Categoria : Hemeroteca
Ago 23 2011

LA ESPERANZA Y LA CRISIS

Publicado en el Diario Montañés el 21 de agosto de 2011

En las recomendables lecturas veraniegas me topo con una frase que Graham Greene dejó escrita como de manera premonitoria: “la vida tiene sorpresas. La vida es absurda. Y, como es absurda, siempre existe la esperanza”. Lo creo, a la esperanza me refiero. Greene murió en 1991, año de acontecimientos decisivos, unos mejores que otros, pero que si nos pinchan, no sangramos, porque nunca hubiéramos creído posible que sucedieran. Les voy a dar tres ejemplos de aquel 91. Uno: la URSS se desintegra. Dos: tiene lugar la Guerra del Golfo y, al tiempo, la Conferencia de Oriente Próximo, en Madrid. Pero, sin duda, el hecho histórico extraordinario de aquel año, el tres, es el que más me gusta y por el que muy pocos hubieran apostado: el Parlamento de Sudáfrica suprimió el Apartheid, vigente durante 40 años, y que separaba totalmente a blancos y negros, siendo todos los privilegios para los primeros. La sentencia sobre la vida hecha por el genial escritor inglés cobra una fuerza especial en este annus horribilis de 2011, absurdo también, donde las calles de Londres arden, y un movimiento de indignación (“Los indignados”) se propaga de norte a sur del mundo por el sistema imparable de las Redes Sociales, y que inquieta al que viene  siendo el sistema político-social tradicional. Comparar hechos y efemérides de diferentes años siempre resultará subjetivo. Pero ahora vivimos, estamos instalados, en una profunda crisis mundial, que por supuesto lo primero que quiebra es la economía y los bolsillos, pero se traslada también peligrosamente al ámbito social, al descontento, porque somos muchos los que opinamos que en el origen de esta grave situación está la falta de ética en comportamientos y negocios que han dado tan sólo con unos pocos sinvergüenzas en la cárcel, mientras la lista de millones de parados en todo el mundo no para de crecer, de arruinar familias y acabar con los sueños personales de otros tantos millones de jóvenes muy preparados, en paro, y sin futuro predecible. Aventurar el futuro que nos espera, con tantos precipicios económicos como ya hemos visto, es tan difícil como comer sopa con un cuchillo. ¿Cuándo lo ha tenido el mundo fácil? Con esta pregunta-respuesta no pretendo en absoluto buscar esperanzas, por buscarlas. Si algo queremos los ciudadanos son soluciones a los problemas actuales que no han provocado precisamente los que disfrutaban de una vida acogedora, y su existencia ha pegado un vuelco total, pero para mal.

Hablarnos a diario del comportamiento de los mercados financieros como los culpables del presente y el futuro de un país, España sin ir más lejos, y en el saco vamos todos. Es, además de hablarnos en chino, lamentable y más patético. ¿Nadie es capaz de dar ya una respuesta a esta crisis?; ¿a qué obedece realmente, qué o quienes la mueven? Lo que no tiene explicación es pasar de la noche a la mañana del mayor bienestar, a los mayores índices de temor a perder trabajo, los ahorros, la casa y el coche. Frente a estos mercados, los mortales somos partidarios de la argumentación lógica porque defendemos lo más cercano, lo que por cierto hemos tardado años en conseguir no sin esfuerzos. Les voy a decir una cosa, no entiendo esta crisis, no la he entendido desde el principio. Veo que, mientras a la gran mayoría nos lo amargan, otros, los pocos de siempre, están haciendo el agosto con las armas del miedo para luego comprar barato y el día de mañana sacar la gran tajada especulando. Veo otra cosa. Los países que se reúnen para lo más increíble son reacios a juntarse todos de una vez para hablar claramente de esta crisis y cerrarla. Con los G7 o  los G8, no vamos a ninguna parte porque los que pasan por ser los países más ricos y poderosos del mundo no están ni para ayudarse a si mismos. ¿Qué hacemos, entonces? Llevamos tres años largos de crisis, miles de empresas cerradas, sus trabajadores en la calle, y un desaliento y falta total de confianza que aumentan en la medida que no se vislumbran soluciones. La esperanza de la que hablaba Greene se busca, no basta con desearla. Si los países, todos unidos a una, y sus líderes, no toman ya una postura firme que de sosiego general, y haga sacar la cabeza a la recuperación, se seguirá perdiendo un tiempo precioso como se ha hecho hasta ahora. Lo estamos viendo en la Europa del ¡sálvese quien pueda!, pero el contagio, al final, pasa de unos a otros. Por cierto, tampoco entiendo que esta crisis se cebe especialmente con Europa y Estados Unidos, mientras Brasil tira para adelante como una locomotora. Nuestra propia historia nos ha demostrado que podemos superar grandes escollos. El caso es elegir entre liderazgo e iniciativa, o parálisis y acciones endebles. Tal y como yo lo veo, la economía actual sigue en manos de avariciosos que no se contentan con lo mucho que ya tienen. Con razón, la esperanza bien trabajada es el antídoto necesario para superar esta crisis y volver a la senda del crecimiento.images



Jul 31 2011

DISFRAZARSE PARA EL VERANO

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Publicado el 31 de julio de 2011 en el Diario Montañés

