Ene 29 2012

SOS DEL PEQUEÑO COMERCIO

Publicado el 29 de enero de 2012 en el Diario Montañés

            Casi sin darse cuenta, el pequeño comercio ha pasado de la ebullición a la evaporación y con ello a echar el cierre. Cada vez que un medio de comunicación publica que otra firma de toda la vida ha colgado el cartel de cerrado por cese de negocio, se me revuelven las tripas y me entra una rabia que tardo en sosegar. ¿Es que no se puede hacer nada para acabar ya con esta sangría de nuestros comercios de siempre? Los autónomos están bien jorobados, esa es la pura verdad. Vienen esperando como agua de mayo medidas, cambios, reformas, que hagan recapacitar la actitud de los consumidores para que volvamos a echar mano de la cartera y gastemos con medida, pero a fin de cuentas consumamos. Muchos negocios han venido aguantando y apuntalan con los ahorros de los propietarios, ganados con el esfuerzo de toda una vida como para que se vayan en dos días si la economía no cambia de una vez por todas. Hablar ahora de más recesión en este año y para el que viene angustia al más frío de los mortales que está  delante o detrás de un mostrador. Los Estados, los Gobiernos, los mercados, son términos muy gigantescos que no se paran en el caso por caso de las pequeñas y medianas empresas que se cierran cada día en este país y en esta región en concreto. Ser emprendedor y volver a empezar, se dice también muy fácil. Con 25 ó 30 años, es una cosa, pero a más edad, es otra ya muy diferente. En cierto momento de mi vida me convencieron de que la primera cuestión de la democracia y los gobiernos que la sustentan es hacer felices a los ciudadanos. Aquí, las carantoñas van por barrios. Los que tienen el dinero a buen recaudo en islas donde no te preguntan nada por meter maletas de dinero en sus bancos, la crisis les importa un bledo. Y me importa más bien nada que lo que acabo de decir suene a demagogia.

            Muchas empresas, muchos trabajadores, están en el paro o echan la persiana para no volver a subirla, pero no por ello dejan de ansiar expectativas y querer reubicarse en una sociedad en la que para ser algo tienes que generar un sueldo o ingresos. La cadena de cierres de locales es peligrosa porque da tufo a contagio. Los pequeños empresarios necesitan de ayudas hoy mejor que mañana. El dinero de los impuestos que suben hay que reinvertirlo en programas que eviten más calamidades empresariales y personales. El panorama que ven los jóvenes es como para no salir de casa, que es lo que siguen haciendo muchos ciudadanos para no tener que parar frente a una cafetería para gastar en una simple merienda. También digo que no hay por qué verlo todo negro y nos tenemos que ir animando, aunque para ello necesitamos noticias en positivo y no siempre negativas, a las que parece que ya nos hemos suscrito permanentemente. Tengas trabajo o no, muchos han cogido el camino de escuchar música por la radio en vez de las noticias a las horas en punto. Hasta los propios profesionales de las ondas lo dicen: “ya nos gustaría darles hoy alguna buena noticia, pero no va a ser así”. Europa, Norteamérica, la bolsa, los mercados, los rescates, la recesión, el paro y el fin del pequeño comercio porque nadie compra nada, han llegado a encarcelarnos las neuronas y no querer enterarnos de nada más, a no ser que sea bueno. Así, no es de extrañar que las señales de SOS de tiendas de todo tipo repartidas por la ciudad no nos lleguen para ver y comprar sus estupendos reclamos y rebajas.

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Ene 10 2012

CON EL DNI SIEMPRE PARA COMPRAR ALGO

Me temo que sólo con el título de este artículo voy ya contracorriente de lo que opinan muchos a la hora de ser favorables a enseñar el DNI cuando hacen una compra y la pagan con tarjeta de crédito. Los matices del asunto son los que me cuestiono. Les comentaré el siguiente caso: estoy hasta el gorro de que en la gasolinera donde siempre, repito, siempre, hecho combustible, al pagar con tarjeta me pidan al mismo tiempo el carnet de identidad. Al menos por un muestreo de la opinión de los ciudadanos a este respecto hecho recientemente por un periódico, a los ciudadanos no parece molestarles, y encima las asociaciones de consumidores opinan que, por el bien de todos, hay que acostumbrarse a esta práctica. Se dice que gozamos de mucha libertad, pero tenemos que llevar el DNI en la boca para casi todo. ¿No será mejor que las propias tarjetas de crédito lleven nuestra foto y algún dato más para no sentirnos “tan vigilados” en muchos momentos de nuestra vida?  Hay gente de mi entorno que le parece bien enseñar del DNI para todo y lo acata, pero yo no. No me gusta que me pidan con insistencia cotidiana que me identifique, y ni sé siquiera quién o qué alta instancia  ha creado esta obligación que se ha hecho ley, y, al parecer, no lo es. Habrá habido (y hay) fraudes, sin duda. Pero con esto del DNI para toda ocasión y circunstancia, me da la sensación de que hemos dado la mano y nos han cogido el pie. Otro caso: vas a un hotel y a la hora de registrarte te fotocopian el documento nacional de identidad, con el pequeño gran matiz de que no te piden permiso. ¿Qué se hace luego con toda esta información? No habría que permitirlo y los usuarios deberíamos plantar cara a estos abusos hacia nuestra intimidad. En este país te hacen una ficha con sólo comprar un dedal. Como se va a seguir haciendo, propongo que en los establecimientos de todo tipo, que se vea visible un cartel informando a los clientes de la norma o recomendación que obliga a enseñar el DNI cuando pagas con la tarjeta doscientos gramos de salchichón. Los consumidores somos demasiado rehenes de nuestra confianza y pasividad.  No decimos nada, no contraponemos con facilidad un “¿por qué me pide usted el carnet?images b”. De manera natural, ya sacamos la tarjeta de crédito y con ella acompañamos otra identificación superior, aunque no sabemos siquiera si es obligatorio o haya una ley que lo establece así. Seguramente, mi cabreo sería superior si hacen una compra con mi tarjeta y no le han pedido al chorizo que se identificara antes de pagarse con mi dinero una mariscada de campeonato. Pero no es esta la cuestión. Yo hablo de reglas establecidas, avaladas por la ley, y no de conductas impuestas, tradiciones que no lo son, y que en muchos momentos son un incordio mosqueante cuando una y otra vez enseñas el DNI en el mismo establecimiento donde consumes de habitual. Los empleados de estas tiendas deberían tener también más tacto, todo hay que decirlo. En la cola, a veces se montan unos cirios para que alguien encuentre el DNI en su cartera, que a su vez molesta a cobrador, a pagador y al que está detrás esperando su turno. Que todo es una cuestión de acostumbrarse, pues mire usted, en mi caso, no me da la gana. Enseñar el DNI reiteradamente cuando me tienen más visto que el tebeo me molesta, sí, me molesta realmente.



