Nov 13 2011

TRISTES Y DESANIMADOS

Publicado en el Diario Montañés el 13 de noviembre de 2011.

Sarkozy primero dijo que España ya no estaba en la lista de países en peligro de rescate económico, y luego nos metió un gancho por el costado dentro de un discurso en el que nos señaló como aquella nación del milagro y la bonanza, pero a la que ahora nadie se querría parecer por cómo nos va y pinta el panorama. Una de cal y otra de arena que diríamos a este lado de los Pirineos, así que ¡virgencita, virgencita, que nos quedemos como estamos! ¿Y cómo estamos en general los españoles? Pues estamos tristes y desanimados, amarrando el dinero que no veas, y teniendo pensamientos que van más de película de miedo que de aventuras. El paro es un palo terrible. Tenemos a casi cinco millones de compatriotas metidos de lleno en él. Bueno, de lleno, de lleno, los que tienen a toda la familia en el desempleo, sin percibir ya prestación alguna. Esto ya no es una cuestión de cifras ni de porcentajes, porque los que están en este laberinto pasan de agrandar la noticia, si a fin de cuentas no se percibe en el horizonte un mejor panorama que el actual. Decir que hay muchos casos que viven mejor en el paro que en un puesto de trabajo me parece una vulgaridad muy poco pensada. En España se tiende a generalizar en todo. Conoces a un vecino o un pariente que te da la sensación de vago persistente, y ya tiene que haber millones como él. No, no tiene porque ser así. El paro está creando muy mal rollo. El que trabaja y tiene cierta edad se hace preguntas que muchas veces no comparte con nadie. A los jóvenes que se les emplea como hoy en día, tienen que acordarse de la madre de alguien cuando oyen que si no tienen ganas de independizarse, de emprender un negocio, o de meterse en un piso como antes hicieron sus padres.

Se ha hablado mucho a la ligera a la hora de decir que aquí lo que ha llegado es un cambio de sistema productivo al que hay que amoldarse o morir laboralmente en vida. Vaya forma de explicar que el futuro está tan complicado que no hay quien se atreva a dar una solución coherente, no la vaya a pifiar con la previsión que más tarde no se hace realidad. Los españoles estamos muy desanimados y se nota en la calle y en las cosas cotidianas que hacemos. No es solamente que no gastemos ni en pipas. Es que hemos dado un vuelco a nuestras vidas y a nuestros comportamientos rutinarios porque tenemos la esperanza tocada y el desanimo se hace fuerte entre el personal. Sigo creyendo como ayer en aquella frase emblemática de Jhon F. Kennedy de que «no preguntes lo que tu país pueda hacer por ti sino lo que tú puedes hacer por tu país». Me agradó escuchar recientemente a un empresario que creía en sus trabajadores ante todo, y se sentía orgulloso de ellos por lo identificados que estaban con la empresa y con salir adelante pese al terremoto económico que vivimos. Hay mucho desanimo también en la pequeña y mediana empresa. O les deben dinero o la carga de trabajo de antaño se ha convertido hoy en esperar a que suene el teléfono y te hagan tan sólo un encargo. Lo del optimismo vital viene bien hablarlo cuando corresponde, pero no es el momento ni el caso. Hay que decir la verdad, aunque duela: los españoles estamos tristes y desanimados. Y si tienes un trabajo estable has de estar más comprometido con la sinceridad porque no vale que tú y los tuyos salgáis adelante mientras crecen los casos de apartheid laboral y social para tantas personas. ¿Qué es si no una larga cola del paro ante las oficinas públicas de buscarte un empleo con el que sobrevivir?

Cuando un joven a punto de tomar una decisión sobre lo que estudiar me pregunta, pienso que estoy más guapo callado que hablar de lo que no vislumbro. Tengo un buen amigo de la infancia que piensa que San Pancracio, el santo de los afligidos en la pobreza y en la falta de trabajo, está ahora más presente que nunca en muchas mentes (encuentratrabajoconmigo.com). No me aparto ni me apartaré de los mensajes que auguren suerte porque entonces vamos apañados. Pero insisto en la idea primeramente expresada: mientras haya tantos españoles sufriendo las peores penurias de esta mierdosa crisis, nadie podemos sentirnos satisfechos salvo los especuladores repugnantes y sus mercados, los insensibles que los hay a miles, y los avariciosos en busca de hacer fortuna a costa de la desgracia ajena. Bien es cierto que España ha llegado a este momento en el tiempo sin ser rescatada económicamente, comparándonos con Grecia, Portugal o Irlanda. Aunque no es menos verdad que hay casi cinco millones de españoles que necesitan un rescate urgente. No soy quien para dar consejos que para mí no tengo, pero este problema tan nuestro del paro lo tenemos que solucionar con celeridad ya que es el primer roto nacional, el auténtico y más acuciante problema que sufrimos. Que te quedes en paro y penda de un hilo todo lo demás – que coman tus hijos, la hipoteca y las facturas de la luz y el agua- no es como para estar a otros debates. imagesEspero que el Presidente de Francia pueda hablar en sus memorias sobre una España triunfadora que salió airosa de esta gran crisis mundial, porque por encima del euro y los rescates, los españoles demostramos que tenemos coraje suficiente para meter las manos en el fuego y sacar las castañas que nos den de comer.



