Estado. En la medida que vamos siendo más, fruto del aumento de la natalidad o de la inmigración, hay que reforzar el sistema para que la cadena asistencial no se rompa. Exigimos mucho, tenemos también lo suficiente para vivir felices, pero el bienestar social necesita de una redefinición de nuestros propios comportamientos. Basta con pedir y utilizar sólo lo que necesitamos en cada momento, para  entre todos hacer posible que como los primeros años de un niño, sean los últimos de un viejo.



Mar 29 2010

CONTAGIARSE DE PERSONAS SOLIDARIAS

Publicado el 29 de marzo de 2010 en el Diario Montañés

En la biografía de Agnes Gonxha Bojaxhiu, nombre auténtico de la Madre Teresa de Calcuta, se cuenta este hecho: “Encontré a una mujer moribunda en las calles y la traje a nuestro hogar. Cuando la acosté en una pequeña cama, me sonrió, tomó mi mano y dijo una sola palabra: “gracias“. Luego murió. Ella me dio mucho más de lo que yo hacía por ella. Me dio su gratitud”. No de forma general y continuada, los mortales somos muy dados a mover los labios para hablar de solidaridad, que no las manos para hacer efectivo ese apoyo que necesitan otros, de aquí y de allá. Viviendo en la distancia, un reciente viaje a Bosnia y Herzegovina propició el reencuentro de dos pedazos de mujeres solidarias con una gran historia en común a las espaldas, la cántabra Marisol Dobarganes y la bosnia Jasmihka Rebac. De la sala de reuniones del Centro Los Rosales de Mostar para niños con necesidades especiales, que ha venido dirigiendo durante demasiados años esta última, cuelga un reconocimiento de nuestro Rey, que expresa perfectamente hasta dónde puede llegar el aguante humano cuando en plena guerra civil no tienes que dar de comer a estos seres más necesitados que los demás: “Juan Carlos I, Rey de España, queriendo dar una prueba de mi aprecio a vos, Señora Jasmihka Rebac, he tenido a bien otorgar a vos por mi real resolución de 6 de diciembre de 2004 la Cruz de la Orden del Mérito Civil”. Hace años que Marisol Dobarganes no visitaba Los Rosales. La reciben como una gran protectora, todos además. Quienes no la han visto nunca, ya saben de su historia personal. En la guerra de aquel país centro europeo (que se le fue de las manos a la Unión Europea), la Dobarganes creó junto a otros hombres y mujeres una asociación llamada “Cantabria por Bosnia”. Ella fue realmente su  almamater. Los Rosales fue uno de sus muchos ejemplos que contó también con todos los hosteleros cántabros; se encargaron de que tuvieran algo que llevarse a la boca del desayuno a la cena, sin importar asedios, blindados o francotiradores. El abrazo tan emocionado entre Jasmihka y Marisol dura varios minutos y contagia porque se queda grabado en la retina. Quienes la acompañamos estamos más guapos callados. Los niños le han preparado una gran  bienvenida; le cantan y le bailan en una letra que solo puede atender también a la traducción de agradecimiento. Las lágrimas corren y no escapan de ellas ni siquiera los militares y guardias civiles españoles que están también presentes en la visita. La traductora no da abasto a tragarse saliva, porque ha quedado fascinada de la imagen y el mensaje que tienen las dos solidarias que no solitarias.