Para acceder y visitar el Congreso de los Diputados con el debido decoro, los responsables de la Institución han aprobado unos criterios básicos de vestimenta que interpreto como antídoto necesario contra horteras, frikis y guiris. ¡Mecachis!, nada se recoge en el texto sobre llevar calcetines blancos con sandalias e incluso el mismo color en los pies, pero con traje y corbata. Acertadamente, para sentarse en el mismo escaño que los padres de la patria hay que hacerlo con buena apariencia. ¡Caballeros!: ¿dónde se va con pantalón corto y camisa con tirantes a lo Rocky, como la que saca en su película Sylvester Stallone? ¡Señoras!: cuidado con las faldas que no son precisamente apropiadas para sentarte y con las camisetas que están bien para un concurso de mojarlas pero no para acudir a determinados lugares que, precisamente por su tradición e historia, son del pueblo, y el pueblo somos todos y todas. Las ciudades y sus pobladores tienen hartazgo de ver por la calle lo que se ve.

 En Barcelona rige ya una prohibición de no andar por sus avenidas sin camiseta, por mucho calor que haga, que es lo que anteponen los maleducados que dicen que esto les priva de su libertad. El hecho del verano y el calor no es óbice para tener que ver cómo va mucha gente y con qué pintas entran a comer a un restaurante o se plantan en la barra de un bar para tomar el vermú.

El norte de España siempre ha tenido para esto más clase. De la playa se entra y se sale en condiciones, porque como el reglamento del Congreso de los Diputados, el resto no tenemos por qué trastornarnos tras ver determinadas escenas de vestimentas inapropiadas. ¡Es que en pantalones cortos y camiseta de tirantes va todo el mundo!, se esgrime. Eso es lo peor, pensar que se va bien a una terraza pública hecho una piltrafa. Cada parte del día tiene su momento para vestirse de una u otra manera. Me lo ha dicho muchas veces el experto Carlos Monje, al que acudo cuando tengo cualquier duda sobre el vestir y la ocasión. Él ha leído en varias ocasiones la ‘Guía Debrett de la etiqueta’ (una Biblia en la materia), pero tampoco aconseja atragantarse de mucha lectura sobre moda. Apuesta más bien por el saber estar y vestirse como cada momento requiere. Los españoles solemos pensar que preguntar es de tontos y por eso tiramos para adelante, aunque nos equivoquemos. Pasa mucho con la etiqueta personal. Ni que decir que aciertan los que, ante la duda, preguntan, se fijan, leen o se meten en Google, que lo cuenta todo sobre todo.

Cosa aparte son los actos sociales, donde abundan los de carácter familiar. Al que acude a una boda en camisa de manga corta, desabrochada hasta el ombligo y pantalones cortados sobrepasada la rótula de la pierna, no habría ni que cogerle el sobre con el aguinaldo para los novios. Fíjense: si los novios cuidan tanto lo que es el día más especial en sus vidas y van impecables, ¿qué no tendrán que hacer los invitados por respeto hacia sus anfitriones? Se empieza por esto y te creces: puedes terminar por ir en bermudas de baño a una entrevista de trabajo, porque la cita se produce a mediados de agosto. El mal gusto se propaga y el verano es punto álgido para disfrazarse. El texto aprobado por el Congreso habría que publicarlo como bando en todas las ciudades españolas: «La experiencia acumulada en los últimos tiempos en relación con la vestimenta adecuada para acceder a las dependencias del Congreso de los Diputados aconseja la aprobación de unos criterios, mínimos pero claros, que permitan compatibilizar la propia imagen que cada ciudadano quiera tener con el respeto a la dignidad y decoro de la Cámara, tal y como sucede en múltiples Instituciones públicas y privadas». ¡Lo que se habrá visto en el lugar para terminar por redactar esta circular! El civismo o, mejor, la falta de civismo es el gran cáncer de nuestra sociedad. En la base de los valores están el civismo y la urbanidad, que no se enseña en los colegios como es debido. Nadie ha dicho que hacer convivencia sea fácil, pero algunos(as) se empeñan en destrozar el gusto a base de mostrar más los músculos que las telas.



Jul 25 2011

EL PRIMER CAMPAMENTO DE VERANO

5569380Publicado el 25 de agosto de 2011 en El Diario Montañés

Me cuenta una familia con mono de niño que antes de mandar al hijo a su primer campamento, albergaban todos los temores del mundo, y, una vez allí, el retoño ni llama ni se acuerda de los ‘viejos’ porque se lo está pasando bomba. Niños con verbo fácil que son los de ahora; antes de iniciar el viaje les dijo a los padres de todo, porque no quería ir, ni moverse de casa: «Voy a la fuerza», «me estáis coartando mi libertad personal», «¿es que yo no tengo derecho a decidir?». Lo más fuerte: «Me acordaré de esta mala jugada el día de mañana, cuando os meta en el asilo». Tras depositarle en los lujosos bungalows ubicados en plena naturaleza, los humos se apagan. De regreso a casa, los padres en el coche casi no cruzan palabra. Están tristes y preocupados por todo lo que pueda suceder. Las dudas acechan: «¿Le habré metido todo en la maleta?», piensa la madre; «¿será capaz de meterme en una residencia?», carraspea pensándolo el padre.