Oct 16 2011

DINERO PÚBLICO PARA RETIROS DE ORO

Publicado en el Diario Montañés el 16 de octubre de 2011

En octubre de 2008 la crisis había tirado ya con una fuerte patada la puerta de nuestra tranquilidad cotidiana (¡de casa al trabajo y del trabajo a casa!), y todas las alarmas se habían disparado al tiempo con el derrumbe de grandes firmas financieras santo y seña del capitalismo. Era un primer momento de pánico donde los Gobiernos no tenían otra que avalar con dinero público, patrimonio de todos los ciudadanos, el reflote de estas grandes compañías que habían perdido millones de dólares o de euros y puesto en compromiso serio el trabajo de cientos de miles de sus empleados que se podían ver en la calle y sin futuro. Entre estos casos se encontró la aseguradora norteamericana AIG (American International Group), que el 16 de septiembre de 2008 fue rescatada por el Gobierno de Washington con un plan valorado en 85.000 millones de dólares, dinero de los contribuyentes. Como si de una celebración por el rescate millonario se tratase, directivos de esta aseguradora protagonizaron en paralelo el escándalo de gastarse 440.000 dólares en unas vacaciones en un lujoso hotel de California, donde no se privaron de nada. Según los datos difundidos en su momento por el Comité de Supervisión y de Reformas del Gobierno de la Cámara de Representantes Norteamericana (palabras mayores), los ejecutivos, mientras su empresa estaba quebrada y en proceso de rescate, se fundieron en una semana 200.000 dólares en habitaciones, más de 150.000 en comidas, y 23.000 en tratamientos de balneario del hotel de Monarch Beach, donde la habitación costaba mil dólares la noche. El escándalo saltó a todo el mundo y la indignación se mezcló, de entrada, con lo que podían pensar millones de personas que empezaban a quedarse -en todo el planeta- en el paro o que lo habían perdido todo con las hipotecas basura.

No sé a qué obedece realmente, pero cuando un País-Estado da un gigantesco paso sin preguntarle antes al contribuyente si diría sí o no a ello, los llamados canales oficiales siempre se apoyan en una gran declaración de intenciones. En lo de AIG fue que la economía se tenía que rearmar ética y moralmente. Que ya no era posible volver a hacer negocios con tanta voracidad y con comportamientos de los altos ejecutivos que rayaban en lo delictivo, tanto por lo que cobraban como por lo que percibían en beneficios y por indemnizaciones millonarias que podían llegar a percibir en caso de despido, incluso si por sus malas gestiones habían contribuido a la quiebra de su empresa. Fueron sólo palabras, evidentemente. Lo que sigue siendo un clamor general a la hora de exigir el cambio de maneras, se ha quedado en malas prácticas económicas y peores comportamientos empresariales que de vez en cuando saltan aquí y allá, a través de los medios de comunicación. De hecho, creo, si los medios no denunciaran estas graves irregularidades, pasarían desapercibidas para el gran público, con la que está cayendo, y cómo lo están pasando millones de familias, en muchos casos con todos sus miembros parados. Dependiendo de lo que se trate, desde el siglo XX arrastramos ante estas conductas un rechazo inmediato, para inmediatamente pasar a pensar que “no va a pasar nada”, una vez que la polémica y las noticias escampen.

En España no somos diferentes. Recientemente, dos hechos relacionado con el uso del dinero público en beneficio de malas decisiones y personas concretas, han provocado declaraciones oficiales que querían trasladar a la opinión pública lo «intolerable» y la «indignación» que producían las altas indemnizaciones de las que les voy a refrescar. Dos cajas de ahorros intervenidas por el Banco de España y nacionalizadas por tanto, son motivo de escándalo al recibir sus antiguos gestores indemnizaciones millonarias. Caixanovagalicia destina 20 millones de euros a pagar la salida de cuatro de sus directivos, que digo yo que no lo debieron de hacer tan bien para acabar hundiendo la entidad. Y luego está el caso de la exdirectora de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), que tendrá una renta vitalicia de cerca de 370.000 euros anuales, dato tras el cual poco habría que añadir. Llamarlo intolerable, denominarlo indecente, incluso aludir a la Fiscalía por si hubiera responsabilidades penales en los que van a ser millonarios de por vida tras lo que han hecho, me parece todo como muy flojo y de cara a la galería. Sencillamente, estos dos hechos son indecentes. imagesCAOVG3JMLa confianza de un país empieza porque los que vivimos en él la tengamos realmente. De no ser así, ¿qué podemos pedir y ofrecer a los demás? Con decir que estas cosas pasan en el capitalismo feroz y porque el sistema y el tinglado están montados así, no basta. Los ciudadanos estamos realmente indignados con lo que está pasando, y no hace falta que ningún movimiento con el mismo nombre acampe en la calle durante meses para sentirse así. Rearmar nuestra economía exige, lo primero, ética: «conjunto de principios y reglas morales que regulan el comportamiento y las relaciones humanas». Al mundo le faltan valores y le sobran pelotazos y conductas que propician el despilfarro de dinero público transferido a cuentas corrientes de personas que no se han ganado para nada semejantes retiros de oro.



