Ene 15 2012

UN STOP DONDE NO SE PUEDA FUMAR

imagesCA5YALKFPublicado el 15 de enero de 2012 en el Diario Montañés

 El otro día me metí en un berenjenal al intentar mediar en una discusión entre dos personas, porque una de ellas estaba fumando en una marquesina a la espera de que llegara el autobús de turno y cogerlo, ya sin el cigarrillo. “Esto es una parada donde hay más personas que nos molesta que se fume”, alzó la voz en un momento dado una usuaria del bus; “pero, oiga, que esto es la calle”, replicaba acalorado el fumador que inhalaba humo con más insistencia debido a los nervios. El asunto terminó en un rifirrafe de afirmaciones en uno y otro sentido, lo que me hizo pensar que aún no han cuajado socialmente muchas aclaraciones sobre dónde se puede fumar y dónde no, lagunas en las que es necesario insistir, y, sobre todo, mostrarlas con información pública.  Aquella guerra de palabras y de malas caras se podía haber evitado si en la marquesina estuviera visible la prohibición de fumar mediante una simple pegatina. Después, claro, me informé como es debido. Llegué a casa con las preguntas en la cabeza de si se puede fumar en las marquesinas y también andenes de autobuses. Analizado el asunto desde el punto de vista de leer ciertos apartados de la conocida más como Ley Antitabaco, no es que me despejara a la primera las dudas, pero al final pude llegar a dos conclusiones, que como queden al mejor o peor entender de los ciudadanos ¡vamos apañados! Paso a comentarles que en las marquesinas de autobuses urbanos ubicadas en la vía pública, “cuando éstas estén cubiertas y con cerramientos laterales a ambos lados, no se permite el consumo de tabaco”.  Y preciso asimismo, ya que otros competentes en la materia no lo hacen, que en los andenes de estaciones de autobuses al aire libre “se puede permitir fumar, aunque esté parcialmente cubierto”.

Les juro que yo no lo sabía, y eso que me tengo por una persona bien informada. Las preguntas sobre los lugares donde se puede y no se puede fumar se han venido haciendo desde la aprobación de la ley, y así seguirán las cosas porque el tiempo pasa y con ello la despreocupación por cómo se deben cumplir las normas que nos exigen un comportamiento u otro. Parto de que desde la instauración de la nueva ley no hubo una campaña informativa en condiciones, con datos y aspectos elementales, que calaran entre los fumadores y los no fumadores. Los que más han echado un cable en el tema (y siguen en ello) son los medios de comunicación que lo hacen por interés social, aunque la publicidad informativa de pago nunca está de más. Albergo también la opinión de que a los fumadores se les está acorralando demasiado. Los no fumadores tenemos derechos, pero también los consumidores de unas cajetillas de tabaco que les proporciona el propio sistema que se aprovecha de los cuantiosos impuestos que recaudan por la venta del pitillo de marras. Otra prueba de que las cosas se hicieron mal fue requerir gastarse a la hostelería en general un dinero para separar espacios dentro de su establecimiento, y luego ampliar a todo el bar o restaurante la prohibición de fumar y mandar a la gente directamente a la calle para poder encender un cigarro. Sin duda, el problema está ahora en la calle, y yo mismo lo presencie en aquella discusión absurda dentro de una marquesina de autobús que podía haber terminado en males mayores. Lo que quiero decir es que todos tenemos que poner un poco de nuestra parte para no discriminar a nadie. Y en los lugares que no se pueda fumar, que sea bien visible la señal de prohibido con el pitillo en medio, para que ningún ciudadano tenga que interpretarlo por su cuenta y riesgo.



Oct 24 2011

VIOLENCIA ZORRERA

Publicado en el Diario Montañés, el 24 de octubre de 2011

En el Libro de los Proverbios Morales de Alonso de Barros (escritor y humanista al tiempo que velaba por el cuidado de los aposentos de Felipe II, primero, y Felipe III, después), hay una serie de dichos sentenciosos sobre el significado que los mortales le damos a la expresión «zorra», que no dejan lugar a duda, especialmente en su acepción femenina. Hay algunos curiosos: «La zorra va por el mijo y no come; más dale con el rabo y sacude el grano». El autor lo explica como que la persona mala, por donde quiera que pasa, deja su huella, e insiste en lo malsonante de la palabra cuando añade que «zorros en zorrera, el humo los echa fuera», para venir a decir que para librarse de las personas malvadas no hay más remedio que emplear medios eficaces. «Zorra», que no «zorro», que al instante veremos, es un calificativo que ha saltado a las conversaciones debido a una extraña sentencia emitida por la Audiencia Provincial de Murcia, en concreto por el juez Juan del Olmo (famoso por ser el instructor del Juicio de los atentados del 11-M en Madrid). En la fama sigue, al revocar una sentencia de un año a un marido peleón (que ha pasado a ocho días de localización permanente), quien le dio a su hijo el siguiente mensaje para su esposa: «dile a tu madre que va a tener que ir como las zorras, mirando por la calle para adelante y para atrás, porque en cualquier momento la voy a matar». En la letra pequeña de esta mala sentencia, llamar «zorra» a la esposa «no constituye menosprecio o insulto, si quien utiliza este término lo hace para describir a un animal que debe actuar con especial precaución». Hay palabras que causan daño. En la violencia de género -y los consiguientes malos tratos- el machismo de determinadas expresiones resulta intolerable y su mantenimiento inexcusable. A estas alturas de nuestras vidas, de un país civilizado de la Unión Europea como es España, resulta que nuestro Diccionario de la Real Academia de la Lengua describe la palabra ‘zorro’ como hombre muy taimado y astuto. Pero si vamos al femenino, ‘zorra’, ¡ya eres puta!