 

Ya en casa, se les echa mucho de menos cuando están en el campamento, máxime cuando se trata de la primera experiencia. Hay horario para llamar al nene y para que él llame a sus padres. Cuando tomas la iniciativa tú, la línea siempre está ocupada. Si esperas a que te llame él, ¡ya lo puedes hacer sentado! Cabreado, decides meterle mano a su cuarto y ordenarlo un poco y tirar mucho más. No sucede nada, salvo que se lo está pasando bien. Ha conocido a nuevos amigos y a alguna que otra amiga. No para de hacer deporte en pleno campo y de imaginar en las noches toda suerte de aventuras que pueden llegar a suceder, incluso la visita del oso, que casi siempre es la fiera más sugerida a la luz de una buena hoguera. Lo de vender la piel del oso antes de cazarlo, además de una desafortunada frase cotidiana, pasa en todos los aspectos de la vida. El niño piensa por demás antes de ir al campamento y los padres no te digo nada. «¡Ay, mi pobre niño, cómo lo estará pasando!» Pero cuando el retoño se decide a llamar, ¡eureka!, resulta que está disfrutando a lo grande; que ha conocido a muchos nuevos amigos que le caen muy bien; y que incluso se ha clavado una astilla en un dedo y ni siquiera ha llorado, porque en la enfermería había también una niña y era cuestión de sacar pecho y valor delante de ella ante el dolor. La vida es una historia porque está llena de historias. Las familiares son las mejores y en el verano, mucho mejor. ¡Qué sería de los padres sin el campamento de verano!; ¡tampoco seriamos nosotros mismos si no creyéramos la leyenda del oso y que pueda presentarse de verdad! Cuando sacamos al bebé del hospital, con él nos llevamos también las preocupaciones por los hijos que ya vamos a tener de por vida. Estamos hechos así y, hoy, es el campamento; mañana, los estudios para ser alguien; pasado, que consiga un buen trabajo para mantenerse, y me guardo lo que decida de su vida personal y si se va a quedar en casa con los padres hasta los 30 ó los 40. A fin de cuentas, no cito nada que no esté pasando ya en España desde hace mucho tiempo, incluso antes de la crisis actual: que los hijos no se despegan de los padres ni con agua hirviendo. Viven como marajás en casa de los papis y no se plantean complicaciones que encima tachan de trasnochadas.

Nuestras culpas empiezan desde este primer campamento. Resulta que les mandas para que se abran, para que desarrollen personalidad, para que les enseñen a valerse por si mismos, y nosotros no dejamos de pensar y pensar. Nos escudamos en que la sociedad tiene sus peligros, y los padres somos como la pareja de leones que no pierde de vista a sus cachorros. En la infancia que yo recuerdo no había tanto proteccionismo; no lo teníamos todo a la boca y a lo mejor no había campamento al que ir porque no se podía. Y hemos crecido como una generación fuerte, sin que nadie nos regalara nada, ni tampoco nos lo pusiera fácil.



Jul 14 2011

PUNTO Y FINAL EN AFGANISTÁN

Publicado el día 14 de julio de 2011 en el Diario Montañés

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Hace poco me mandó un buen amigo dos vídeos a mi correo electrónico. En el primero de ellos se veía a soldados norteamericanos en la terminal de un aeropuerto estadounidense, y cómo a su paso los ciudadanos les aplaudían en un claro signo de agradecimiento por su labor en el frente. El otro vídeo era más trágico pero a la vez enternecedor y emocionante. A una base canadiense llegaban los féretros cubiertos con la bandera de los soldados muertos en Afganistán. Desde su llegada a los cementerios de destino, había algunos cientos de kilómetros. En todo el recorrido, ciudadanos de toda clase y condición, a un lado de la carretera, esperaban el paso del cortejo fúnebre para aplaudirlo, saludar, llorar o mostrar con honor la bandera por la que dieron su vida. Afganistán nos ha arrebatado a nosotros dos soldados españoles más: Manuel Argudin Perrino y Niyireth Pineda Marín. Descansen en paz, con todos los honores, el primero el de nuestro propio reconocimiento como ciudadanos a su labor, a su trabajo, a sus familias, y al resto de nuestros militares destinados en misiones de guerra.

La guerra en la que estamos en Afganistán, sí, la guerra en la que estamos en Afganistán, ha de tener ya un pronto punto y final. Los países comprometidos en este callejón sin salida no paramos de tener bajas en una misión difícil de calificar hasta para nuestros militares, que piden atacar cuando los acontecimientos así lo aconsejen, en vez de atrincherarse de los disparos a bocajarro de los talibanes, que poco a poco, a fuerza de desgaste, van recuperando el país. Nuestros dos últimos soldados murieron al explosionar su blindado, seguramente bien equipado, pero en una guerra no hay tanque que no pueda ser volado por los aires porque siempre hay un arma que supera en potencia a otra. Ni España ni nadie, incluido los Estados Unidos, quieren estar ya en Afganistán. Es una guerra que no se puede ganar, como antes les pasó a los rusos. Al final, los talibanes terminarán por hacerse de nuevo con el control, o volverán en todo o en parte a gobernar este país, tradicionalmente ingobernable. De hecho, las bases militares de países extranjeros siguen en pie mientras no se deja de hablar con los líderes talibanes sobre el futuro inmediato afgano, contando con ellos y con lo que supone su ideología y sus creencias. ¿Para qué entonces tanto esfuerzo y tantos años de presencia militar extranjera?