Estas mujeres, una de Cantabria y otra de Mostar, han vivido ya tres vidas. La primera, la de haber tenido una buena juventud con medios, creciendo sin problemas, y , en su caso, incluso con grandes comodidades. En otra etapa bien distinta, un gran revés o un simple cambio de actitud, te muestra otro faro que seguir bien distinto. O, por lo que sea, te das cuenta que la vida no llena. O un buen día te impacta algo o alguien, una situación de angustia, y decides dar un giro que cumples de verdad. Lo difícil es que los de tu alrededor lo entiendan, pero en el caso de ellas dos son su mejor escolta de apoyo permanente. Eso sí, de la gente que la ha marcado, Marisol nunca olvida a José Félix García Calleja (yo tampoco). Aprovecho para pedir a la sociedad de Cantabria más para el recuerdo de este tipo estupendo donde los haya. Su última vida, es hoy, ahora. No paran un momento. ¿Dónde hay una necesidad? Allí van; te lían, y te lían bien, porque lo hacen de corazón..En Bosnia y Herzegovina han pasado demasiadas cosas malas y el odio está tan sólo aparcado. Las gentes han reemprendido sus vidas como han podido, pero no olvidan. No olvidan que mientras las bombas caían, mientras la metralla arrasaba enterita la fachada de su casa,  voluntarios (porque quieren) de otros países como Marisol estaban siempre al pie del cañón, aunque no sea precisamente la mejor frase para describirlo. Da igual estar en Sarajevo, en Mostar que en Banja Luka, si viajas de punta a punta del país con otros españoles solidarios que consideran como de los suyos. Cantabria y España están muy presentes por todo lo que se ha hecho. No sería justo dejar de citar al Gobierno de Cantabria, al Ayuntamiento de Santander, al Hospital  Valdecilla, a El Dueso,  o a los medios de comunicación en general. Siempre estuvieron ahí, receptivos al mensaje por Bosnia. Tantos años después, entre todos, han dado un vuelco a esa otra frase de la Madre Teresa: “la gente teme vincularse con el otro por el miedo al rechazo o por no atreverse a dar. Se olvidan que no hay como dar para recibir. La verdadera dicha es dar”. Tomando un agua en un bar de Mostar que se llama “Jana”, nombre tan nuestro, no pude por menos que hacer una reflexión hacia delante y sentirme lleno de orgullo de lo que la cooperación de España, de Cantabria, sigue haciendo en este país y otros tantos. La última noche en Sarajevo, no teníamos muchas ganas de tomar un bocado. Uno de los comensales, para agrado de todos los demás, le tradujo al camarero que quería darle a esa cena un mejor destino. Esa noche, una familia entera de las que tienen en su agenda solidaria, cenó en mejores condiciones a las habituales. Realmente, ser solidario sin pararse siquiera a pensarlo tiene su gran recompensa. Cuando el ánimo afloja, Jasmihka no sólo tiene las palabras de un Rey colgadas de la pared. En su destino, la acompañan un buen puñado de seres humanos a los que no puede fallar, nunca. Agazapada con ellos en los sótanos contra las bombas del odio, ahora les ofrece una educación y una profesión digna para el día de mañana. Se lo cuenta a Marisol Dobarganes, con la que siempre contó. Este viaje me ha servido realmente para ver quienes somos las personas que necesitamos atenciones especiales.



Ene 25 2010

¡A VOLCARSE CON HAITÍ!

Comentario en Punto Radio “Protagonistas Cantabria”.

Haití genera desasosiego dentro y fuera, porque mucha gente está a la expectativa de que las cosas tras la gran tragedia se hagan como se tienen que hacer: bien.  Tras muchos años de desconfianza y cierre del grifo, he mandado también dinero a Haití,  a través de una ONG, que creo de confianza. Lo digo porque el Gobierno debiera de regularizar las ayudas, cómo se hacen, quien puede gestionarlas y que cobra la banca por las transferencias, para no llevarnos luego a engaños que son muy desagradables pero hacen pagar a justos, el pueblo haitiano, por pecadores, los chorizos de turno que también hay tras cada catástrofe humanitaria. Haití necesita mucho dinero para su reconstrucción, y va a llegar porque hay datos que nos mueven a pensar que las ayudas económicas serán muy generosas. Me parece muy pero que muy bien, porque un país no se vuelve a levantar con palabras, con agua y con latas de comida que entrega en ejercito en fila india. Así, evitas también las mafias de estos desgraciados países donde no cabe en cabeza humana que se hagan negocios con la muerte y el dolor, pero se hacen y mucho.