Que los maltratadores en nuestro país se crecen es una evidencia. Entiendo perfectamente a las organizaciones que hablan de que hechos como esta sentencia hace bajar escalones en la lucha por exterminar de una vez por todas la violencia sexista, que cada vez se cobra más víctimas. En los últimos años se han dedicado cantidades ingentes de recursos humanos, económicos, informativos y publicitarios para concienciar a los ciudadanos de que la violencia machista es un problema común de todos. Cuando alguna televisión da minutos al maltratador o entrevista a la maltratada que justifica la actitud del agresor, es que no lo estamos haciendo bien. Tampoco cuando se producen sentencias tan contradictorias, que provocan la lógica ira de organizaciones y sindicatos, y que incluso alerta dentro de la Magistratura para que los jueces unifiquen doctrina en las sentencias. No siendo lo de menos llamarle ‘zorra’ a la mujer del caso que nos ocupa, es que fue atemorizada de ir por la calle mirando para adelante y para atrás, bajo la amenaza verbal de su marido de que en cualquier momento la podía matar. Al hijo de ambos, telefónicamente, le dijo más sobre cómo veía a su madre: «en el cementerio en una caja de pino». El acusado rebajado en su pena tiene en su negro currículum de violencia doméstica una condena de 31 días de trabajos en beneficio de la comunidad y prohibición de acercarse a su esposa por un delito de malos tratos en el ámbito familiar. Es decir, que aún lloviendo sobre mojado, hay que masculinizar ese otro refrán de Alonso de Barros para concluir que «el zorro mudará los dientes, más no las mientes», lo que significa que este violento en cuestión la volverá a hacer. ¿Qué pasará entonces? Nos lamentaremos, que es el deporte nacional por excelencia que mejor practicamos.

Nunca entenderé cómo somos capaces de emitir por televisión ciertas declaraciones de vecinos del barrio del asesino que acaba de matar a una mujer, que le pone como «buena persona que nunca mató una mosca». Seguimos instalados en un tipo de sociedad que alcahueta determinadas conductas, por temor, por desidia, por convicciones o vaya usted a saber por qué. Pero no es cierto que el vecino fuera un hombre de bien y mejor esposo, ni se puede defender algo así cuando el cuerpo de la mujer asesinada está aún caliente. Si el malévolo le dice encima a su hijo que va a matar a su madre, y que la quiere ver ya en el ataúd camino del cementerio, ¿de qué valen tan clarificadoras intenciones para que la justicia pase de largo? Lo que ocurre en nuestro país con la violencia de género va más allá de unificar criterios en las sentencias judiciales. O se cree en el grave problema, o no. Hoy por hoy, muchos sectores y personas concretas no creen que sea su problema, pero lo es. La lucha contra la violencia de género no puede circunscribirse a las asociaciones de ayudas a las mujeres maltratadas, que, ciertamente, vienen haciendo un trabajo encomiable con el apoyo de las administraciones, muy concienciadas contra los violentos y en la ayuda a las mujeres agredidas. Aunque, para ir más lejos, es momento de proclamar que todos somos unas ‘zorras’, y que el femenino de ciertas palabras es un arma mortal en manos irresponsables.

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Jul 31 2011

DISFRAZARSE PARA EL VERANO

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Publicado el 31 de julio de 2011 en el Diario Montañés

Para acceder y visitar el Congreso de los Diputados con el debido decoro, los responsables de la Institución han aprobado unos criterios básicos de vestimenta que interpreto como antídoto necesario contra horteras, frikis y guiris. ¡Mecachis!, nada se recoge en el texto sobre llevar calcetines blancos con sandalias e incluso el mismo color en los pies, pero con traje y corbata. Acertadamente, para sentarse en el mismo escaño que los padres de la patria hay que hacerlo con buena apariencia. ¡Caballeros!: ¿dónde se va con pantalón corto y camisa con tirantes a lo Rocky, como la que saca en su película Sylvester Stallone? ¡Señoras!: cuidado con las faldas que no son precisamente apropiadas para sentarte y con las camisetas que están bien para un concurso de mojarlas pero no para acudir a determinados lugares que, precisamente por su tradición e historia, son del pueblo, y el pueblo somos todos y todas. Las ciudades y sus pobladores tienen hartazgo de ver por la calle lo que se ve.