Dic 11 2011

EL CENTRO DE ARTE BOTÍN EN LA BAHÍA DE SANTANDER

Ni me voy a poner la venda antes de la herida y ya adelanto que estoy preparado para argumentos en contra, porque la madurez es lo que tiene de buena: uno refuerza sus convicciones. Nos debemos pensar que en España o en el mundo, y como están las cosas más, hay muchos que estén dispuestos a construir en Santander un centro, el Centro de Arte Botín. La pasta gansa que vale levantar algo semejante y su mantenimiento posterior -compromiso de por vida-, son argumentos ya de peso, sin dejarme atrás las programaciones y muestras culturales que nos pongan en mejor lugar internacional de lo que estamos. Cantabria tiene en la cultura y el turismo dos campos estratégicos y siempre hemos hablado de contar con las mejores dotaciones para atraer a más visitantes a nuestra tierra. Decir a todo que no o poner chinitas en el camino, es opinable, pero no de recibo. Hay que valorar entre todos lo que tenemos que hacer y los proyectos de oportunidad que se nos presentan. Los Ferrari, como coches de Fórmula 1, meten mucho ruido, pero llevan pegatinas bien visibles en su carrocería con el nombre de Santander, a través de nuestro banco, pero a fin de cuentas Santander somos todos. Barrer para casa es lo que vale y sirve, y nosotros, seamos sinceros, no lo hemos hecho bien muchas veces, por lo que fuera.

Francamente, se lo voy a decir como lo siento, nuestro propio Guggenheim que es el edificio diseñado por Renzo Piano (uno de los grandes arquitectos mundiales) se merece el mejor lugar de la capital de Cantabria, y si ese lugar es el suelo desde el que miramos la bahía, mejor que mejor. La Ópera de Sidney es conocida mundialmente por estar situada frente al mar, en la gran bahía australiana.Pero hay otra gran cuestión: a mí me importan antes las personas y su futuro que el asfalto. Lo que va a suponer este Centro de Arte Botín para Santander no tiene precio. Que desde el año que viene Santander esté repleta de grúas, entre esta grandiosa obra y la del Mundial de Vela Olímpica del 2014, son aplastantes reacciones para combatir crisis y paro. Si nos vamos todos a tomar por el saco, entonces sí que no tendremos debate de ubicación: que si mejor ponerlo aquí o allá, o no construirlo siquiera, que Santander está muy bonita como está. Así perdimos en su día el Guggenheim: «es que era muy caro»; «¿dónde iría?»; «es que a lo mejor no estamos preparados para gestionar un proyecto de tanta envergadura.». Pujó Bilbao, y se lo llevó. Ya sabemos luego lo que ha dado de sí para el País Vasco en general. Aquí y ahora hay que comprometerse, posicionarse, y decir o escribir lo que cada uno piense, con respeto, pero sin olvidar que este tren pasa sólo una vez. Mi opinión es que el Centro de Arte Botín se debe hacer donde ha sido proyectado. Se debe construir con ambición, como el icono mundial de Santander que puede ser. Aquí tenemos la costumbre de hablar mucho, que está bien, pero más tarde no se qué pasa, porque las cosas no se hacen. CENTRO DE ARTE BOTINO se cree o no se cree en sacar a nuestro pueblo adelante y en remar todos juntos para salir de este marrón en que estamos instalados con una crisis que tiene mil caras y todas feas. El Centro de Arte Botín es un proyecto de primera, un orgullo para Santander y Cantabria de cara al resto de España, de Europa y, creo sinceramente, que también del mundo.



Nov 27 2011

7000 MILLONES DE ALMAS DESIGUALES

Publicado en el Diario Montañés. 27 de noviembe de 2011

No tenía ni idea de que cada hora nacen 10.000 personas, ni que mueren diariamente 100.000. Tampoco sabía que, de los habitantes actuales de la tierra, 521 millones tienen más de 65 años. Y menos me había dicho nadie que 3.500 millones de seres humanos sobreviven con dos dólares diarios. ¡Válgame el cielo que les quiera dar una lección de ciencias sociales! Nada más lejos de mis intenciones. Es que una de las grandes noticias de este año es que el mundo está habitado ya por 7.000 millones de personas. Entre tanta prima de riesgo, mercados que se meten en asuntos de dineros y también políticos con caídas de gobiernos incluidas, más las preocupaciones cotidianas de cada cual, la noticia ha pasado un tanto desapercibida para la importancia que tiene.