Es una pregunta importante para una sociedad que tradicionalmente recela de las guerras, por lo que son y suponen en sí, pero también por la forma en que se cuentan, los porqués que se dan y la manera de zanjarlas cuando confluyen intereses que a veces se apartan de la lógica. Hay otro asunto no menos relevante para dejar atrás Afganistán. En los años en que los aliados llevamos allí, hemos enterrado millones de dólares y millones de euros, que nunca han sobrado, pero es que ahora con la grave crisis económica mundial produce indignación que el dinero se emplee en esto en vez de otras cosas que, con toda razón, reclaman los ciudadanos: menos paro, no a los recortes sanitarios o mantener las ayudas sociales a aquellos sectores que más lo necesitan. España está, hoy por hoy, destinada en demasiados lugares bélicos, empleando recursos económicos y humanos muy valiosos, y la siguiente pregunta es ¿para qué? Estamos no por capricho, es cierto, porque formar parte de la Unión Europea, de la ONU o de la OTAN acarrea que te ayuden y que ayudes. Aunque todo tiene un límite y lo de las misiones humanitarias ha pasado ya a la historia, aunque nunca tuvo mucha credibilidad que digamos porque nuestros soldados, hombres y mujeres, morían en el campo de batalla. Ha vuelto a suceder en los casos del sargento Manuel Argudín Perrino, natural de Gijón, y de la soldado Niyireth Pineda Marín, natural de Colombia. En Afganistán ya no pintamos nada y hay que poner punto y final a esta sangría de recursos humanos y materiales que se pierden. Es un clamor también en el resto de países participantes en la misión, a la espera de recoger los campamentos e irse. La diplomacia está haciendo sus deberes de forma rápida para que los ejércitos aliados regresen a casa, todos juntos, lo más pronto posible. Afganistán será entonces una incógnita, pero eso ya ha ocurrido antes con otros lugares como la antigua Yugoslavia o Irak. Los países deben aprender a salir adelante por sí solos, aunque esto sea mucho decir cuando hablamos de talibanes. La palabra talibán se usa hoy con mucha frecuencia para definir a una persona o un hecho irracional. La guerra lo es en sí misma, y nuestros hombres y mujeres lo han dado todo. Cuando el blindado salta por los aires tras pasar por encima de la mina asesina, se rasgan familias enteras, y es obligado mostrar orgullo y reconocimiento de país a nuestras tropas que defienden la libertad en lugares tan lejanos e inseguros.

 

 



Jul 13 2011

ODIADORES PROFESIONALES

Publicado el 10 de julio de 2011 en el Diario Montañés

Escuchando por la radio los últimos datos sobre las detenciones en la Sociedad General de Autores, la famosa SGAE, me llama la atención una expresión que nunca antes había oído, la de odiadores profesionales. Decía el presentador del programa que en este país hay muchas personas dedicadas a odiar a otras, sin conocerlas y, en algunos casos, sin haberlas visto nunca o cruzado una sola palabra con ellas. En la lista negra de odiados hay muchos nombres de toda clase y condición, y me temo que las manías persecutorias tienen mucho que ver con la envidia a la española. Artistas, escritores, periodistas, famosos de la tele y, por supuesto, ricos y premiados por su trabajo, están en el punto de mira de la crítica destructiva que en la mayoría de los casos no se basa en hechos objetivos. Cuando alguien hace dinero, es que lo ha robado. Cuando alguien sufre un traspiés, enseguida sale otro con la frase tan al uso de “ya lo decía yo que iba a acabar así”. Al revés, pero también sucede con el maltratador, a quienes muchos en su calle alcahuetan porque “nunca dio mal ejemplo y era una persona muy trabajadora y buen vecino”. A lo que se ve, tener buen ojo no es cosa de todos, y caer bien o mal al prójimo tiene mucho de suerte y de casualidad.

La envidia está dentro de nosotros desde que llegamos al mundo. Hablar de envidia sana siempre me ha parecido una idiotez. La envidia es la envidia y punto. Pero odiar por odiar, eso ya es otro cantar. Nuestro sistema educativo es deficiente por muchas cosas, pero cuando no sabemos controlar el odio porque sí desde el mismo colegio, ¡malo! Por la misma regla de tres, cuando a alguien en nuestro país le dan un cargo, todo son enhorabuenas y palmaditas en la espalda. Pura hipocresía, porque cuando te quedas sin él, el teléfono no suena, los emails no llegan y los tarjetones de despedida y buenos deseos escasean tanto como escribir una carta hoy en día. La cortesía muere más cuando queda superada por la envidia y el odio.



Sep 23 2010

EMPRESARIAS DE RAZA

Publicado el 23 de septiembre de 2010 en el Diario Montañés

Ser empresario hoy se las trae. Ser empresaria, más, por esa certeza de que por ser mujer encuentra más chinitas en el camino. También lo creo, y eso que la lógica no me proporciona respuestas coherentes a la diferencia que hay entre ser empresario o empresaria a la hora de jugarse su dinero a la sola carta de poner un negocio y hacer que prospere. La economía es machista desde que se ideó como tal. Siempre se pronuncia más el masculino a la hora de hablar de empresa, de producción e incluso de crisis. Aún no he visto en la prensa nacional una entrevista con una reputada empresaria española a la que se pregunte sobre sus recetas para salir de la crisis. Cantabria, sin ir más lejos. Tiene una escuela de empresarias que empieza en mis admiradas Conchita Mantilla o Ana Leal, que son las pioneras de las que tan acertadamente se llaman hoy jóvenes emprendedoras.