 En Barcelona rige ya una prohibición de no andar por sus avenidas sin camiseta, por mucho calor que haga, que es lo que anteponen los maleducados que dicen que esto les priva de su libertad. El hecho del verano y el calor no es óbice para tener que ver cómo va mucha gente y con qué pintas entran a comer a un restaurante o se plantan en la barra de un bar para tomar el vermú.

El norte de España siempre ha tenido para esto más clase. De la playa se entra y se sale en condiciones, porque como el reglamento del Congreso de los Diputados, el resto no tenemos por qué trastornarnos tras ver determinadas escenas de vestimentas inapropiadas. ¡Es que en pantalones cortos y camiseta de tirantes va todo el mundo!, se esgrime. Eso es lo peor, pensar que se va bien a una terraza pública hecho una piltrafa. Cada parte del día tiene su momento para vestirse de una u otra manera. Me lo ha dicho muchas veces el experto Carlos Monje, al que acudo cuando tengo cualquier duda sobre el vestir y la ocasión. Él ha leído en varias ocasiones la ‘Guía Debrett de la etiqueta’ (una Biblia en la materia), pero tampoco aconseja atragantarse de mucha lectura sobre moda. Apuesta más bien por el saber estar y vestirse como cada momento requiere. Los españoles solemos pensar que preguntar es de tontos y por eso tiramos para adelante, aunque nos equivoquemos. Pasa mucho con la etiqueta personal. Ni que decir que aciertan los que, ante la duda, preguntan, se fijan, leen o se meten en Google, que lo cuenta todo sobre todo.

Cosa aparte son los actos sociales, donde abundan los de carácter familiar. Al que acude a una boda en camisa de manga corta, desabrochada hasta el ombligo y pantalones cortados sobrepasada la rótula de la pierna, no habría ni que cogerle el sobre con el aguinaldo para los novios. Fíjense: si los novios cuidan tanto lo que es el día más especial en sus vidas y van impecables, ¿qué no tendrán que hacer los invitados por respeto hacia sus anfitriones? Se empieza por esto y te creces: puedes terminar por ir en bermudas de baño a una entrevista de trabajo, porque la cita se produce a mediados de agosto. El mal gusto se propaga y el verano es punto álgido para disfrazarse. El texto aprobado por el Congreso habría que publicarlo como bando en todas las ciudades españolas: «La experiencia acumulada en los últimos tiempos en relación con la vestimenta adecuada para acceder a las dependencias del Congreso de los Diputados aconseja la aprobación de unos criterios, mínimos pero claros, que permitan compatibilizar la propia imagen que cada ciudadano quiera tener con el respeto a la dignidad y decoro de la Cámara, tal y como sucede en múltiples Instituciones públicas y privadas». ¡Lo que se habrá visto en el lugar para terminar por redactar esta circular! El civismo o, mejor, la falta de civismo es el gran cáncer de nuestra sociedad. En la base de los valores están el civismo y la urbanidad, que no se enseña en los colegios como es debido. Nadie ha dicho que hacer convivencia sea fácil, pero algunos(as) se empeñan en destrozar el gusto a base de mostrar más los músculos que las telas.



Jul 25 2011

EL PRIMER CAMPAMENTO DE VERANO

5569380Publicado el 25 de agosto de 2011 en El Diario Montañés

Me cuenta una familia con mono de niño que antes de mandar al hijo a su primer campamento, albergaban todos los temores del mundo, y, una vez allí, el retoño ni llama ni se acuerda de los ‘viejos’ porque se lo está pasando bomba. Niños con verbo fácil que son los de ahora; antes de iniciar el viaje les dijo a los padres de todo, porque no quería ir, ni moverse de casa: «Voy a la fuerza», «me estáis coartando mi libertad personal», «¿es que yo no tengo derecho a decidir?». Lo más fuerte: «Me acordaré de esta mala jugada el día de mañana, cuando os meta en el asilo». Tras depositarle en los lujosos bungalows ubicados en plena naturaleza, los humos se apagan. De regreso a casa, los padres en el coche casi no cruzan palabra. Están tristes y preocupados por todo lo que pueda suceder. Las dudas acechan: «¿Le habré metido todo en la maleta?», piensa la madre; «¿será capaz de meterme en una residencia?», carraspea pensándolo el padre.