Crecemos a un ritmo vertiginoso y, menos saber cómo enderezar y poner en su sitio a los mercados y a sus usureros, todo lo demás tendemos a destruirlo. Y voy a casos concretos. El partido en la tierra siempre termina con semejantes resultados: Especuladores 3- Río Amazonas 0; Norteamérica y Europa 8- Iberoamérica y África 1. Y, así, suma y sigue. 7.000 millones de almas desiguales son demasiadas como para pedirle peras al olmo y desear mejores valores y sentimientos a los mortales hacia sus semejantes. La avaricia rompe el saco tanto en lo personal como en lo material y natural. En el mundo caben todas las culturas e ideas, pero no coinciden ni siquiera a la hora de cuidar la tierra que nos da de comer y el agua que nos sacia la sed. En el antiguo Oeste ya se mataban por la tierra, los pastos, el agua y la convivencia entre vacas y ovejas. Ahora te martillean los bancos, el paro o la bajada del sueldo. Me gustaría echarme a la cara a los enredas que meten miedo para sacar ellos más tajada. Al final, van a criar malvas como todos, pero viven a base de jorobar a los que tienen a su alrededor, sin importarles que tengan que comer de lo que rescatan de los contenedores de basura.

El mundo habría que reordenarlo para que más vivieran mejor. Hay que decirlo más veces porque sino nos olvidamos de lo que somos y para qué estamos aquí. Las generaciones futuras tienen la gran oportunidad de guiarse mejor de lo que lo hemos hecho nosotros. Que un humano sea humano con otro humano no es un juego de palabras, ni ser un idílico soñador. Las grandes ciudades son una muestra pésima de lo que planteo. Te encuentras a alguien tirado en medio de la acera y pasas de largo. «¡Estará bebido y durmiendo la mona!», si es que piensas algo. Resulta que cuando para un transeúnte y decide llamar al 112, es que le ha dado un infarto y, unos minutos más, y se va al otro barrio. Saber que hemos llegado a los 7.000 millones, y que al mismo tiempo cada vez nos deshumanizamos más, ciertamente, no es como para tirar cohetes. La juventud debería romper con las cadenas que nos aprisionan como seres humanos. Y lo digo porque tampoco conocía que la edad media entre tantos millones de hombres y mujeres es de 26 años. La evolución necesita de cambios sustanciales sobre todo con la tierra, y con dejar de matarla lentamente. Esa es la parte mala de una historia de crecimiento imparable de seres humanos. Saber vivir en armonía y equilibrio requiere de respeto. Respeto a otros y salvaguardar el entorno en que vivimos como si nos fuera en ello nuestra propia vida, como en realidad es.

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Nov 13 2011

TRISTES Y DESANIMADOS

Publicado en el Diario Montañés el 13 de noviembre de 2011.

Sarkozy primero dijo que España ya no estaba en la lista de países en peligro de rescate económico, y luego nos metió un gancho por el costado dentro de un discurso en el que nos señaló como aquella nación del milagro y la bonanza, pero a la que ahora nadie se querría parecer por cómo nos va y pinta el panorama. Una de cal y otra de arena que diríamos a este lado de los Pirineos, así que ¡virgencita, virgencita, que nos quedemos como estamos! ¿Y cómo estamos en general los españoles? Pues estamos tristes y desanimados, amarrando el dinero que no veas, y teniendo pensamientos que van más de película de miedo que de aventuras. El paro es un palo terrible. Tenemos a casi cinco millones de compatriotas metidos de lleno en él. Bueno, de lleno, de lleno, los que tienen a toda la familia en el desempleo, sin percibir ya prestación alguna. Esto ya no es una cuestión de cifras ni de porcentajes, porque los que están en este laberinto pasan de agrandar la noticia, si a fin de cuentas no se percibe en el horizonte un mejor panorama que el actual. Decir que hay muchos casos que viven mejor en el paro que en un puesto de trabajo me parece una vulgaridad muy poco pensada. En España se tiende a generalizar en todo. Conoces a un vecino o un pariente que te da la sensación de vago persistente, y ya tiene que haber millones como él. No, no tiene porque ser así. El paro está creando muy mal rollo. El que trabaja y tiene cierta edad se hace preguntas que muchas veces no comparte con nadie. A los jóvenes que se les emplea como hoy en día, tienen que acordarse de la madre de alguien cuando oyen que si no tienen ganas de independizarse, de emprender un negocio, o de meterse en un piso como antes hicieron sus padres.

Se ha hablado mucho a la ligera a la hora de decir que aquí lo que ha llegado es un cambio de sistema productivo al que hay que amoldarse o morir laboralmente en vida. Vaya forma de explicar que el futuro está tan complicado que no hay quien se atreva a dar una solución coherente, no la vaya a pifiar con la previsión que más tarde no se hace realidad. Los españoles estamos muy desanimados y se nota en la calle y en las cosas cotidianas que hacemos. No es solamente que no gastemos ni en pipas. Es que hemos dado un vuelco a nuestras vidas y a nuestros comportamientos rutinarios porque tenemos la esperanza tocada y el desanimo se hace fuerte entre el personal. Sigo creyendo como ayer en aquella frase emblemática de Jhon F. Kennedy de que «no preguntes lo que tu país pueda hacer por ti sino lo que tú puedes hacer por tu país». Me agradó escuchar recientemente a un empresario que creía en sus trabajadores ante todo, y se sentía orgulloso de ellos por lo identificados que estaban con la empresa y con salir adelante pese al terremoto económico que vivimos. Hay mucho desanimo también en la pequeña y mediana empresa. O les deben dinero o la carga de trabajo de antaño se ha convertido hoy en esperar a que suene el teléfono y te hagan tan sólo un encargo. Lo del optimismo vital viene bien hablarlo cuando corresponde, pero no es el momento ni el caso. Hay que decir la verdad, aunque duela: los españoles estamos tristes y desanimados. Y si tienes un trabajo estable has de estar más comprometido con la sinceridad porque no vale que tú y los tuyos salgáis adelante mientras crecen los casos de apartheid laboral y social para tantas personas. ¿Qué es si no una larga cola del paro ante las oficinas públicas de buscarte un empleo con el que sobrevivir?