 Ya que existe como tal, la ONU tiene que volver al tajo de hacer renacer de sus cenizas a los haitianos. Que sea también Naciones Unidas la que controle los destinos del dinero y muchas más ayudas con las que hay que contar como maquinaria, tecnología y todo tipo de materiales que se van a quedar como parte de la cascada internacional de solidaridad. Con Haití, no caben fraudes ni peores noticias que el terremoto. Los que quieran aterrizar allí dentro de la promoción, que lo hagan también, pero lo que importa es devolver la confianza a este país y a sus habitantes, para que no se produzca una huida masiva del infierno que es hoy. Para reconvertir este infierno, hay que seguir ayudando, volcarse, porque, de no ser así, no habrá futuro para Haití.



Ene 15 2010

HAITÍ

Comentario en Punto Radio “Protagonistas Cantabria”. 13,10 h.

¡Haití…, Haití…! La mayor furia que las entrañas de la tierra puede mostrar, se la ha demostrado a Haití. Se ha llevado por delante vidas, las casas que las cobijan o la propia naturaleza, tan bella en esta isla. Después de una tragedia así, el sol se pone de nuevo sobre los cadáveres, los gritos, la penuria y la búsqueda de los desaparecidos. Guste o no, no queda más remedio que presentar las imágenes del drama humano de los haitianos. Un padre que coge en brazos a su bebé, ya cadáver. Una niña bajo los escombros con la tez blanca del polvo, aunque no es su cara natural. En realidad, en Haití, nada de lo que ha sucedido nunca es natural. Cuando no es hambre, es rapiña, cuando no, dictadores, cuando no, golpes militares, guerras civiles o los terremotos, huracanes u olas que devoran las casas de los pobres a orillas del mar tan bravío.

 La última tragedia no ha hecho distinciones, se ha llevado todo y a todos.  El resto del mundo se muestra alucinado. Tanto, que los ciudadanos (estoy seguro) vamos a rascarnos el bolsillo para llenar las cuentas de ayuda cuyos recursos van para Haití. De repente, nos vamos a reconciliar con las organizaciones humanitarias que nos tienen un tanto mosqueados por sus mejunjes internos con los dineros y el derroche. Lo que sea que pongamos, va para comprar agua, comida y medicinas. ¿Qué menos podemos ofrecer a estas gentes, a quienes tenemos que  dar futuro poniendo algo de nuestra parte? Lo que sea, un euro, dos… Haití y los haitianos no merecen tanto sufrimiento, tanta miseria, por el hecho de amanecer cada día. La ONU, con la que soy tan crítico, ¡mira!, lo estaba haciendo bien allí. Todo se ha ido al garete, y hay también muchos muertos entre la gente destinada para cooperar con el país, su gobierno y especialmente con los ciudadanos. Volverán a empezar. Los haitianos tendrán que reiniciar también sus vidas dentro de unos meses. Pero no tienen por qué hacerlo solos. El dinero del resto de países, de las gentes que tenemos otras nacionalidades, está para estos casos. Más vale gastarlo en los haitianos que una cumbre mundial sobre la pobreza que no sirve para mucho. Que vaya el dinero directamente donde tiene que ir. Los escombros, los cadáveres, las pérdidas, son ya irremediables. Pensemos en los que han quedado en pie, para que no tengan que tambalearse de nuevo porque los demás no sabemos ver en la desgracia ajena una forma real de ser solidarios. ¡Ayudemos a que Haití despierte mejor mañana y los días después de mañana!

 