Oct 9 2011

CON LA EXTRA NO SE JUEGA

Click here to find out more!Publicado en el Diario Montañés el 9 de octubre de 2011
Dentro de las teorías posibles del aprendizaje y el conocimiento hay una que se denomina estructuralista. La saco a colación, entre otras más raras, porque me explica que las cosas tienen que suceder como una cadena de procesos interrelacionados dirigidos a las formaciones de estructuras de actuación, creo yo que lógicas y explicables. Cuando el desconcierto impera, y las cuentas no salen, no sé yo si será bueno echar mano de las matemáticas, que tanto están fallando -sobre todo por el lado de las restas- a sociedades enteras instaladas en la crisis y sin visos de solución. Cómo explicar si no la actuación económica en la Europa actual, que en sus origines se llamó tan acertadamente la CEE, Comunidad Económica Europea. Han cambiado mucho las cosas desde entonces. La UE pide (no, mejor, exige) a sus Gobiernos asociados que contengan su déficit; no gasten; no inviertan; reduzcan y recorten; y, encima, creen empleo y riqueza a través de las empresas y sus trabajadores, mientras ponen a dieta estricta a todas sus administraciones públicas. Inteligentemente para una ocasión como ésta, Oscar Wilde pensó una vez que «el hombre puede creer en lo imposible, pero no creará nunca en lo improbable». Europa está más pérdida que un pulpo en un garaje. Se tiene en jaque a si misma porque se debate entre llegar a ser un verdadero Gobierno político, social y económico para todos, mientras al tiempo imparte doctrina férrea de que, para salir del atolladero en que nos encontramos, la solución es ahorrar y no gastar en los próximos años. En general, los ciudadanos, y los españoles somos un ejemplo destacado, hemos creído a pies juntillas lo de blindar la cartera, y somos capaces de no salir de casa por no caer en la tentación de hacer una parada en el paseo para tomar un simple café.
Y es que los hechos y las decisiones que se toman se imponen sobre lo que nos gustaría realmente hacer. El 2 de julio de este año fue un sábado negro para nuestros hermanos portugueses. Su Gobierno, por sorpresa, anunciaba que los trabajadores lusos que ganan más de 1.000 euros mensuales perderán este año una cuarta parte de la paga de Navidad. ¡Menudo hachazo en la línea de flotación de los consumidores, en la época del árbol, las bolas, el pavo, los turrones y los regalos! Si acabas así un año, ¿cómo empezará y discurrirá el siguiente? Europa y sus socios más tocados por la crisis han convertido simple y llanamente la recuperación en pedir el esfuerzo más gordo a los trabajadores. Ahora tenemos un nuevo ejemplo que surge en Cataluña, que le pide a sus médicos y personal sanitario que renuncien a la mita de su paga extra navideña. ¿No es bastante con el esfuerzo que se ha llevado a cabo ya? La respuesta tendría que ser sí. Para las matemáticas lógicas, intentaré demostrarlo con medidas muy drásticas ya adoptadas. España, Portugal, Irlanda, Reino Unido, Francia, Italia ahora, y no digamos Grecia, han hecho los recortes presupuestarios más duros de esta grave crisis, no iguales para todos sus ciudadanos, donde no todos aportan, y donde unos se sacrifican y otros muchos no (grandes fortunas).
Hablemos de esos recortes. En mayo de 2010 se bajo un 5% de media el sueldo de los empleados públicos españoles, con un ahorro de 4.400 millones de euros, dentro de un paquete más amplio de hasta 15.000 millones en gastos, que supusieron congelar las pensiones y acabar con los 2.500 euros del cheque bebé, que recibían por igual ricos y pobres (¡muy mal, por cierto!). Al lado, en Portugal, han llegado a la extra de Navidad, pero antes rebajaron el salario de los funcionarios entre el 3,5 y el 10% para ahorrar 3.240 millones de euros, recortando de todos los lados: educación, sanidad, pensiones y hasta desempleo. En Irlanda la rebaja a los empleados públicos fue del 15 por ciento y un 5% a los pensionistas (¡lamentable, por cierto!). Lo del Reino Unido es salvaje: eliminación de 500.000 puestos en las Administraciones y rebajar 19.000 millones de libras en políticas sociales. En un país de honda tradición militar, no se salva ni el Ejército, que licencia a 42.000 de sus efectivos.
¿Y Grecia, la madre de todos los recortes por aire, mar y tierra? Con lo que sigue haciendo Grecia daría para escribir un libro de diez mil páginas. La cuna de la democracia empezó suprimiendo pagas extraordinarias para funcionarios, también la perdieron los pensionistas, y en eso siguen. ¿Sólo se puede hacer esto para ahorrar?, es más, ¿es el momento de ahorrar tanto y tan duro en Europa cuando Estados Unidos acaba de decir se acabó a esta política? En el viejo continente hemos tocado techo, y ya no cabe meter más la mano en los bolsillos de los de siempre. Mientras aquí gastamos mucho en doblar más películas al catalán o no se han suprimido las llamadas embajadas autonómicas en el exterior, no es razonable pedirle a un trabajador que entregue sin protestar la mitad de su paga extra de Navidad. Si en esto se ha truncado el viejo milagro económico europeo, habrá que apelar al refrán que dice «más vale buena queja que mala paga».


imagesCAV0A5K7



Oct 2 2011

imagesCAY7YJUB

SIN HÉROES NO HAY FUTURO

Publicado en el Diario Montañés. 2 de octubre de 2011

Antes era la ONU, la UNESCO o UNICEF, pero ahora los organismos internacionales que más nos suenan a la fuerza son el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La gravísima crisis económica que cada día cierra más empresas y asfixia a más familias acorrala también nuestros pensamientos con las siglas de estos centros de poder financiero que lanzan un día sí y otro también mensajes tan preocupantes sobre la economía mundial, sin ofrecer a cambio soluciones y respuestas, como está en el origen de por qué y para qué fueron creados organismos semejantes: el FMI, en 1945, y el BM, en 1944. En la web de este último, bajo sus iniciales, reza la siguiente máxima: «trabajamos por un mundo sin pobreza». Y en los datos fundamentales sobre sus fines, la web del Fondo Monetario Internacional refleja lo siguiente: «el FMI busca fomentar la cooperación monetaria internacional, afianzar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional, promover un empleo elevado y un crecimiento económico sostenible y reducir la pobreza en el mundo entero». Perdonen que ponga en cuestión las intenciones de ambos, cuando sus pasos y decisiones se tornan en inestabilidad financiera, el comercio está estancado y el empleo decrece a pasos agigantados. Sabemos de sobra cómo está la situación, pero cuando se acompaña de mensajes de pesimismo, de recesión e, incluso, se llega a decir que estamos al borde de precipicios y abismos, es para poner en cuestión la labor de los responsables que rigen las reglas de la economía mundial. Si los que están no pueden hacer ni convencer, que vengan otros ya.Cuando Japón tuvo su último terremoto el 11 de marzo de 2011, la destrucción de la central nuclear de Fukushima, llegó a trasladar a la opinión pública mundial que lo allí acontecido suponía el apocalipsis. El país del sol naciente sigue en pie y se está reconstruyendo.