Cuando un joven a punto de tomar una decisión sobre lo que estudiar me pregunta, pienso que estoy más guapo callado que hablar de lo que no vislumbro. Tengo un buen amigo de la infancia que piensa que San Pancracio, el santo de los afligidos en la pobreza y en la falta de trabajo, está ahora más presente que nunca en muchas mentes (encuentratrabajoconmigo.com). No me aparto ni me apartaré de los mensajes que auguren suerte porque entonces vamos apañados. Pero insisto en la idea primeramente expresada: mientras haya tantos españoles sufriendo las peores penurias de esta mierdosa crisis, nadie podemos sentirnos satisfechos salvo los especuladores repugnantes y sus mercados, los insensibles que los hay a miles, y los avariciosos en busca de hacer fortuna a costa de la desgracia ajena. Bien es cierto que España ha llegado a este momento en el tiempo sin ser rescatada económicamente, comparándonos con Grecia, Portugal o Irlanda. Aunque no es menos verdad que hay casi cinco millones de españoles que necesitan un rescate urgente. No soy quien para dar consejos que para mí no tengo, pero este problema tan nuestro del paro lo tenemos que solucionar con celeridad ya que es el primer roto nacional, el auténtico y más acuciante problema que sufrimos. Que te quedes en paro y penda de un hilo todo lo demás – que coman tus hijos, la hipoteca y las facturas de la luz y el agua- no es como para estar a otros debates. imagesEspero que el Presidente de Francia pueda hablar en sus memorias sobre una España triunfadora que salió airosa de esta gran crisis mundial, porque por encima del euro y los rescates, los españoles demostramos que tenemos coraje suficiente para meter las manos en el fuego y sacar las castañas que nos den de comer.



Oct 16 2011

DINERO PÚBLICO PARA RETIROS DE ORO

Publicado en el Diario Montañés el 16 de octubre de 2011

En octubre de 2008 la crisis había tirado ya con una fuerte patada la puerta de nuestra tranquilidad cotidiana (¡de casa al trabajo y del trabajo a casa!), y todas las alarmas se habían disparado al tiempo con el derrumbe de grandes firmas financieras santo y seña del capitalismo. Era un primer momento de pánico donde los Gobiernos no tenían otra que avalar con dinero público, patrimonio de todos los ciudadanos, el reflote de estas grandes compañías que habían perdido millones de dólares o de euros y puesto en compromiso serio el trabajo de cientos de miles de sus empleados que se podían ver en la calle y sin futuro. Entre estos casos se encontró la aseguradora norteamericana AIG (American International Group), que el 16 de septiembre de 2008 fue rescatada por el Gobierno de Washington con un plan valorado en 85.000 millones de dólares, dinero de los contribuyentes. Como si de una celebración por el rescate millonario se tratase, directivos de esta aseguradora protagonizaron en paralelo el escándalo de gastarse 440.000 dólares en unas vacaciones en un lujoso hotel de California, donde no se privaron de nada. Según los datos difundidos en su momento por el Comité de Supervisión y de Reformas del Gobierno de la Cámara de Representantes Norteamericana (palabras mayores), los ejecutivos, mientras su empresa estaba quebrada y en proceso de rescate, se fundieron en una semana 200.000 dólares en habitaciones, más de 150.000 en comidas, y 23.000 en tratamientos de balneario del hotel de Monarch Beach, donde la habitación costaba mil dólares la noche. El escándalo saltó a todo el mundo y la indignación se mezcló, de entrada, con lo que podían pensar millones de personas que empezaban a quedarse -en todo el planeta- en el paro o que lo habían perdido todo con las hipotecas basura.

No sé a qué obedece realmente, pero cuando un País-Estado da un gigantesco paso sin preguntarle antes al contribuyente si diría sí o no a ello, los llamados canales oficiales siempre se apoyan en una gran declaración de intenciones. En lo de AIG fue que la economía se tenía que rearmar ética y moralmente. Que ya no era posible volver a hacer negocios con tanta voracidad y con comportamientos de los altos ejecutivos que rayaban en lo delictivo, tanto por lo que cobraban como por lo que percibían en beneficios y por indemnizaciones millonarias que podían llegar a percibir en caso de despido, incluso si por sus malas gestiones habían contribuido a la quiebra de su empresa. Fueron sólo palabras, evidentemente. Lo que sigue siendo un clamor general a la hora de exigir el cambio de maneras, se ha quedado en malas prácticas económicas y peores comportamientos empresariales que de vez en cuando saltan aquí y allá, a través de los medios de comunicación. De hecho, creo, si los medios no denunciaran estas graves irregularidades, pasarían desapercibidas para el gran público, con la que está cayendo, y cómo lo están pasando millones de familias, en muchos casos con todos sus miembros parados. Dependiendo de lo que se trate, desde el siglo XX arrastramos ante estas conductas un rechazo inmediato, para inmediatamente pasar a pensar que “no va a pasar nada”, una vez que la polémica y las noticias escampen.