Nov 4 2009

30 SEGUNDOS PARA MORIR

Publicado el 4 de noviembre de 2009 en el Diario Montañés

En una carta fechada en 1903, el joven poeta Rilke comentaba al destinatario de su correo que los hombres (y las mujeres añado yo) hemos hecho del comer algo diferenciador: la necesidad por un lado; la sobra por otro lado, haciendo turbias las  profundas necesidades simples con que se renueva la vida. Es una obviedad que cuando Rainer María Rilke escribió tan gran verdad no conocía ninguno de los Datos básicos: las caras de la pobreza” que cuelga en su web el Proyecto del Milenio, auspiciado por el Grupo de la ONU para el Desarrollo. Vale la pena leerlo de cabo a rabo, aunque la comprensión de todo artículo empieza por simplificar y así lo voy a contar. Primer dato: más de 800 millones de personas pasan hambre en el mundo y 300 millones son niños. Segundo dato: 11 millones de niños mueren cada año, la mayoría menores de 5 años; y más de 6 millones mueren a causa de enfermedades totalmente prevenibles como el paludismo, la diarrea y la neumonía. Tercer dato, demoledor: cada 30 segundos un niño africano muere a causa del paludismo, lo que se traduce en más de un millón de muertes infantiles por año. Cada cumbre de los países ricos para tratar el hambre y sufrimientos de los países pobres se convierte en un nuevo bochorno que ya no parece sonrojar a nadie, tan acostumbrados y quietos como estamos ante el incumplimiento sistemático de muchas de las conclusiones acordadas, referidas en su mayor parte a este déficit del mundo consigo mismo.

Los líderes agrupados en el llamado G-20 (países industrializados y emergentes), mejor que las negras estadísticas, debieran de cambiar el caduco método de la cumbre que para poco sirve, por ese otro sistema de presentar en sus webs informativas  lo que son sus pensamientos y, quien sabe si sus soluciones, para combatir de verdad la pobreza, la mala distribución de alimentos de emergencia, de vacunas y medicinas que salven vidas, de agua (idem), con atención especial a los graves problemas de la infancia, la mujer, y llevar la educación allá donde sea necesaria. Cansa hasta el agotamiento emocional oír cómo las nuevas promesas se repiten, cuando las hechas anteriormente no se han cumplido. Tenemos que concienciar más y mejor a las nuevas generaciones, ya que nosotros no hemos sido capaces de pasar de la lamentación o de la crítica tenue acerca de lo mal que se portan los países ricos frente a los pobres. No me refiero tanto a cambiar el mundo como a cuidarlo más entre todos. Creo que sí; que los jóvenes preparados y solidarios tienen más conciencia de lo que sucede realmente a su alrededor, y tienen motivos para comparar y aportar más de si mismos. A saber: en todo el mundo, 114 millones de niños no reciben  enseñanza básica y 584 millones de mujeres son analfabetas.

Si la crisis económica está golpeando tan fuerte a los ciudadanos que antes podían considerarse privilegiados, no queramos pensar lo que pueda estar sucediendo realmente en el mapa del mundo devastado por la pobreza. La última cumbre G-20 no aportó nada nuevo sobre más ayuda a los países en desarrollo y, sobre todo, mejor canalizada. Es un clamor la desconfianza que generan muchos de los países que reciben ayuda en forma de dinero o alimentos, más por el comportamiento de sus gobiernos y a qué o a quiénes destinan realmente esas ayudas, que por cómo se puedan comportar los olvidados que cada 30 segundos, por hambre, dan el paso de la vida a la muerte. El hambre ha sido la gran esclavitud del siglo XX y lo mismo sucede al menos en los principios de este nuevo milenio. Hablar de retos y descubrimientos o del acceso de todos a una nueva sociedad del conocimiento, me parece sencillamente un insulto que el ser humano se autoinfringe para no mirar de cara al cáncer que es la pobreza, el hambre, la sed o la vacuna que puede salvar a ese niño de cinco años que muere todos los días en algún punto de tan hermoso universo a la vez que desigual. “Pero todo lo que quizás sea posible algún día para muchos, el solitario ya puede prepararlo y construirlo con sus manos, que yerran menos”. En otra carta lo comentaba el joven poeta Rilke, quién sabe si pensando en las miserias del ser humano. Al comienzo de su mandato, Barak Obama pronunció unas palabras que me cautivaron. Dijo algo así como que cada uno de los males del mundo y que he citado en este artículo, están más cerca de cada uno de nosotros de lo que pensamos, incluso en nuestro propio barrio. Entre Rilke y Obama, confió mucho más en el compromiso ciudadano contra el hambre, que en lo que se pueda decir sobre la pobreza y la miseria dentro de los grandes discursos que se lleva el viento.