A la hora de iniciar un negocio, la mujer confía ante todo en sí misma, y en los más cercanos. No digo que no encuentre todos los apoyos precisos, pero siempre me parecerán pocos porque desde la industrialización y el comercio con las américas, a nuestros días, se ha venido hablando más del patrón, del jefe o del consejero delegado. Hay gremios y sectores productivos donde la mujer manda claramente, pero se habla tanto de economía global, de bancos y de multinacionales, que también se diluye la noción de lo que la mujer empresaria supone en el día a día de producir algo.. Hasta la pregunta de si el empresario nace o se hace no tiene sentido si al mismo tiempo no se pregunta por ellas. La mujer ya no tiene que demostrar nada y menos dentro del mundo empresarial. Otra cosa es ser mujer y tener empresa propia en países donde está mal visto. Mal visto aunque algunos hombres viven como turistas del sudor de estas mujeres. Las empresarias cántabras lo han hecho y lo hacen bien. No es nada nuevo, pero de cuando en cuando hay que recordarlo. Empezaron aquí y algunas ya hacen negocio en China o Rumania. De la raza se habla para determinar una cierta fisonomía, y de los jugadores de la selección de fútbol cuando remontan un 10 a 0. Pero, para raza, la de muchas mujeres empresarias.



Sep 20 2010

EL AÑO DE LA ENCRUCIJADA

Publicado en el 20 de septiembre de 2010 en el Diario Montañés

Una vez que la selección de fútbol ha ganado por fin el Mundial, lo pendiente en España a medio plazo es que sus habitantes nos divorciemos de la idea de que lo sabemos todo a cerca de todo. La crisis ha agudizado estos comportamientos, por la ausencia de ideas claras y la falta igualmente en escena de líderes con mente clara y la preparación suficiente para poner fin a tanto descarrilamiento  económico, político y social. En la pirámide del fracaso, está el paro y la falta de expectativas para muchas edades que oscilan de los 30 a los 50, y qué puedo añadir de una juventud que no tiene tiempo aún de lamerse en la herida de no hincarla porque no conoce lo que es tener un primer trabajo. Nunca antes, al menos que yo recuerde, los ciudadanos habíamos ido tan a nuestro aire. Nos hemos hecho reiteradamente la pregunta de en qué o en quien creer y la respuesta es de las que se puede hacer de rogar y esperar sentados. A fin de cuentas, no somos precisamente los que con un trabajo, familia e hipoteca hemos metido al mundo en esta encrucijada que va por semanas (unas mejor que otras), dependiendo que la Bolsa suba o baje, o que a España, los que pueden, nos compren deuda pública que proporcione liquidez al Estado para que el funcionamiento de todo su engranaje siga en movimiento y no se pare. Así y sólo así se pueden entender la duras medidas adoptadas por el Gobierno de bajar el sueldo a los funcionarios, congelar las pensiones y mirar con lupa cada expediente de ayudas que se contemplan en la Ley de Dependencia. Así y sólo así se puede entender que el asfalto para carreteras sea más escaso a partir de ahora en muchos puntos de España, o que la velocidad entendida hoy mediante un tren que lleva nombre de pájaro, se posponga a tales plazos que muchos de los que hoy bien respiramos, estaremos ya criando malvas cuando finalmente llegue el convoy a estación cercana.

Siento que mi generación ha perdido ya demasiados trenes, pero reconozco al mismo tiempo que necesito creer en cada oportunidad que se brinda para aportar una solución de soluciones que den pie a seguir pensando en crear empleo, progreso y bienestar general de cuantos más españoles, mejor. Por las mismas razones, puedo entender que al Gobierno, a fin de cuentas dirigido por personas de carne y hueso, no le queda otra que cerrar algunos de los muchos grifos que tenía abiertos, con el consiguiente ahorro de recursos que son de todos, que pagamos con nuestros impuestos, y que pueden tener mejores finalidades en los malos tiempos que corren para muchos ciudadanos en paro de larga duración. Más de un millón largo de familias lo sufren en propias carnes y pensamientos enloquecedores, sin ingreso de ningún tipo. En los últimos meses, la presión de Europa sobre España ha sido de tal envergadura, que la ansiedad gubernamental da para estar tomando antidepresivos el próximo quinquenio. Por si fuera poco, los que llamamos amigos dentro de una Unión de intereses políticos, económicos y sociales, van cada uno a lo suyo, y la vieja Europa cada día lo es más porque ya aburre que siempre se hable en clave alemana, francesa o inglesa. Con todo, el Gobierno debería haber hecho excepciones a la hora de bajar el sueldo a los funcionarios.

De junio a agosto, me he hecho eco de todo tipo de opiniones y conductas sobre la medida, e incluso me he topado con comportamientos despreciables que harían merecedores a sus protagonistas de conocer el paro que viven millones de españoles, y que no gozan de esta garantía segura de empleo que sí proporciona trabajar como funcionario o laboral fijo dentro de las muchas administraciones existentes. Si escuece que a un trabajador le bajen el sueldo, más duele que la medida no sea igual para todos, por la presión que siempre han venido ejerciendo en este país determinados colectivos profesionales. Al poco del anuncio oficial, ya se conoció la huelga del Metro de Madrid, con un final conocido, pero no así lo suscrito como acuerdo salarial que apenas roza una bajada de un uno por ciento mensual. Luego, llegarían los controladores aéreos, y en medio de todos, los miembros de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a quienes creo sinceramente que no habría que haber tocado el salario. La labor de un policía, de un guardia civil o de un militar profesional, no está de por sí suficientemente pagada, y lo hemos puesto de manifiesto en demasiadas ocasiones con motivo de momentos trascendentales donde el trabajo de estos servidores públicos ha puesto de manifiesto que tenemos a grandes profesionales en estos puestos de la seguridad del Estado, que es tanto como decir la seguridad de todos los españoles.