 

Ya en casa, se les echa mucho de menos cuando están en el campamento, máxime cuando se trata de la primera experiencia. Hay horario para llamar al nene y para que él llame a sus padres. Cuando tomas la iniciativa tú, la línea siempre está ocupada. Si esperas a que te llame él, ¡ya lo puedes hacer sentado! Cabreado, decides meterle mano a su cuarto y ordenarlo un poco y tirar mucho más. No sucede nada, salvo que se lo está pasando bien. Ha conocido a nuevos amigos y a alguna que otra amiga. No para de hacer deporte en pleno campo y de imaginar en las noches toda suerte de aventuras que pueden llegar a suceder, incluso la visita del oso, que casi siempre es la fiera más sugerida a la luz de una buena hoguera. Lo de vender la piel del oso antes de cazarlo, además de una desafortunada frase cotidiana, pasa en todos los aspectos de la vida. El niño piensa por demás antes de ir al campamento y los padres no te digo nada. «¡Ay, mi pobre niño, cómo lo estará pasando!» Pero cuando el retoño se decide a llamar, ¡eureka!, resulta que está disfrutando a lo grande; que ha conocido a muchos nuevos amigos que le caen muy bien; y que incluso se ha clavado una astilla en un dedo y ni siquiera ha llorado, porque en la enfermería había también una niña y era cuestión de sacar pecho y valor delante de ella ante el dolor. La vida es una historia porque está llena de historias. Las familiares son las mejores y en el verano, mucho mejor. ¡Qué sería de los padres sin el campamento de verano!; ¡tampoco seriamos nosotros mismos si no creyéramos la leyenda del oso y que pueda presentarse de verdad! Cuando sacamos al bebé del hospital, con él nos llevamos también las preocupaciones por los hijos que ya vamos a tener de por vida. Estamos hechos así y, hoy, es el campamento; mañana, los estudios para ser alguien; pasado, que consiga un buen trabajo para mantenerse, y me guardo lo que decida de su vida personal y si se va a quedar en casa con los padres hasta los 30 ó los 40. A fin de cuentas, no cito nada que no esté pasando ya en España desde hace mucho tiempo, incluso antes de la crisis actual: que los hijos no se despegan de los padres ni con agua hirviendo. Viven como marajás en casa de los papis y no se plantean complicaciones que encima tachan de trasnochadas.

Nuestras culpas empiezan desde este primer campamento. Resulta que les mandas para que se abran, para que desarrollen personalidad, para que les enseñen a valerse por si mismos, y nosotros no dejamos de pensar y pensar. Nos escudamos en que la sociedad tiene sus peligros, y los padres somos como la pareja de leones que no pierde de vista a sus cachorros. En la infancia que yo recuerdo no había tanto proteccionismo; no lo teníamos todo a la boca y a lo mejor no había campamento al que ir porque no se podía. Y hemos crecido como una generación fuerte, sin que nadie nos regalara nada, ni tampoco nos lo pusiera fácil.



Jun 27 2011

EL CURRICULUM

Publicado en el Diario Montañés el 26 de junio de 2011

Lo mejor que tengo de mi currículum es haber leído el pregón de mi colegio cuando cumplió cien años, pero el dato no aparece y me temo que tampoco interesa. En los curriculums profesionales de muchas personas hay excesiva frialdad. Abundan también las medias verdades que se aprecian más en la autovaloración que hacemos de los idiomas extranjeros hablados y escritos. ¿Nivel de su inglés? Casi siempre, la respuesta es media-alta. Cuando en las notas de los niños de primaria ya nos vienen con eso de “progresa adecuadamente”, no puede extrañar nada de lo que se ponga en un currículum y la manera de escribirlo. El francés, o se habla bien o se habla mal, sin medias tintas. Luego, cuando por h o por b, te hacen una prueba hablada en la entrevista de trabajo, resulta que el medio alto es en realidad ni puñetera idea.

 No nos reflejamos muchas veces en nuestro currículo como somos realmente. Hemos trasladado a nuestra ficha personal de datos académicos y profesionales el mismo lenguaje falseado que se usa en nuestra sociedad en tantos otros casos. En la carta de un restaurante de alto nivel, para comer dos huevos fritos (si te los dan), el menú lo refleja así: “huevos de gallinas que habitan a pie de montaña criadas en la acaricia del clima”. ¡Oiga, que son dos huevos fritos, no se pase usted de listo! Además, así queda mejor clavarte 20 euros en la factura, sólo por el plato con dos huevos. De vuelta al currículum, se tiende a exagerar que queda mejor que decir mentir. Suavizando los hechos no se va ninguna parte y, al final, te delatas o te pillan. Lo de que el que no se consuela, es porque no quiere, aquí no vale.