Hablando de instituciones cuya labor es reconocida socialmente, me llama la atención en positivo la decisión de la Fundación Príncipe de Asturias de entregar uno de sus premios a los ‘Héroes de Fukushima’. Con lo que pasó y el peligro real de radiación incontrolada, la población se ponía a salvo, mientras un nutrido grupo de trabajadores de la central nuclear acudieron a limpiar los reactores de contaminación mortal de necesidad. Lo hicieron por su país, por sus compatriotas y, sobre manera, por sus familias. Pusieron en riesgo su vida llevando a cabo esta acción heroica de plantar cara a la altísima radiación nuclear, con una conducta inexplicable a lo que es habitual en los mortales (¡sálvese quien pueda!, tratándose de lo que se trate). ¿Qué tiene en común lo sucedido en Fukushima con la crisis económica y el mal tratamiento que le están dando Estados Unidos, la Unión Europea, su Banco Central, o los citados Fondo Monetario Internacional o Banco Mundial? En primer lugar, que todo pasó en un mismo tiempo. Aunque, a partir de aquí, se establecen ya las diferencias insalvables de cómo un pueblo abordó su desgracia y cómo los organismos que mueven el dinero y las finanzas en el mundo andan perdidos, porque quieren, porque se ven superados por los acontecimientos, o porque siguen pautas de conducta preestablecidas, que desconocemos y no entendemos, pero que a cambio provocan nuestra inquietud, inseguridad y nerviosismo cotidiano ante una crisis que no acaba y que no tiene visos de concluir.

Nuestra economía necesita héroes que lo den todo por el momento actual que atravesamos. No me basta con oir de abismos, de bancarrotas, de recesiones, de Grecia y, nuevamente, de la situación inacabada de los bancos, que hoy tienen telarañas en sus cámaras acorazadas donde guardan los fondos de sus clientes y negocios. Exigimos y queremos soluciones, explicadas con cordura, rápidas, serias y eficaces, con la unión de todo el mundo, para que la recuperación vaya calentando motores y de ahí sea efectiva en los próximos años. Un 2012 como el actual no se soporta. Tampoco hablar de fechas largas, para añadir que a partir de entonces las cosas se normalizarán.

La obligación de los Estados, de sus responsables, y de los dirigentes máximos de los grandes organismos internacionales, es devolver la calma al mundo, que dirigen desde despachos donde han sido colocados para tomar decisiones, en ocasiones difíciles, pero que a la postre generan la estabilidad tan anhelada hoy. La historia nos ha dado grandes personajes que han hecho mucho por todo lo que hemos construido hasta ahora. Con demasiada facilidad de palabra, ahora se dice que hay muchas cosas que ya no funcionan. ¡Cámbiense!, ¡arréglense!, ¡tómense decisiones!, ¡dense pasos que puedan parecer incluso heroicos, porque supondrán un gran sacrificio de unos por otros muchos, para que las aguas vuelvan finalmente a retirarse, como en Fukushima!
Cuando se habla de un mundo cambiante, habrá que hacer cambios. Lo que no se puede es profundizar en el derrotismo, ser apocalípticos, lanzar mensajes lamentables que no aportan nada nuevo desde foros políticos, económicos, financieros o sociales. Los parados, las empresas, los trabajadores aún empleados, no pueden estar a éstas, ¡que va! Si no se cree, no hay salida. Sin héroes, no hay futuro.



Sep 11 2011

JÓVENES QUE TIRAN PARA ADELANTE

imagesCARO60WV

Miguel del Río. Diario Montañés. 11 de septiembre de 2011

Inventar una fórmula para tener ideas sería al mismo tiempo cosa de buen emprendedor, y razón más que suficiente para vivir de la patente para los restos. Un proverbio alemán señala que las ideas no pagan impuestos. A lo que se ve, esta crisis ha dejado seco (de ideas) a más de uno, y las estrategias económicas en el mundo están más por conservar lo que tenemos, que emprender y potenciar a quien quiera salir de su estado personal de desempleo iniciado un negocio en el que, como en la Bolsa, arriesgas demasiado. Sobre ideas o impulsarlas hay poco escrito, por tanto.

 Es cierto también que lo importante no es tener muchas ideas, sino la idea próspera para el momento, como en los tiempos tan malos que vivimos. Aunque en el otro extremo, y demasiados hechos de nuestra historia antigua y reciente lo avalan, nada hay tan peligroso como una idea amplia en cerebros estrechos. Sea como fuere, es verdad esa frase tan vehemente de que las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas, sino las ideas. Todo esto viene a cuento de que España es ahora, por necesidad, un país de más emprendedores, que se la juegan realmente en muchos sentidos, por el sólo hecho de tener una idea y ponerla en práctica en forma de empresa para salir así de las listas del paro. Me aseguran que emprender en España es más cosa de boquita que de hechos. Va a ser que la culpa la tienen los mitos de alcanzar un trabajo fijo, mejor de funcionario, como esa otra manía nacional de antes comprar piso que vivir de alquiler. Es cierto, la cultura empresarial ha estado siempre infravalorada en nuestro país. El empresariado se la juega, crea empleo, paga impuestos a mansalva, pero ni estar en la Unión Europea, ni siquiera aquellos años de la España del pelotazo rápido, nos han afianzado como país donde se crean buenas empresas, fruto de poner en práctica buenas ideas, con salida. Dada la triste situación del panorama laboral, parece ser que nuestros jóvenes empiezan a entender que lo que no hagan ellos por sí mismos nadie va a venir a hacerlo por ellos. Y eso que no lo tienen fácil ni para crear sus propios proyectos, que ya es el colmo. De otra manera no se explica el siguiente hecho. Según el mismísimo Banco Mundial, en España necesitamos una media de 47 días y 10 trámites para abrir un negocio, mientras que en Alemania bastan 13 días y 10 trámites. A trámites, empatamos, pero la diferencia de días para recibir aquí el OK administrativo a un negocio es una pasada. Oía hace poco a uno de estos autoproclamados gurús de Internet, que España iría mejor si nuestras empresas no pagaran nada, ni por constituirse, ni por producir. ¡No jorobes!, tampoco es eso, porque el estado de bienestar y las pensiones lo pagamos los que trabajamos a un lado u otro de la mesa, como empresarios o como trabajadores. Cosa bien distinta es que nuestras administraciones deben reducir plazos de licencias y permisos, de trámites, sellos y firmas y más firmas, máxime en los pésimos tiempos económicos que atravesamos. Con este panorama, nuestros emprendedores, de locos, no tienen nada. Son los héroes de esta economía que hace aguas pero en la que son auténticos resistentes sociales en busca de porvenir a través de un negocio. Nada escapa a las ideas de progreso, pero habría que apoyar con más decisión a los emprendedores, las veces que haga falta, incluso si a la primera o a la segunda fracasan.