Entiendo sus quejas al respecto, y no las tacho, como a otras, de insolidarias y mezquinas, con paros y protestas que hacen sonrojar a cualquiera con dos dedos de frente por lo que tienen de perjudicar al prójimo. Un país donde se toman medias de emergencia nacional, crea al mismo tiempo bochornosas diferencias. Unos, porque tienen la fuerza de dejar apeados a millones de pasajeros de un vagón o avión, y nunca antes se les ha puesto límite. Otros, porque siempre han sido unos hipócritas con las ideas y el sentir democrático, alejados del país que se sustenta en los pilares que representa cada uno de sus ciudadanos, por igual. De aquí emana la ley, la justicia y la igualdad. Hasta que llega la hora de tener que rascarse el bolsillo, y por cincuenta euros de rebaja en su sueldo mensual, ya sólo creen en el monedero. La gran crisis de este país se llama oportunidades. O no las hay, o escasean como el salmón, y aquí empieza la gran desesperanza para muchas personas que, con toda razón, se sienten discriminadas por falta de trabajo, de una vivienda digna, de acceso a créditos, o porque lo que a unos les quitan, se lo dejan a otros que tienen fuerza y poder. Frente a los derrotistas, no se trata de aquello tan de la Roma antigua de que “suben los tributos, suben los precios, cada día hay más pobres, y los descontentos son ya legión”. Lo cierto es que estamos viviendo un año en la encrucijada, y los sanedrines políticos de todo el mundo deben de saber que el tiempo corre y no tiene porque ser en contra del pueblo.

 



Ago 24 2010

CUANDO HAY TRAGEDIAS

Publicado el 24 de Agosto de 2010 en el Diario Montañés

Cuando hay alguna tragedia en España, los días posteriores al suceso se llenan de preguntas y lamentaciones, muchas de las cuales se quedarán en el tiempo sin respuesta, pero no erradicará, al menos pronto, la causa del accidente, hasta la siguiente vez. La catástrofe de Castelldefels ha sido el último terrible siniestro, y han muerto arrollados por un tren trece personas y catorce heridos, algunos de ellos en extrema gravedad. La fatalidad hizo que un nutrido grupo de personas que querían celebrar la Noche de San Juan cruzaran la vía de la estación ferroviaria, en el mismo instante en que circulaba un tren “Alaris” a 139 kilómetros por hora. Se quemaron en la propia hoguera de la fatalidad que muchas veces se alía cuando las celebraciones de todo tipo arrastran a las multitudes. Como siempre sucede en nuestro país, accidente es igual a polémica y a buscar culpables, aunque no los haya a priori. Se abren debates, a veces absurdos, en la mayoría de las ocasiones estériles, en vez de arrimar el hombre y aplicar soluciones rápidas a las deficiencias circulatorias o de otro tipo que puedan darse en los lugares de los accidentes. Así, no es difícil que la falta de un semáforo que provocó la muerte de un niño, pase un año, y el lugar fatídico siga como estaba. Después de los accidentes y tragedias se producen demasiadas palabras y demasiadas promesas. El contribuyente no las pide, las palabras, al menos en la cantidad en que se propagan, y cree más en los pasos de cebra, en la vigilancia policial, en controles, en mejores señales y más luminosas que sirvan como el semáforo de árbitro fiable entre coche y peatón.

Hace demasiados años que estamos a vueltas en este país nuestro con lo de los puntos negros por tierra, mar y aire.Parece claro que en Castedelfells los ciudadanos fallecidos cometieron la imprudencia de cruzar por donde lo hicieron. Pero no es menos cierto que si, a base de fiestas y fiestas de San Juan, sabes ya lo que te vas a encontrar, la vigilancia debiera de haber sido más estrecha y haber entrado a trabajar antes para controlar de antemano a los viajeros. Somos así y tendemos a complicarnos la vida haciendo nuestro camino por zonas que son peligrosas. Este hecho inherente al ser humano no justifica por si sólo que siempre hay que tomar medidas, prevenir, y aumentar la vigilancia donde se requiere. La Estación de Casteldefells, junto a la playa, y en noche de hogueras de San Juan, era para haberlo pensado dos veces. Se toman medidas de más vigilancia para el regreso de los juerguistas pero no para su llegada a los lugares de fiestas. ¿Cómo se come esto? Nada de que debió estudiarse con mejor cabeza resta culpa a que las vías no se cruzan y mucho menos en una estación de la circulación y por lo tanto el peligro que acarrea una como de la Casteldefells. Al día siguiente, la policía detuvo a una joven mentecata que hizo lo mismo que los fallecidos y heridos, y encima no quiso identificarse cuando la policía se lo pidió. Para casos como éste, hay previstas multas en España, y no estaría de más empezar a dar ejemplo y que los ciudadanos tomemos de lo que hay que hacer y no hacer después de pagar la multa correspondiente. Otra muy típica de este lado de Europa es que la haces, encima te extraña que te multen, te quejas, y no pararas hasta que en la medida de tus posibilidades evites finalmente la sanción. Dicho lo cual, las diferentes administraciones tienen la obligación de proceder a una continua conservación y mejora de todas las infraestructuras, y la crisis tampoco tiene que ser un impedimento ni mucho menos para que vías y carreteras, y lo que conllevan, tengan a diario el mejor de los aspectos. Casteldefells había tenido muchas mejoras, y con todo se han creado dudas sobre la escasa señalización para usuarios. Los pasajeros pagan un billete y cuanto más información visual reciban, mejor que mejor. Lo que hagan después con su integridad física los usuarios del tren, queda a su mejor entrever.