En España no somos diferentes. Recientemente, dos hechos relacionado con el uso del dinero público en beneficio de malas decisiones y personas concretas, han provocado declaraciones oficiales que querían trasladar a la opinión pública lo «intolerable» y la «indignación» que producían las altas indemnizaciones de las que les voy a refrescar. Dos cajas de ahorros intervenidas por el Banco de España y nacionalizadas por tanto, son motivo de escándalo al recibir sus antiguos gestores indemnizaciones millonarias. Caixanovagalicia destina 20 millones de euros a pagar la salida de cuatro de sus directivos, que digo yo que no lo debieron de hacer tan bien para acabar hundiendo la entidad. Y luego está el caso de la exdirectora de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), que tendrá una renta vitalicia de cerca de 370.000 euros anuales, dato tras el cual poco habría que añadir. Llamarlo intolerable, denominarlo indecente, incluso aludir a la Fiscalía por si hubiera responsabilidades penales en los que van a ser millonarios de por vida tras lo que han hecho, me parece todo como muy flojo y de cara a la galería. Sencillamente, estos dos hechos son indecentes. imagesCAOVG3JMLa confianza de un país empieza porque los que vivimos en él la tengamos realmente. De no ser así, ¿qué podemos pedir y ofrecer a los demás? Con decir que estas cosas pasan en el capitalismo feroz y porque el sistema y el tinglado están montados así, no basta. Los ciudadanos estamos realmente indignados con lo que está pasando, y no hace falta que ningún movimiento con el mismo nombre acampe en la calle durante meses para sentirse así. Rearmar nuestra economía exige, lo primero, ética: «conjunto de principios y reglas morales que regulan el comportamiento y las relaciones humanas». Al mundo le faltan valores y le sobran pelotazos y conductas que propician el despilfarro de dinero público transferido a cuentas corrientes de personas que no se han ganado para nada semejantes retiros de oro.



Oct 9 2011

CON LA EXTRA NO SE JUEGA

Click here to find out more!Publicado en el Diario Montañés el 9 de octubre de 2011
Dentro de las teorías posibles del aprendizaje y el conocimiento hay una que se denomina estructuralista. La saco a colación, entre otras más raras, porque me explica que las cosas tienen que suceder como una cadena de procesos interrelacionados dirigidos a las formaciones de estructuras de actuación, creo yo que lógicas y explicables. Cuando el desconcierto impera, y las cuentas no salen, no sé yo si será bueno echar mano de las matemáticas, que tanto están fallando -sobre todo por el lado de las restas- a sociedades enteras instaladas en la crisis y sin visos de solución. Cómo explicar si no la actuación económica en la Europa actual, que en sus origines se llamó tan acertadamente la CEE, Comunidad Económica Europea. Han cambiado mucho las cosas desde entonces. La UE pide (no, mejor, exige) a sus Gobiernos asociados que contengan su déficit; no gasten; no inviertan; reduzcan y recorten; y, encima, creen empleo y riqueza a través de las empresas y sus trabajadores, mientras ponen a dieta estricta a todas sus administraciones públicas. Inteligentemente para una ocasión como ésta, Oscar Wilde pensó una vez que «el hombre puede creer en lo imposible, pero no creará nunca en lo improbable». Europa está más pérdida que un pulpo en un garaje. Se tiene en jaque a si misma porque se debate entre llegar a ser un verdadero Gobierno político, social y económico para todos, mientras al tiempo imparte doctrina férrea de que, para salir del atolladero en que nos encontramos, la solución es ahorrar y no gastar en los próximos años. En general, los ciudadanos, y los españoles somos un ejemplo destacado, hemos creído a pies juntillas lo de blindar la cartera, y somos capaces de no salir de casa por no caer en la tentación de hacer una parada en el paseo para tomar un simple café.
Y es que los hechos y las decisiones que se toman se imponen sobre lo que nos gustaría realmente hacer. El 2 de julio de este año fue un sábado negro para nuestros hermanos portugueses. Su Gobierno, por sorpresa, anunciaba que los trabajadores lusos que ganan más de 1.000 euros mensuales perderán este año una cuarta parte de la paga de Navidad. ¡Menudo hachazo en la línea de flotación de los consumidores, en la época del árbol, las bolas, el pavo, los turrones y los regalos! Si acabas así un año, ¿cómo empezará y discurrirá el siguiente? Europa y sus socios más tocados por la crisis han convertido simple y llanamente la recuperación en pedir el esfuerzo más gordo a los trabajadores. Ahora tenemos un nuevo ejemplo que surge en Cataluña, que le pide a sus médicos y personal sanitario que renuncien a la mita de su paga extra navideña. ¿No es bastante con el esfuerzo que se ha llevado a cabo ya? La respuesta tendría que ser sí. Para las matemáticas lógicas, intentaré demostrarlo con medidas muy drásticas ya adoptadas. España, Portugal, Irlanda, Reino Unido, Francia, Italia ahora, y no digamos Grecia, han hecho los recortes presupuestarios más duros de esta grave crisis, no iguales para todos sus ciudadanos, donde no todos aportan, y donde unos se sacrifican y otros muchos no (grandes fortunas).
Hablemos de esos recortes. En mayo de 2010 se bajo un 5% de media el sueldo de los empleados públicos españoles, con un ahorro de 4.400 millones de euros, dentro de un paquete más amplio de hasta 15.000 millones en gastos, que supusieron congelar las pensiones y acabar con los 2.500 euros del cheque bebé, que recibían por igual ricos y pobres (¡muy mal, por cierto!). Al lado, en Portugal, han llegado a la extra de Navidad, pero antes rebajaron el salario de los funcionarios entre el 3,5 y el 10% para ahorrar 3.240 millones de euros, recortando de todos los lados: educación, sanidad, pensiones y hasta desempleo. En Irlanda la rebaja a los empleados públicos fue del 15 por ciento y un 5% a los pensionistas (¡lamentable, por cierto!). Lo del Reino Unido es salvaje: eliminación de 500.000 puestos en las Administraciones y rebajar 19.000 millones de libras en políticas sociales. En un país de honda tradición militar, no se salva ni el Ejército, que licencia a 42.000 de sus efectivos.
¿Y Grecia, la madre de todos los recortes por aire, mar y tierra? Con lo que sigue haciendo Grecia daría para escribir un libro de diez mil páginas. La cuna de la democracia empezó suprimiendo pagas extraordinarias para funcionarios, también la perdieron los pensionistas, y en eso siguen. ¿Sólo se puede hacer esto para ahorrar?, es más, ¿es el momento de ahorrar tanto y tan duro en Europa cuando Estados Unidos acaba de decir se acabó a esta política? En el viejo continente hemos tocado techo, y ya no cabe meter más la mano en los bolsillos de los de siempre. Mientras aquí gastamos mucho en doblar más películas al catalán o no se han suprimido las llamadas embajadas autonómicas en el exterior, no es razonable pedirle a un trabajador que entregue sin protestar la mitad de su paga extra de Navidad. Si en esto se ha truncado el viejo milagro económico europeo, habrá que apelar al refrán que dice «más vale buena queja que mala paga».