No soy un experto ni mucho menos en la materia, pero pienso que no lo tiene precisamente fácil un joven a la hora de dar el paso de establecerse por su cuenta. El emprendedor arriesga más que su dinero a la hora de abrir las puertas de su firma o de su marca. Todo lo que hace lo acompaña con una ilusión del carajo, y con una incertidumbre que muchas veces le llevan a pensar que está solo, de pie, en la punta de un gran precipicio. Como pasa con las ideas, el que invente algún artilugio que proporcione realmente suerte se forra. Entretanto, hay escuelas de emprendedores que no lo hacen nada mal. La idea exige ingenio, tesón y que haya demanda de lo que ofrecemos. Hace años, cuando el boom del ladrillo, todo el mundo en España abría una inmobiliaria. Fuera por exceso o no, seguimos siendo un país de oportunidades con una tropa profesional de primera, aunque el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional no paren de darnos patadas en la espinilla. Al menos nuestros jóvenes, no les hacen puñetero caso, porque quieren salir para adelante. Con crisis o sin ella, si hay algo irrenunciable, es apoyar a los nuevos emprendedores. Y para ello aporto esta idea: mejor hacerlo con hechos, con legislación rápida y eficaz, con ayudas de pronto cobro y mejor fiscalidad. Así es más fácil arriesgarse y también dormir sin sudores.



Sep 3 2011

LA CRISIS TAMBIÉN ES COSA DE RICOS

dineroPublicado en el Diario Montañés el 3 de septiembre de 2011

Se puede ampliar la descripción de lo que es un multimillonario con el dinero que tiene en el banco o con las múltiples propiedades y objetos de gran valor que posee. A veces, un simple apellido, Rockefeller, simplifica entender lo que es ser super rico. Sobre sus preocupaciones cotidianas, no son ni las suyas ni las mías, pero las maltrechas finanzas de los países donde viven y la Bolsa, que no para de jugar malas pasadas, a veces les hace tomar posturas que pueden ser chocantes al tiempo que certeras. Así lo pienso al enterarme de que dieciséis de las mayores fortunas de Francia han pedido a su Gobierno que imponga un impuesto especial a los ricos para contribuir a salir de la crisis que vive el país vecino. Sorprende también en positivo que el tercer hombre más rico del mundo, el norteamericano Warren Buffett, publicara recientemente en el New York Times un artículo titulado “Dejad de mimar a los super ricos”. En él pegaba un toque a Obama para que se tomen medidas de verdad, y se deje de hablar de “compartir sacrificios” cuando el propio Buffet (que se autocita) y sus amigos no han notado ningún cambio en sus bolsillos. Su petición llevaba tal carga de profundidad que escribió: “mientras las clases pobre y media luchan por nosotros en Afganistán, mientras  la mayoría de los norteamericanos luchan para ganarse la vida, nosotros, los mega ricos, continuamos teniendo nuestras extraordinarias exenciones fiscales”. Con otras palabras,  pero los ricos franceses quieren sumarse y arrimar el hombro porque “somos conscientes de habernos beneficiado plenamente de un modelo francés y de un contexto europeo a los que nos sentimos muy unidos y que queremos contribuir a preservar”. Los nombres que rubrican con su firma semejante petición, exportable a otros países como el nuestro, representan fortunas que suman millones y millones de euros. Tal es el caso del presidente de L’Oreal y su máxima accionista, Liliane Bettencourt,  los patrones de la petrolera Total, del alimentario Danone, el banco Société Générale, el operador de comunicaciones Orange, la aerolínea Air France-KLM y el fabricante automovilístico PSA Peugeot-Citröen, además de el ex patrón de Renault.