En la mayoría de los países, y no digamos los más afectados por tragedias naturales, gastan más esfuerzos en preguntarse cómo es posible que sucediera semejante calamidad, que en prevenirlas de antemano. Rercordamos tsunamis, terremotos e inundaciones donde el debate giró en torno cómo se podría haber evitado. Tras la tempestad, y una vez que llega la calma, la presión local afloja y el levantar barreras seguras para la siguiente mala ocasión se olvidan. De manera permanente, los ciudadanos somos los primeros en poner el grito en el cielo, incluso en denunciar públicamente, que se tomen medidas en un determinado lugar, antes de que haya que lamentar algún herido o fallecido. A veces es el presupuesto de la obras, otras la competencia de quien tiene que hacerla, y otras sencillamente el olvido, hasta que de forma brusca y rompedora aparece la fatalidad. Si es cierto que prevenir es curar, lo de Casteldefells debiera ser un punto y final para la pérdida de vidas relacionadas con las infraestructuras de un país tan moderno como el nuestro. Las tesis oficiales no coinciden con las de los familiares, y eso tampoco es bueno en un país de lamentaciones donde todos tenemos razón. Hubiera sido mejor no generar ningún tipo de duda, aunque las investigaciones no van a faltar como mejor garantía para todas las partes implicadas. O eso es al menos lo que se dice tras un accidente, aunque luego el transcurrir del tiempo acostumbre a crear tanto desasosiego en los familiares de las víctimas.



Jul 19 2010

ATENDER BIEN AL PÚBLICO

Publicado el 19 de julio de 2010 en el Diario Montañés

Transmitir simpatía debería ser una exigencia a vigilar para trabajar de cara al público. Estoy harto de ver caras largas detrás de mostradores, y lo mismo podría  llamar su atención respecto a algunos que atienden mesas. No me atrevo a decir que se ha perdido la educación en estos supuestos de la introducción, pero sí que  hay personas con suerte porque tienen un trabajo, y para colmo nunca van a comportarse dentro del mismo como recomienda la cortesía. En su gran mayoría, el público  acostumbramos a tragar con malas contestaciones y comportamientos, pero no es menos cierto que van en aumento quejas y denuncias presentadas en todo tipo de establecimientos, y pongo por caso cuando te dejan durante días tirado en un aeropuerto, sin ofrecerte siquiera un triste bocadillo.  Hay tiendas en las que parece que te hacen un favor porque les compras. La crisis saca punta a todo,  desde los precios a la baja, a la mejora atención a los clientes que escasean, porque de repente nos hemos puesto a ahorrar y gastar lo justo. Un profesional con unos estudios superiores concretos que termina trabajando en algo que no le gusta, es muy difícil exigirle esa sonrisa. Pero hete aquí que este no es el problema del cliente de una gran superficie, de una pequeña tienda, de un supermercado, o de un bar o restaurante. Enumero estos supuestos porque es donde más padecemos los clientes esos rostros idos de algunos dependientes que, llevando sólo una hora de trabajo, ya están deseando que acabe la jornada laboral.

Con estas maneras, es imposible llegarle a nadie y no es de extrañar ese anuncio televisivo de quien hace cola, le atienden ya, y ante el careto de la cajera le aconseja tomar una determinada marca de barrita de cereales,  que le haga más feliz. Hay muchos casos buenos que se abren camino entre la creciente descortesía. Correos, por ejemplo. En la sucursal donde echo mis cartas, a cualquier hijo de vecino le dan una y mil explicaciones encantadoras para que el contenido del sobre o paquete llegue correctamente a su destino. ¡Ojo!, que en las colas hay también mucho intolerante, y en los centros comerciales y otros negocios hay devoluciones de compras que son para como para salir en las páginas de sucesos. Me vienen a la memoria otros escenarios a mejorar. De vuelta a los aeropuertos y aviones, ya no son lo que eran. Los “avionucos” de ahora son tan estrechos por dentro que los auxiliares de vuelo tienen que escasear por narices. A veces, te narran lo del chaleco salvavidas en tantos idiomas, que se olvidan de la lengua nacional. En las grandes terminales, los eternos pasillos y las máquinas, han sustituido a la bienvenida calurosa de un personal que se ha hecho, a la fuerza, también más mecánico.