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Oct 2 2011

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SIN HÉROES NO HAY FUTURO

Publicado en el Diario Montañés. 2 de octubre de 2011

Antes era la ONU, la UNESCO o UNICEF, pero ahora los organismos internacionales que más nos suenan a la fuerza son el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La gravísima crisis económica que cada día cierra más empresas y asfixia a más familias acorrala también nuestros pensamientos con las siglas de estos centros de poder financiero que lanzan un día sí y otro también mensajes tan preocupantes sobre la economía mundial, sin ofrecer a cambio soluciones y respuestas, como está en el origen de por qué y para qué fueron creados organismos semejantes: el FMI, en 1945, y el BM, en 1944. En la web de este último, bajo sus iniciales, reza la siguiente máxima: «trabajamos por un mundo sin pobreza». Y en los datos fundamentales sobre sus fines, la web del Fondo Monetario Internacional refleja lo siguiente: «el FMI busca fomentar la cooperación monetaria internacional, afianzar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional, promover un empleo elevado y un crecimiento económico sostenible y reducir la pobreza en el mundo entero». Perdonen que ponga en cuestión las intenciones de ambos, cuando sus pasos y decisiones se tornan en inestabilidad financiera, el comercio está estancado y el empleo decrece a pasos agigantados. Sabemos de sobra cómo está la situación, pero cuando se acompaña de mensajes de pesimismo, de recesión e, incluso, se llega a decir que estamos al borde de precipicios y abismos, es para poner en cuestión la labor de los responsables que rigen las reglas de la economía mundial. Si los que están no pueden hacer ni convencer, que vengan otros ya.Cuando Japón tuvo su último terremoto el 11 de marzo de 2011, la destrucción de la central nuclear de Fukushima, llegó a trasladar a la opinión pública mundial que lo allí acontecido suponía el apocalipsis. El país del sol naciente sigue en pie y se está reconstruyendo.

Hablando de instituciones cuya labor es reconocida socialmente, me llama la atención en positivo la decisión de la Fundación Príncipe de Asturias de entregar uno de sus premios a los ‘Héroes de Fukushima’. Con lo que pasó y el peligro real de radiación incontrolada, la población se ponía a salvo, mientras un nutrido grupo de trabajadores de la central nuclear acudieron a limpiar los reactores de contaminación mortal de necesidad. Lo hicieron por su país, por sus compatriotas y, sobre manera, por sus familias. Pusieron en riesgo su vida llevando a cabo esta acción heroica de plantar cara a la altísima radiación nuclear, con una conducta inexplicable a lo que es habitual en los mortales (¡sálvese quien pueda!, tratándose de lo que se trate). ¿Qué tiene en común lo sucedido en Fukushima con la crisis económica y el mal tratamiento que le están dando Estados Unidos, la Unión Europea, su Banco Central, o los citados Fondo Monetario Internacional o Banco Mundial? En primer lugar, que todo pasó en un mismo tiempo. Aunque, a partir de aquí, se establecen ya las diferencias insalvables de cómo un pueblo abordó su desgracia y cómo los organismos que mueven el dinero y las finanzas en el mundo andan perdidos, porque quieren, porque se ven superados por los acontecimientos, o porque siguen pautas de conducta preestablecidas, que desconocemos y no entendemos, pero que a cambio provocan nuestra inquietud, inseguridad y nerviosismo cotidiano ante una crisis que no acaba y que no tiene visos de concluir.

Nuestra economía necesita héroes que lo den todo por el momento actual que atravesamos. No me basta con oir de abismos, de bancarrotas, de recesiones, de Grecia y, nuevamente, de la situación inacabada de los bancos, que hoy tienen telarañas en sus cámaras acorazadas donde guardan los fondos de sus clientes y negocios. Exigimos y queremos soluciones, explicadas con cordura, rápidas, serias y eficaces, con la unión de todo el mundo, para que la recuperación vaya calentando motores y de ahí sea efectiva en los próximos años. Un 2012 como el actual no se soporta. Tampoco hablar de fechas largas, para añadir que a partir de entonces las cosas se normalizarán.