Mar 8 2011

IGUALDAD TOTAL

Cumplir 100 años de algo bueno, necesario y justo, como es la igualdad de las mujeres, impulsa a un cambio permanente a más y mejor para modificar las cosas, en lo que falta para esta igualdad total que, parece que no, pero es mucho.  Las leyes marcan las reglas, pero las personas dirigimos el día a día,  desde la convivencia en casa, en la calle, en el trabajo, y hay que saber hacerlo en igualdad. Un ejemplo: me gusta la Ley de Igualdad que acaba de presentar el Gobierno de Cantabria para que prontamente sea una nueva norma que asegure más la igualdad total. Lo digo para ensalzarla, y para no desmerecerla en absoluto con lo que voy a añadir. La auténtica igualdad está en casa, en las relaciones familiares y personales, en una sociedad viva en cuya base este siempre esta igualdad. En España hemos avanzado mucho: la  administración va siendo un ejemplo, la política también, la universidad no digamos, pero en las empresas aún queda un gran trecho para alcanzar la igualdad total entre trabajadores y trabajadoras. Incluso es muy bueno celebrar este centenario del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Un aniversario así no es sólo una fecha. Nos debe recordar lo que queda por hacer. No está desterrada aún esa noticia que surge de cuando en cuando y que nos habla de mujer despedida por su embarazo, o de trabajadora marginada al reintegrarse a su puesto, después de haber consumido el pertinente permiso de maternidad. Es cierto que existe el amparo de las leyes, pero energúmenos machistas hay en todas partes, tantos como los educados en la creencia absoluta de que hombres y mujeres somos iguales en todo. No conozco mejor fórmula para lograr la igualdad que la educación en casa, y fiarte incluso más de ésta que de la escolar, que puede fallar por creencias propias de educadores o centros. A los hijos de diferente sexo hay que enseñarles que son iguales, para educarse, para comprometerse, para dar, para recibir, por supuesto en los derechos, y también en los deberes para con la sociedad y, especialmente, para con su país. Las más grandes naciones lo son por todo esto. Desde luego, para mi es un orgullo que mi país me recuerde permanentemente que la igualdad entre hombres y mujeres debe ser real, sin debates absurdos o personajes casposos que desde su notoriedad quieran poner en duda esta realidad.



Jul 19 2010

ATENDER BIEN AL PÚBLICO

Publicado el 19 de julio de 2010 en el Diario Montañés

Transmitir simpatía debería ser una exigencia a vigilar para trabajar de cara al público. Estoy harto de ver caras largas detrás de mostradores, y lo mismo podría  llamar su atención respecto a algunos que atienden mesas. No me atrevo a decir que se ha perdido la educación en estos supuestos de la introducción, pero sí que  hay personas con suerte porque tienen un trabajo, y para colmo nunca van a comportarse dentro del mismo como recomienda la cortesía. En su gran mayoría, el público  acostumbramos a tragar con malas contestaciones y comportamientos, pero no es menos cierto que van en aumento quejas y denuncias presentadas en todo tipo de establecimientos, y pongo por caso cuando te dejan durante días tirado en un aeropuerto, sin ofrecerte siquiera un triste bocadillo.  Hay tiendas en las que parece que te hacen un favor porque les compras. La crisis saca punta a todo,  desde los precios a la baja, a la mejora atención a los clientes que escasean, porque de repente nos hemos puesto a ahorrar y gastar lo justo. Un profesional con unos estudios superiores concretos que termina trabajando en algo que no le gusta, es muy difícil exigirle esa sonrisa. Pero hete aquí que este no es el problema del cliente de una gran superficie, de una pequeña tienda, de un supermercado, o de un bar o restaurante. Enumero estos supuestos porque es donde más padecemos los clientes esos rostros idos de algunos dependientes que, llevando sólo una hora de trabajo, ya están deseando que acabe la jornada laboral.

Con estas maneras, es imposible llegarle a nadie y no es de extrañar ese anuncio televisivo de quien hace cola, le atienden ya, y ante el careto de la cajera le aconseja tomar una determinada marca de barrita de cereales,  que le haga más feliz. Hay muchos casos buenos que se abren camino entre la creciente descortesía. Correos, por ejemplo. En la sucursal donde echo mis cartas, a cualquier hijo de vecino le dan una y mil explicaciones encantadoras para que el contenido del sobre o paquete llegue correctamente a su destino. ¡Ojo!, que en las colas hay también mucho intolerante, y en los centros comerciales y otros negocios hay devoluciones de compras que son para como para salir en las páginas de sucesos. Me vienen a la memoria otros escenarios a mejorar. De vuelta a los aeropuertos y aviones, ya no son lo que eran. Los “avionucos” de ahora son tan estrechos por dentro que los auxiliares de vuelo tienen que escasear por narices. A veces, te narran lo del chaleco salvavidas en tantos idiomas, que se olvidan de la lengua nacional. En las grandes terminales, los eternos pasillos y las máquinas, han sustituido a la bienvenida calurosa de un personal que se ha hecho, a la fuerza, también más mecánico.

 ¡Y qué quieren que les diga del teléfono..! Hoy, sencillamente, te avasallan en el fijo de casa o en el móvil. Te llaman sin conocerte de nada, apenas te preguntan, y ya te están vendiendo un seguro de vida, otro del hogar o el de última generación, que es uno por si te quedas en paro. Reconozco que me ha dado siempre corte no atender bien a estos salteadores de mi línea privada, a los que no veo el rostro y nunca antes les había dado confianza alguna, ni mucho menos mi número de teléfono, para usarlo así de mal. Si paso del móvil al correo electrónico, me podría perder en insultos. Cada día, me llegan mensajes de extraña procedencia para convencerme de que viaje, compre viagras, coches, participe en concursos, haga más relaciones personales, o adquiera la última máquina para hacer ejercicio, fácil de utilizar y después plegar.  Día tras otro, más de lo mismo: seleccionar mensaje que no quiero y borrar. Cada vez que me preguntan en un cuestionario por mis datos personales, no lo pienso un instante, nada de nada. En este país nuestro siempre se ha mostrado poco respeto hacia la intimidad de las personas. Hablar, se habla mucho de ello, e incluso hay eso que se llama protección de datos, pero no se cumple. Este asaltarte por teléfono o por Internet, tiene menos reglas aún de educación. No quiero dejar de citar los momentos elegidos para molestarte. Lo mismo les da que sea hora de comer, que los veinte minutos de sofá que tienes, antes de regresar por la tarde al tajo Podría entender que me llamara un banco con el que tengo cuenta, pero que me mensajeen todos los que están en el mercado, y a cuyas sucursales nunca he entrado, ¡es un misterio para mí!