            No nos engañemos: mal tienen que estar las cosas para que los ricos exijan pagar  más impuestos y pidan a los políticos que se tomen en serio el reparto del sacrificio, como ha hecho Buffet en los Estados Unidos. El clamor de las quiebras, de los millones de desempleados, de las familias sin ningún ingreso, de los desahucios y de los Indignados que crecen, está ahí, y no son posibles los oídos sordos. En la mayoría de los casos, las grandes fortunas esparcidas por el mundo se han montado con buenas ideas, tesón, esfuerzos, y, especialmente, una gran dedicación al trabajo. Esto no es discutible aunque se ha tirado mucho de la demagogia de que ser rico es sinónimo de utilizar prácticas oscuras. Y no es verdad, aunque tampoco mentira que casos fraudulentos siempre hay.  En nuestro país sin ir más lejos tenemos multimillonarios que aparecen el la lista Forbes de los más ricos, cuyos titulares son un ejemplo de ese buen trabajo y constancia. Su trayectoria además ha estado marcada por la discreción y mostrar siempre actitudes de normalidad y ejemplo dentro del ámbito social en el que conviven. Cosa bien distinta es que todas estas grandes fortunas españolas decidan mandarle una carta al Gobierno de turno, donde le pidan que quieren contribuir más con sus impuestos, porque España es un país de grandes posibilidades, con futuro, que a ellos les ha dado mucho, y que precisamente dan este paso a la francesa porque es garantía para todos de preservar lo que poseen. Como en Estados Unidos o Francia, países de donde surge este debate, los ciudadanos españoles tenemos una tradicional percepción de que Hacienda no somos todos, por lo que pagan unos con pocos recursos y lo que pagan otros, con muchos más. Para Warren Buffet, son “bendiciones” que se dan a los super ricos, y abundando más en lo que pensamos la gente sobre los impuestos, a este magnate norteamericano le choca que pagó el pasado año 6,9 millones de dólares al fisco, apenas un 17,4% de su renta, cuando sus empleados tributaron entre un 33% y un 41%.  El mundo al revés, y esto lo digo yo. Donald Trump, otro de los archimillonarios con más renombre decía hace poco: “cuando entras en alguna de mis propiedades, es muy difícil hacerte una idea real de lo que es la vida”. De vez en cuando, todos deberíamos coger el autobús o saber lo que vale un pan. Los ricos se han dado cuenta que esta crisis acecha a todos, porque los productos que fabrican se apilan, sin salida; la gente no gasta y no se vende casi nada; y la cadena de producir-distribuir-vender ha sufrido un terremoto económico del que no sabemos salir. Todo esto lo saben muy bien los super ricos, los mega ricos o los grandes magnates del mundo. Como dice ese refrán tan nuestro, válido para nuestros ricos, cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Dicho de manera financiera, la crisis también es cosa de ricos, porque todos nos jugamos algo en este envite.



Ago 23 2011

LA ESPERANZA Y LA CRISIS

Publicado en el Diario Montañés el 21 de agosto de 2011

En las recomendables lecturas veraniegas me topo con una frase que Graham Greene dejó escrita como de manera premonitoria: “la vida tiene sorpresas. La vida es absurda. Y, como es absurda, siempre existe la esperanza”. Lo creo, a la esperanza me refiero. Greene murió en 1991, año de acontecimientos decisivos, unos mejores que otros, pero que si nos pinchan, no sangramos, porque nunca hubiéramos creído posible que sucedieran. Les voy a dar tres ejemplos de aquel 91. Uno: la URSS se desintegra. Dos: tiene lugar la Guerra del Golfo y, al tiempo, la Conferencia de Oriente Próximo, en Madrid. Pero, sin duda, el hecho histórico extraordinario de aquel año, el tres, es el que más me gusta y por el que muy pocos hubieran apostado: el Parlamento de Sudáfrica suprimió el Apartheid, vigente durante 40 años, y que separaba totalmente a blancos y negros, siendo todos los privilegios para los primeros. La sentencia sobre la vida hecha por el genial escritor inglés cobra una fuerza especial en este annus horribilis de 2011, absurdo también, donde las calles de Londres arden, y un movimiento de indignación (“Los indignados”) se propaga de norte a sur del mundo por el sistema imparable de las Redes Sociales, y que inquieta al que viene  siendo el sistema político-social tradicional. Comparar hechos y efemérides de diferentes años siempre resultará subjetivo. Pero ahora vivimos, estamos instalados, en una profunda crisis mundial, que por supuesto lo primero que quiebra es la economía y los bolsillos, pero se traslada también peligrosamente al ámbito social, al descontento, porque somos muchos los que opinamos que en el origen de esta grave situación está la falta de ética en comportamientos y negocios que han dado tan sólo con unos pocos sinvergüenzas en la cárcel, mientras la lista de millones de parados en todo el mundo no para de crecer, de arruinar familias y acabar con los sueños personales de otros tantos millones de jóvenes muy preparados, en paro, y sin futuro predecible. Aventurar el futuro que nos espera, con tantos precipicios económicos como ya hemos visto, es tan difícil como comer sopa con un cuchillo. ¿Cuándo lo ha tenido el mundo fácil? Con esta pregunta-respuesta no pretendo en absoluto buscar esperanzas, por buscarlas. Si algo queremos los ciudadanos son soluciones a los problemas actuales que no han provocado precisamente los que disfrutaban de una vida acogedora, y su existencia ha pegado un vuelco total, pero para mal.

Hablarnos a diario del comportamiento de los mercados financieros como los culpables del presente y el futuro de un país, España sin ir más lejos, y en el saco vamos todos. Es, además de hablarnos en chino, lamentable y más patético. ¿Nadie es capaz de dar ya una respuesta a esta crisis?; ¿a qué obedece realmente, qué o quienes la mueven? Lo que no tiene explicación es pasar de la noche a la mañana del mayor bienestar, a los mayores índices de temor a perder trabajo, los ahorros, la casa y el coche. Frente a estos mercados, los mortales somos partidarios de la argumentación lógica porque defendemos lo más cercano, lo que por cierto hemos tardado años en conseguir no sin esfuerzos. Les voy a decir una cosa, no entiendo esta crisis, no la he entendido desde el principio. Veo que, mientras a la gran mayoría nos lo amargan, otros, los pocos de siempre, están haciendo el agosto con las armas del miedo para luego comprar barato y el día de mañana sacar la gran tajada especulando. Veo otra cosa. Los países que se reúnen para lo más increíble son reacios a juntarse todos de una vez para hablar claramente de esta crisis y cerrarla. Con los G7 o  los G8, no vamos a ninguna parte porque los que pasan por ser los países más ricos y poderosos del mundo no están ni para ayudarse a si mismos. ¿Qué hacemos, entonces? Llevamos tres años largos de crisis, miles de empresas cerradas, sus trabajadores en la calle, y un desaliento y falta total de confianza que aumentan en la medida que no se vislumbran soluciones. La esperanza de la que hablaba Greene se busca, no basta con desearla. Si los países, todos unidos a una, y sus líderes, no toman ya una postura firme que de sosiego general, y haga sacar la cabeza a la recuperación, se seguirá perdiendo un tiempo precioso como se ha hecho hasta ahora. Lo estamos viendo en la Europa del ¡sálvese quien pueda!, pero el contagio, al final, pasa de unos a otros. Por cierto, tampoco entiendo que esta crisis se cebe especialmente con Europa y Estados Unidos, mientras Brasil tira para adelante como una locomotora. Nuestra propia historia nos ha demostrado que podemos superar grandes escollos. El caso es elegir entre liderazgo e iniciativa, o parálisis y acciones endebles. Tal y como yo lo veo, la economía actual sigue en manos de avariciosos que no se contentan con lo mucho que ya tienen. Con razón, la esperanza bien trabajada es el antídoto necesario para superar esta crisis y volver a la senda del crecimiento.images