La obligación de los Estados, de sus responsables, y de los dirigentes máximos de los grandes organismos internacionales, es devolver la calma al mundo, que dirigen desde despachos donde han sido colocados para tomar decisiones, en ocasiones difíciles, pero que a la postre generan la estabilidad tan anhelada hoy. La historia nos ha dado grandes personajes que han hecho mucho por todo lo que hemos construido hasta ahora. Con demasiada facilidad de palabra, ahora se dice que hay muchas cosas que ya no funcionan. ¡Cámbiense!, ¡arréglense!, ¡tómense decisiones!, ¡dense pasos que puedan parecer incluso heroicos, porque supondrán un gran sacrificio de unos por otros muchos, para que las aguas vuelvan finalmente a retirarse, como en Fukushima!
Cuando se habla de un mundo cambiante, habrá que hacer cambios. Lo que no se puede es profundizar en el derrotismo, ser apocalípticos, lanzar mensajes lamentables que no aportan nada nuevo desde foros políticos, económicos, financieros o sociales. Los parados, las empresas, los trabajadores aún empleados, no pueden estar a éstas, ¡que va! Si no se cree, no hay salida. Sin héroes, no hay futuro.



Sep 11 2011

JÓVENES QUE TIRAN PARA ADELANTE

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Miguel del Río. Diario Montañés. 11 de septiembre de 2011

Inventar una fórmula para tener ideas sería al mismo tiempo cosa de buen emprendedor, y razón más que suficiente para vivir de la patente para los restos. Un proverbio alemán señala que las ideas no pagan impuestos. A lo que se ve, esta crisis ha dejado seco (de ideas) a más de uno, y las estrategias económicas en el mundo están más por conservar lo que tenemos, que emprender y potenciar a quien quiera salir de su estado personal de desempleo iniciado un negocio en el que, como en la Bolsa, arriesgas demasiado. Sobre ideas o impulsarlas hay poco escrito, por tanto.

 Es cierto también que lo importante no es tener muchas ideas, sino la idea próspera para el momento, como en los tiempos tan malos que vivimos. Aunque en el otro extremo, y demasiados hechos de nuestra historia antigua y reciente lo avalan, nada hay tan peligroso como una idea amplia en cerebros estrechos. Sea como fuere, es verdad esa frase tan vehemente de que las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas, sino las ideas. Todo esto viene a cuento de que España es ahora, por necesidad, un país de más emprendedores, que se la juegan realmente en muchos sentidos, por el sólo hecho de tener una idea y ponerla en práctica en forma de empresa para salir así de las listas del paro. Me aseguran que emprender en España es más cosa de boquita que de hechos. Va a ser que la culpa la tienen los mitos de alcanzar un trabajo fijo, mejor de funcionario, como esa otra manía nacional de antes comprar piso que vivir de alquiler. Es cierto, la cultura empresarial ha estado siempre infravalorada en nuestro país. El empresariado se la juega, crea empleo, paga impuestos a mansalva, pero ni estar en la Unión Europea, ni siquiera aquellos años de la España del pelotazo rápido, nos han afianzado como país donde se crean buenas empresas, fruto de poner en práctica buenas ideas, con salida. Dada la triste situación del panorama laboral, parece ser que nuestros jóvenes empiezan a entender que lo que no hagan ellos por sí mismos nadie va a venir a hacerlo por ellos. Y eso que no lo tienen fácil ni para crear sus propios proyectos, que ya es el colmo. De otra manera no se explica el siguiente hecho. Según el mismísimo Banco Mundial, en España necesitamos una media de 47 días y 10 trámites para abrir un negocio, mientras que en Alemania bastan 13 días y 10 trámites. A trámites, empatamos, pero la diferencia de días para recibir aquí el OK administrativo a un negocio es una pasada. Oía hace poco a uno de estos autoproclamados gurús de Internet, que España iría mejor si nuestras empresas no pagaran nada, ni por constituirse, ni por producir. ¡No jorobes!, tampoco es eso, porque el estado de bienestar y las pensiones lo pagamos los que trabajamos a un lado u otro de la mesa, como empresarios o como trabajadores. Cosa bien distinta es que nuestras administraciones deben reducir plazos de licencias y permisos, de trámites, sellos y firmas y más firmas, máxime en los pésimos tiempos económicos que atravesamos. Con este panorama, nuestros emprendedores, de locos, no tienen nada. Son los héroes de esta economía que hace aguas pero en la que son auténticos resistentes sociales en busca de porvenir a través de un negocio. Nada escapa a las ideas de progreso, pero habría que apoyar con más decisión a los emprendedores, las veces que haga falta, incluso si a la primera o a la segunda fracasan.

No soy un experto ni mucho menos en la materia, pero pienso que no lo tiene precisamente fácil un joven a la hora de dar el paso de establecerse por su cuenta. El emprendedor arriesga más que su dinero a la hora de abrir las puertas de su firma o de su marca. Todo lo que hace lo acompaña con una ilusión del carajo, y con una incertidumbre que muchas veces le llevan a pensar que está solo, de pie, en la punta de un gran precipicio. Como pasa con las ideas, el que invente algún artilugio que proporcione realmente suerte se forra. Entretanto, hay escuelas de emprendedores que no lo hacen nada mal. La idea exige ingenio, tesón y que haya demanda de lo que ofrecemos. Hace años, cuando el boom del ladrillo, todo el mundo en España abría una inmobiliaria. Fuera por exceso o no, seguimos siendo un país de oportunidades con una tropa profesional de primera, aunque el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional no paren de darnos patadas en la espinilla. Al menos nuestros jóvenes, no les hacen puñetero caso, porque quieren salir para adelante. Con crisis o sin ella, si hay algo irrenunciable, es apoyar a los nuevos emprendedores. Y para ello aporto esta idea: mejor hacerlo con hechos, con legislación rápida y eficaz, con ayudas de pronto cobro y mejor fiscalidad. Así es más fácil arriesgarse y también dormir sin sudores.