Todo esto de atender adecuadamente al público y, por supuesto, mejor, tiene que ver, claro está, con la formación de los que primero van a una escuela y luego terminan en un centro de trabajo, incluso pasando antes por la universidad. Alguien antipático, no debería tener ningún tipo de contacto con quien tiene un impreso de cualquier tipo por resolver. Todo el que lo quiera, debe de tener un trabajo, pero los hay que pueden hacer mejor labor en el banquillo, símil que utilizo para esos otros puestos de supervisar papeles, rellenar expedientes, y compartir mesa con otros parecidos a ti. De la mala opinión que existe hacia determinadas profesiones, tienen más culpa los que se comportan frente a los demás de manera soez y rancia. No cuesta nada atender siempre bien a quien te llega con una solicitud concreta para que le digas cómo hacerlo bien. No me extraña que algunos ciudadanos acudan a determinados organismos con el temor de cómo le van a contestar. Con el público, lo primero saludar; lo segundo, atender educadamente con una sonrisa; y para acabar, ayudar a la persona y explicarle educadamente cuantas veces sea necesario como resolver el asunto que lleva entre manos. Como parte del guión, toda persona debería abandonar un organismo o un negocio con la satisfacción de haber recibido la mejor atención posible.



Jun 7 2010

EL NUEVO MACHISMO

Publicado el 7 de Junio de 2010 en el Diario Montañés

Cada vez que un homónimo del mismo sexo masculino me comenta que las mujeres arrasan hoy en día en todo, y tienen una preparación mucho mejor que los hombres en cualquier materia, ¡date, me huele a chamusquina! Verán por qué. Con la gran preparación femenina, ha nacido una nueva especie urbana que deja todos los asuntos en manos de su mujer, su novia, su compañera o su amiga, porque nadie como ellas para saber desenvolverse en esta vida. Como se dice vulgarmente, no es otra cosa que echarle una jeta descomunal al tiempo que practicamos el peloteo más niño con ellas para que no se sientan asfixiadas con el montón de tareas con que las agasajamos. Que hay que hacer la declaración de la renta, que sea ella la que la cumplimente porque uno jamás ha entendido tanta pregunta con casillas incorporada que hace el fisco. Un trámite con el Ayuntamiento,  mejor que el joven varón se quede al margen no vaya a ser que le pidan algún papel que ha de presentar y con el que no contaba. Los idiomas… ¡Vamos con los idiomas! Para entenderse por el mundo en las vacaciones o si algún guiri nos para alguna vez por la calle con un mapa callejero, lo mejor es que nuestros hijos y, de paso, la madre, aprendan idiomas para estar al día. Cantan los datos de siempre que en España se nos dan muy mal los idiomas, y parece ser que esta maldición recae más en el hombre que en la mujer. No, en serio, lo que algunos españoles practicamos bien es el teatro aficionado que a la postre resulta el más adecuado para librarse de muchas tareas de las que se llevan a cabo fuera de casa. Así, se acumulan para la mujer las cuestiones de médicos, de dentistas, de viajes, de la contribución urbana y de pegarse con la Telefónica si no estamos de acuerdo con el último recibo que ha llegado del móvil. El teléfono es de él, pero de sacarle las castañas del fuego, se encarga ella.