Nov 12 2010

EL DESTINO QUE VIENE

Publicado el 12 de noviembre de 2010 en el Diario Montañés

Cuando empezaba a pensar en el mío, leí que cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que la persona sabe para siempre quién es. Los trabajadores y los jóvenes en busca y captura de su primer empleo asistimos con cierto pasmo al anuncio de que llega un cambio de modelo productivo, en el que el concepto actual de energía (petróleo) y la construcción como motor de riqueza irán abandonando paulatinamente la escena de la economía que ha primado a lo largo de todo el siglo XX. La política y la economía siempre han sido una cosa, y el día a día de la calle, otra. Pisando el suelo de las urbes y de los pueblos, ni dios tiene claro que es todo esto del cambio de rumbo y mentalidad, cuando las necesidades básicas como un sueldo, la hipoteca para tener piso y la cesta de la compra, siguen siendo iguales que ayer.

Valga que las energías cambian; valga que las nuevas tecnologías y los chips van ganando terreno dentro de una industria limpia que quiere hacer las paces con el medio ambiente; o valga que las decisiones comunes entre Gobiernos quieran atar más en corto a los llamados mercados, que a punto han estado de hundir en la miseria a más de un Estado. Como lo anterior, entiendo que del primer fuego se paso a la madera como combustible, de la madera al carbón, del carbón al petróleo, y como pinta este nuevo siglo, estamos en las aspas eólicas y el coche eléctrico. Pero, ¿eso es todo en la búsqueda de afianzar con paso decidido una nueva economía productiva que traiga más empleo?

Como Bob Esponja en su ciudad submarina de Fondo Bikini, tengo la impresión de haber nacido en un lugar donde las cosas prácticamente funcionan solas, pero con arreglo a una lógica que, ciertamente, no es la mía, y me temo que tampoco la de otros tantos asombrados o incrédulos por la situación, que se niegan a esperar sentados la llegada de soluciones. Esta impresión no se refiere a Cantabria, ni siquiera a España, sino a un panorama internacional que ha vuelto a las andadas, es decir, que está haciendo lo mismo que siempre ha hecho. Lentamente vuelve la calma, aunque no pueden decir lo mismo los parados, las familias desahuciadas, los desclasificados sociales en aumento o quienes siguen esperando en casa de sus padres a que se les convoque a un trabajo y empiecen a andar esa vida para la que se les ha educado en escuela y de la que tanto han oído hablar antes a sus mayores, porque pasamos por lo mismo.

Cuando se habla, y poco, del horizonte de una nueva sociedad productiva, se esquivan las promesas iniciales formuladas cuando la crisis más golpeaba a todos, acerca de que hay que desactivar las malas conductas económicas que han puesto en la calle a millones de trabajadores, y que anulan de facto que los países en desarrollo puedan abandonar alguna vez la lista de los pobres. Ya no se oyen, o son más escasas, aquellas primeras voces que en el epicentro de la crisis debatían sobre una economía cansada, esquilmada por un capitalismo feroz, falto de ética, al frente del cual muchas multinacionales, bancos y ejecutivos se habían pasado de rosca con respecto a las reglas del juego para ganar dinero, con el consiguiente hundimiento y ahogo de no pocos ciudadanos, pequeños empresarios, y, especialmente, trabajadores de toda clase. Sin duda, todos ellos son los menos culpables del enredo en que estamos metidos, a la espera de recuperar el terreno perdido, incluso, mejorar si es posible, con esta nueva economía productiva que se postula.

Soy de los que opino que no ha de haber temor a los cambios, siempre y cuando sean reales y vayan por el camino adecuado de beneficiar a todos. Los modernos molinos de viento recogen energía, pero no son de por sí la panacea en la que todos alcancen su propio espacio de vida y supervivencia asegurada. Corremos el riesgo de quedarnos cortos si no se ahonda en crear nuevas reglas del juego, que han de ser precisamente el motor de esta nueva economía productiva hacia la que nos dirigimos. Puede que sea un ingenuo, pero con nuevas energías que sustituyen al petróleo sólo se da solución a una mínima parte del problema. Esta crisis pasará (ya no sé cuándo.), pero tengo más claro que los países deben trabajar conjuntamente para que la peste del desempleo no se extienda, y, a ser posible, la exterminemos. Para ello, los Estados no deben estar en manos de los mercados y de los mercaderes, sino los mercados y los mercaderes en manos de los Estados. Cuando alguien no controla su presente, difícilmente puede sopesar hacer algo con respecto a su futuro. Esta crisis mundial se palpa aún mucho; y tiene demasiadas cuestiones sin resolver, con el empleo a la cabeza de todas ellas. La batalla decisiva no es sólo una cuestión de sustituir construcción por molinos.