Sep 3 2011

LA CRISIS TAMBIÉN ES COSA DE RICOS

dineroPublicado en el Diario Montañés el 3 de septiembre de 2011

Se puede ampliar la descripción de lo que es un multimillonario con el dinero que tiene en el banco o con las múltiples propiedades y objetos de gran valor que posee. A veces, un simple apellido, Rockefeller, simplifica entender lo que es ser super rico. Sobre sus preocupaciones cotidianas, no son ni las suyas ni las mías, pero las maltrechas finanzas de los países donde viven y la Bolsa, que no para de jugar malas pasadas, a veces les hace tomar posturas que pueden ser chocantes al tiempo que certeras. Así lo pienso al enterarme de que dieciséis de las mayores fortunas de Francia han pedido a su Gobierno que imponga un impuesto especial a los ricos para contribuir a salir de la crisis que vive el país vecino. Sorprende también en positivo que el tercer hombre más rico del mundo, el norteamericano Warren Buffett, publicara recientemente en el New York Times un artículo titulado “Dejad de mimar a los super ricos”. En él pegaba un toque a Obama para que se tomen medidas de verdad, y se deje de hablar de “compartir sacrificios” cuando el propio Buffet (que se autocita) y sus amigos no han notado ningún cambio en sus bolsillos. Su petición llevaba tal carga de profundidad que escribió: “mientras las clases pobre y media luchan por nosotros en Afganistán, mientras  la mayoría de los norteamericanos luchan para ganarse la vida, nosotros, los mega ricos, continuamos teniendo nuestras extraordinarias exenciones fiscales”. Con otras palabras,  pero los ricos franceses quieren sumarse y arrimar el hombro porque “somos conscientes de habernos beneficiado plenamente de un modelo francés y de un contexto europeo a los que nos sentimos muy unidos y que queremos contribuir a preservar”. Los nombres que rubrican con su firma semejante petición, exportable a otros países como el nuestro, representan fortunas que suman millones y millones de euros. Tal es el caso del presidente de L’Oreal y su máxima accionista, Liliane Bettencourt,  los patrones de la petrolera Total, del alimentario Danone, el banco Société Générale, el operador de comunicaciones Orange, la aerolínea Air France-KLM y el fabricante automovilístico PSA Peugeot-Citröen, además de el ex patrón de Renault.

            No nos engañemos: mal tienen que estar las cosas para que los ricos exijan pagar  más impuestos y pidan a los políticos que se tomen en serio el reparto del sacrificio, como ha hecho Buffet en los Estados Unidos. El clamor de las quiebras, de los millones de desempleados, de las familias sin ningún ingreso, de los desahucios y de los Indignados que crecen, está ahí, y no son posibles los oídos sordos. En la mayoría de los casos, las grandes fortunas esparcidas por el mundo se han montado con buenas ideas, tesón, esfuerzos, y, especialmente, una gran dedicación al trabajo. Esto no es discutible aunque se ha tirado mucho de la demagogia de que ser rico es sinónimo de utilizar prácticas oscuras. Y no es verdad, aunque tampoco mentira que casos fraudulentos siempre hay.  En nuestro país sin ir más lejos tenemos multimillonarios que aparecen el la lista Forbes de los más ricos, cuyos titulares son un ejemplo de ese buen trabajo y constancia. Su trayectoria además ha estado marcada por la discreción y mostrar siempre actitudes de normalidad y ejemplo dentro del ámbito social en el que conviven. Cosa bien distinta es que todas estas grandes fortunas españolas decidan mandarle una carta al Gobierno de turno, donde le pidan que quieren contribuir más con sus impuestos, porque España es un país de grandes posibilidades, con futuro, que a ellos les ha dado mucho, y que precisamente dan este paso a la francesa porque es garantía para todos de preservar lo que poseen. Como en Estados Unidos o Francia, países de donde surge este debate, los ciudadanos españoles tenemos una tradicional percepción de que Hacienda no somos todos, por lo que pagan unos con pocos recursos y lo que pagan otros, con muchos más. Para Warren Buffet, son “bendiciones” que se dan a los super ricos, y abundando más en lo que pensamos la gente sobre los impuestos, a este magnate norteamericano le choca que pagó el pasado año 6,9 millones de dólares al fisco, apenas un 17,4% de su renta, cuando sus empleados tributaron entre un 33% y un 41%.  El mundo al revés, y esto lo digo yo. Donald Trump, otro de los archimillonarios con más renombre decía hace poco: “cuando entras en alguna de mis propiedades, es muy difícil hacerte una idea real de lo que es la vida”. De vez en cuando, todos deberíamos coger el autobús o saber lo que vale un pan. Los ricos se han dado cuenta que esta crisis acecha a todos, porque los productos que fabrican se apilan, sin salida; la gente no gasta y no se vende casi nada; y la cadena de producir-distribuir-vender ha sufrido un terremoto económico del que no sabemos salir. Todo esto lo saben muy bien los super ricos, los mega ricos o los grandes magnates del mundo. Como dice ese refrán tan nuestro, válido para nuestros ricos, cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Dicho de manera financiera, la crisis también es cosa de ricos, porque todos nos jugamos algo en este envite.