 Una amiga me pone sobre mejor pista al contarme la siguiente historia. Marchan de viaje a otro país donde ni siquiera saber inglés es suficiente garantía para tomarse un té en un café típico del lugar. Algunos países son machistas en esencia aunque sus mujeres están dispuestas a defender, ante quien sea,  que no es así. Pues bien, hete aquí que tres mujeres, con tres hombres, tienen que entenderse con los lugareños. Las primeras les hablan en inglés, pero los nativos, en su idioma, hablan mirando sólo a los españoles que no saben reaccionar. Las nuestras continúan erre que erre sin cortarse un pelo, y hacen bien. La moraleja de esta historia es que son muy pero que muy  machistas los de fuera, aunque los de aquí ejercen un nuevo machismo que consiste en dejar que las mujeres se hagan cargo de todo, de lo bueno, y especialmente, de lo complicado. Desde luego, las nuevas españolas o, para que suene mejor, las nuevas generaciones de españolas, ciertamente, saben desenvolverse en cualquier situación o escenario. No lo digo por quedar guay, a fin de cuentas la crisis es un marrón para muchas cosas, pero no tiene por qué evitar que sigamos con la educación, con la igualdad o con la erradicación de todo tipo de diferencias entre sexos. En España, cuando se está en la solución de alguna de estas viejas diferencias, se inventa otra, se saca de la chistera otra. En este caso está este nuevo machismo, más urbano que rural, pero todo se andará. Algunos hombres aprovechamos la preparación de nuestras compañeras, sencillamente, para hacer menos. Eso sí, el varón es el rey del elogio. “Tengo una mujer que vale mucho”, o “de estos temas, se encarga mi mujer”, o “no quiero meter la pata, se lo voy a encargar a ella”. Me gustan las sociedades avanzadas donde la democracia hace notar menos las diferencias en todo, pero es lógico no dejar de reclamar que la igualdad tiene que ser visible y improbable. Cuando un país logra la igualdad total, siempre va a haber otro en el que queda mucho trabajo por hacer. Darle tanto chance verbal a la mujer en casos puntuales, termina por ver el plumero al alagador, no todos, que lo que no quiere es complicarse la vida con asuntos que saben resolver, de sobra. Por supuesto que los hombres sabemos rellenar las casillas de la renta, y por supuesto que delante de una ventanilla administrativa nos sabemos desenvolver igual que las mujeres. El caso es querer hacerlo, ¡no tiene más misterio!. El nuevo machismo creciente por la disculpa de no saber hacerlo, es una mentira que unos cuentan mejor que otros y son una práctica que unas mujeres aceptan mejor que otras. A la discriminación en sueldos por ser mujer, al lenguaje sexista y a las tareas de la casa, se acaba de sumar esta estupidez tan machista de que la mejor preparación en estudios o laboral de la femina la hace acreedora de ser la portavoz oficial de la familia o la pareja ante cualquier cuestión que el hombre entienda que requiere de una agilidad mental o rápida respuesta. En inventiva, la historia dice que el hombre siempre ha sido “superior”. Baste como botón de prueba este nuevo machismo surgido de la idea de que, como la mujer está mejor preparada, es mejor que se encargue de hacer todo.

 



Abr 12 2010

¡BENDITA JUVENTUD!

Publicado el 12 de abril de 2010 en el Diario Montañés

En Mayo del 68 circulaba una frase común por todo París que en el idioma de origen era algo así como Il est interdit d´interdire, traducido: prohibido prohibir. Abordando cualquier cuestión relacionada con la juventud actual española, creo que somos muy dados a generalizar y, por lo tanto, a crear una opinión muy de calle acerca de que los jóvenes, todos, son un caso, están perdidos, y sin rumbo fijo. Vayamos por partes. Es cierto que el sistema educativo hace aguas por determinadas grietas (responsabilidad, exigencia, esfuerzo, méritos y conducta, principalmente), y prueba de ello es el gran pacto nacional en educación que se busca ahora como agua de mayo, ¡mira, precisamente mayo! Tiempo habrá de calibrar los cambios que se produzcan, aunque mucho me temo que si no involucran a los padres (saco a colación aquí a los tutores con toda intención), no llegará al buen puerto que los colectivos educativos, empresariales y sociales anhelamos. Creo que quien piensa que en la base de la crisis actual está la educación, y que la educación es también la piedra de toque principal para el día de mañana, tiene razón. Ahora bien, cuando se habla de problemas actuales de nuestra juventud y su responsabilidad futura con el empleo, la familia y los valores sociales (solidaridad, igualdad, eliminar la violencia de género, no a la guerra…), queremos cargar las tintas sobre su falta de sensibilidad y educación, en general, el botellón, las drogas y el sexo,  desprendiéndonos los padres de lo que es nuestra responsabilidad directa sobre la educación directa de nuestros hijos, y, en especial, en todas estas cuestiones que enumero, y seguro que me habré dejado alguna en el tintero.

Seguro que por mi deformación de periodista, cada vez que tengo la ocasión en esta misma página de abordar un tema de actualidad en profundidad, siempre trato de buscar las fuentes directas. Una joven de 22 años me abre los ojos a la hora de hablar de nuestra bendita juventud, para lo bueno y para lo malo. Me explica que es muy fácil hablar y escribir sobre lo difícil que está ahora educar a la juventud, que si pasan de todo, que si no tienen interés por nada. Me da un palo mental de aupa al preguntarme: “¿tenéis y ponéis ese interés los padres?” Durante un momento largo me callo por si acaso. Sigue ella: “No me canso de ver cómo niños y adolescentes tienen todas las tardes llenas de actividades extraescolares: hacer deporte, aprender a tocar un instrumento musical o un idioma extranjero, etcétera. Todo eso requiere de un esfuerzo y una responsabilidad que es muy importante adquirir en edades tempranas. Pero, esa responsabilidad también la tienen que tener los padres, es decir, todas estas actividades no son una guardería o un lugar donde nos cuidan al hijo”. Me la envaino por si acaso y sigo un poco más callado, con cara como de meditación. “La falta de esfuerzo y la irresponsabilidad que tiene la juventud actual la ha visto en casa, en unos padres que cambian el partido de su hijo por salir de vermut o que no van a clase de violonchelo con su hija porque tienen a su vez clase de pilates”, me remata. Al final, no se puede generalizar ni con la juventud, ni con los padres de esta, pero hay una cosa común a ambos como es su complicidad en todo lo que hagan.