La normalidad y la confianza se ganarán de nuevo el día en que desaparezcan las malas prácticas en las altas finanzas, y la regulación sobre las formas de hacer dinero sea más seguras que un banco suizo. Ya que lo cito, no se ha vuelto a hablar de erradicar los paraísos fiscales y los miles de millones que esconden, alejados de tributar en sus países de origen. Lo recuerdo porque en todos los países acuciados por la crisis ocurre igual: hace falta dinero para cumplir los muchos compromisos que tiene un Estado hacia sus ciudadanos, recaudado mediante los impuestos. El dinero que se evade de esta responsabilidad común está ensuciado por los muchos resquicios legales que aún proporciona una economía mundial, señalada ya con el dedo para recordarla que el trabajo, la ética y la responsabilidad deben ser los pilares sobre los que se reconstruya esta nueva economía productiva que se nos anuncia venidera 

 



Jun 21 2010

VIDA DE ESPAÑOLES (NO TODOS)

Publicado el 21 de Junio de 2010 en el Diario Montañés

Estoy tomando un café y me meto en una conversación de barra que habla de la forma de vivir que han tenido muchos españoles, al menos, quince años para atrás. Escucho de otro cafetero que lo mismo se pedía un crédito para comprar una televisión de plasma que para irse de vacaciones en plan nacional o al extranjero, daba igual que daba lo mismo. Con este boom de pedir para todo, las entidades financieras estaban encantadas de haberse conocido con el sólo gesto de “firme aquí, y aquí, y aquí también y ya estamos en la última página, aquí, es aquí…” Fueron años donde las carteras de bolsillo o de bolso se hicieron anchas porque en su interior guardaban, aún lo hacen, tarjetas de créditos de todo tipo. Te las ofrecían, las cogías y las usabas a destajo. Poco a poco nos fuimos haciendo con un tipo de vida de pedir, de gastar, de tener por tener, de alcanzar lo de otros,  de poseer, de usar y tirar, de vestir, de comer y cenar en los mejores restaurantes y de pisar el acelerador a un buen coche, eso, si no tenías otro, como una televisión en cada habitación de la casa. Los españoles (no todos) nos hicimos  de esta pasta; queríamos todo o nada, sin que siquiera fuera cortapisa elemental que una pareja ganase 2.000 euros entre los dos, abocándose al apaño para poder acabar cada mes. Así pasaba mayormente hasta que la crisis ha hecho reventar en mil pedazos este conocido sistema de vida a la española.

 A estas alturas del 2010, muchos ciudadanos han perdido bastante o todo de lo que era su patrimonio o su bienestar personal. La espiral de penurias empieza cuando pierdes el trabajo. Los créditos, muchos y variados, no esperan. Incluso bajan los sueldos de los funcionarios y de trabajadores de muchas empresas, pero la cantidad al mes de la hipoteca, esa, sigue inamovible. La casa siempre ha sido la propiedad más preciada en nuestro país. Perderla, es lo más, pero el caso es que es el camino que siguen muchos expedientes de desahucio, que ponen en alerta de la situación actual que viven demasiadas personas, en especial los parados. Esta forma de vivir y de hacer ha contagiado durante los años de bonanza económica de España incluso a muchos extranjeros que hoy están perfectamente integrados entre nosotros, muchos en el desempleo también. Lo que hacen los parados en general se asemeja al título de la película “Los Lunes al Sol”, pero hoy la lógica te lleva a que se dedican a la economía sumergida que no paga impuestos, porque si no la calle no aguantaría esta situaciones dramáticas. Estoy seguro que muchas personas piensan que haber vivido tan a lo grande, ahora que incluso lo reconocen abiertamente otros países como Alemania o Inglaterra, ha sido simple y llanamente un terrible error. El arrepentimiento, para algunos, llega demasiado tarde. No vayan a creer que de este comportamiento tiene sola culpa la persona que se mete en tantos fregados de créditos y débitos al mismo tiempo. No, no es así. Esto es como lo del tabaco o la bebida. El papá Estado impulsa que dejes de fumar y te pone fotos de pulmones podridos en las cajetillas, mientras sigue recaudando millonarias cantidades mediante impuestos directos a estos productos. Y, así, ¡no vale! Nuestra juventud, sobre todo, no hace otra cosa que hacerse eco de la España del pelotazo, donde todo parecía al alcance de la mano. Si se levantan tantas casas, surgían como las hormigas en verano miles de inmobiliarias que durante unos pocos años hicieron el agosto, pero ahora se aplican su propio cartel de “se vende o se alquila”. Me entra la risa floja cuando oigo hablar del nuevo futuro que nos espera sustentado en una nueva educación que nunca llega. Hasta nuestros colegiales hablan de la crisis como si fuera un programa nuevo de esa televisión que tanto les atonta y les engaña.

La cultura del esfuerzo abundaba y abunda, sencillamente, por su inexistencia. Y como tantas cosas de las que se habla que no pueden seguir así, esta es la primera de la lista. Hasta hace dos días, la mejor opción de un chaval, o ser funcionario, o pasar de un Gran Hermano a un programa donde no paras de decir chorradas pero te pagan 30.000 euros la sesión. De convencidos de ello, han pasado, como los demás, a estar desconcertados. Pero para ellos, como jóvenes que tienen toda la vida por delante, es peor. Han oído, o al menos eso creo, de sus abuelos y de sus padres, que en la vida nadie te regala nada. Que las cosas se ganan con trabajo, con esfuerzo y dando tiempo al tiempo. Muchos lo han tomado, de ahí sus comportamientos, como historias de abueletes. Por cierto, muchos de estos abuelos, con sus pensiones, vuelven a recoger y a sustentar a sus hijos, que han regresado con sus padres, después de perder su trabajo y a continuación su casa. Esto ha sido siempre una de las mejores cosas que tiene este país: la familia. Con la familia sabes que puedes contar. Y en el seno de una familia, es donde mejor se asemeja la realidad, se reajusta una vida, y, por qué no, se vuelve a empezar de otra forma, sin incurrir en los errores del pasado. Ya lo decía mi tía Elvira: “El molinero velando gana, que no estando en la cama” ¡Que razón tenía, recomendando la actividad y el trabajo, en vez de sueños vacíos.