Este ejemplo lo aporto yo. Los padres somos muy dados a hablar de la deficiente educación que reciben nuestros hijos tanto en colegios públicos como privados. Otra cosas muy distinta es implicarse directamente en las asociaciones de padres, en los consejos escolares, y lo mismo les está sucediendo a los alumnos que pueden ocupar por ley un puesto en estos órganos internos de cada colegio. ¿Lo ven también en casa? Cada uno que se aplique la respuesta que corresponda. En todo caso, cabe añadir también que nunca ha sido garantía de buena educación dentro y fuera de casa que un chico o una joven no llegue a adquirir malos hábitos. A los padres nos preocupa y mucho las drogas, el alcohol, el sexo practicado sin garantías ni conocimientos, la violencia juvenil o el respeto a los demás como guía principal de una convivencia en sociedad. Quizás sea cierto que exigimos que sean los mejores en todo, en idiomas, en nuevas tecnologías o tocando la guitarra, pero nos olvidemos muchas veces de lo principal: hablar con ellos, escucharles, saber lo que piensan de una cosa y de otra, y no restarle importancia o valor a sus ideas. Como se formen, van a ser en gran medida el día de mañana. Les necesitamos nosotros como padres, y la comunidad autónoma y de hecho el país en el que han nacido. España tiene hoy un triple problema. El primero, una generación de padres apoyada en trabajar, trabajar y trabajar para ganar, ganar y ganar, no sólo en dinero, sino en cualquier cosa. Segundo, nuestros hijos no se esfuerzan nada para alcanzar metas, porque la tendencia es que se lo demos todo a la boca. Los mejores colegios, los mejores estudios, lo mejor de lo mejor para ellos, pero sin que me den problemas. Y tercero: con todo, anhelamos un futuro inmediato con una mejor educación, conclusión a la que nos ha llevado la crisis y las necesidades de España a corto y largo plazo. Estoy seguro de que es una meta alcanzable. Se educará mejor en consonancia con una democracia libre, solidaria y respetuosa con todos. Así y todo, un pequeño gran detalle no cambiará nunca: la juventud tiene que ver en el ejemplo de sus padres y educadores la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, porque cuando se quiere adoctrinar con el embudo ancho para unos (adultos) y estrecho para otros (adolescentes), al final, como en el mayo francés, muchas veces nuestros jóvenes con toda razón pueden pensar que se les prohíbe por prohibir.



Mar 10 2010

MACHISMO DE GASOLINERA

Publicado el 10 de marzo de 2010 en el Diario Montañés

Vale que la mujer tiene una vieja costumbre de no apearse del coche a la hora de repostar gasolina. Entrega la llave que abre el tapón del combustible, que le es devuelta una vez rellenado el depósito. Vean por dónde voy ya que alguien dirá (no sin razón) que la igualdad hay que hacerla valer en todos los casos, aunque cuando se trata de urbanidad resulta que las buenas maneras se ven pisoteadas muchas veces por una especie que abunda mucho en nuestras ciudades que yo defino como “bestias”. Cuento un hecho real que presencio. En el turno de la gasolinera hay en ese momento una  trabajadora. Llega un coche con cuatro jóvenes a bordo. Junto al asiento del conductor va una chica. En el asiento de atrás, dos “merluzos”. Con malos modos hacia la joven empleada, una mano sale de la ventanilla para darle la llave del depósito. “Échame diez euros…”, solicita gritando “don soez”. El trato es claramente vejatorio, machista y asqueroso; y no concluye hasta que la gasolinera le vuelve a cerrar el tapón y le cobra el rancio billete rojizo. Voy detrás para repostar también, y le comento a esta paciente mujer que no haga caso a tanto bellotero. Me responde con toda razón que ya está hecha a este tipo de cosas, pero que le sorprende que cada vez se comportan así a más temprana edad. Es cierto, los cuatro especímenes son unos críos que rebuznan en vez de hablar y que no miran a la cara del empleado de lo que sea que les ofrece un servicio, aunque tengan que pagar por él. Si encima es mujer trabajadora, algunos tienen tendencia a sacar lo peor de sus adentros. ¡Qué pensar de la otra mujer que iba dentro del coche! No me dio tiempo a decirle que cambie de compañías, ahora que todavía está a tiempo. Eso de que el cliente siempre tiene razón, está por ver cuando te topas con machistas de dieciocho años para abajo. Como el colegio no les ha enseñado nada acerca de que mujeres y hombres somos iguales en derechos, sólo cabe desear que comprueben en su trabajo futuro lo que es tener una mujer al frente de su empresa. Percibirán entonces mucho mejor como la llave de su futuro está en manos adecuadas, por méritos propios.