 ¡Y qué quieren que les diga del teléfono..! Hoy, sencillamente, te avasallan en el fijo de casa o en el móvil. Te llaman sin conocerte de nada, apenas te preguntan, y ya te están vendiendo un seguro de vida, otro del hogar o el de última generación, que es uno por si te quedas en paro. Reconozco que me ha dado siempre corte no atender bien a estos salteadores de mi línea privada, a los que no veo el rostro y nunca antes les había dado confianza alguna, ni mucho menos mi número de teléfono, para usarlo así de mal. Si paso del móvil al correo electrónico, me podría perder en insultos. Cada día, me llegan mensajes de extraña procedencia para convencerme de que viaje, compre viagras, coches, participe en concursos, haga más relaciones personales, o adquiera la última máquina para hacer ejercicio, fácil de utilizar y después plegar.  Día tras otro, más de lo mismo: seleccionar mensaje que no quiero y borrar. Cada vez que me preguntan en un cuestionario por mis datos personales, no lo pienso un instante, nada de nada. En este país nuestro siempre se ha mostrado poco respeto hacia la intimidad de las personas. Hablar, se habla mucho de ello, e incluso hay eso que se llama protección de datos, pero no se cumple. Este asaltarte por teléfono o por Internet, tiene menos reglas aún de educación. No quiero dejar de citar los momentos elegidos para molestarte. Lo mismo les da que sea hora de comer, que los veinte minutos de sofá que tienes, antes de regresar por la tarde al tajo Podría entender que me llamara un banco con el que tengo cuenta, pero que me mensajeen todos los que están en el mercado, y a cuyas sucursales nunca he entrado, ¡es un misterio para mí!

Todo esto de atender adecuadamente al público y, por supuesto, mejor, tiene que ver, claro está, con la formación de los que primero van a una escuela y luego terminan en un centro de trabajo, incluso pasando antes por la universidad. Alguien antipático, no debería tener ningún tipo de contacto con quien tiene un impreso de cualquier tipo por resolver. Todo el que lo quiera, debe de tener un trabajo, pero los hay que pueden hacer mejor labor en el banquillo, símil que utilizo para esos otros puestos de supervisar papeles, rellenar expedientes, y compartir mesa con otros parecidos a ti. De la mala opinión que existe hacia determinadas profesiones, tienen más culpa los que se comportan frente a los demás de manera soez y rancia. No cuesta nada atender siempre bien a quien te llega con una solicitud concreta para que le digas cómo hacerlo bien. No me extraña que algunos ciudadanos acudan a determinados organismos con el temor de cómo le van a contestar. Con el público, lo primero saludar; lo segundo, atender educadamente con una sonrisa; y para acabar, ayudar a la persona y explicarle educadamente cuantas veces sea necesario como resolver el asunto que lleva entre manos. Como parte del guión, toda persona debería abandonar un organismo o un negocio con la satisfacción de haber recibido la mejor atención posible.



Jul 15 2010

ENTREVISTA A UN PORTERO

 Publicado el 15 de julio de 2010 en el Diario Montañés

         Al finalizar el partido España-Chile que nos metió en octavos dentro del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, más que en el juego de la selección, el coloquio se centro en determinadas manifestaciones sobre la relación personal de una guapa periodista televisiva con el portero titular español. Que ambos jugaran el mundial desde la retransmisión televisiva, una, y el fútbol, otro, ha sido motivo para el retorcimiento de ideas sobre si Casillas jugaba mejor o peor teniendo a su novia tan cerca. Cuesta creerlo, si no es porque incluso prestigiosos rotativos extranjeros entraran en el asunto nada más perder España con Suiza, y, tras ellos, casi todos los demás medios de comunicación españoles. Antes de que me sacaran de dudas las espectadoras femeninas con las que también veía los partidos, yo mismo albergaba alguna duda sobre saber diferenciar la relación y el trabajo de cada cual por el bien de nuestros jugadores y del ánimo de todos los seguidores y seguidoras. Craso error por el que tuve que pedir perdón esa misma noche de gloria, porque este asunto nunca tendría que haber merecido titulares ni grandes ni pequeños, lo que ha sido un machismo sobrado, no caben zarandajas y explicaciones de ningún tipo a la hora de armar semejante polémica, tan estúpida desde el primer minuto. La periodista es buena, hace notablemente su trabajo, y su vida privada le corresponde únicamente a ella, máxime si (como es cierto) nunca ha mezclado churras con merinas. Se puede decir lo mismo del jugador de fútbol, pero es que las miradas se han centrado casi exclusivamente en la periodista, y no ha sido precisamente por la belleza de su rostro, sino para ponerle la zancadilla en su prometedora carrera profesional.

          Me llama poderosamente la atención lo machista que sigue siendo el deporte, y la necesidad de tomar cartas en el asunto de una vez por todas, sin olvidar que el reciclaje personal es posible, así como las llamadas al orden desde las más altas esferas sobre el error de estas falsas polémicas, pero que hacen mucho daño a los protagonistas, sin comerlo ni beberlo. De hecho, cuando escribo para el Diario esta opinión, leo al mismo tiempo en uno de los medios que tanta atención ha dedicado a la periodista, que su nivel de aceptación entre los telespectadores ha bajado a raíz de todo lo que se ha dicho y se ha escrito sobre su labor en el Mundial de Fútbol y su relación con Casillas. Diversas crónicas prefirieron centrarse de forma perversa en que, cuando el rió suena, es que agua lleva. Lamentable. Bochornoso que desde los medios de comunicación que tanto y tan arduamente venimos informando y colaborando por una igualdad real entre la mujer y el hombre, nos prestemos a este tipo de debates que más parecen de la telebasura, tan criticada como vista, y que, por supuesto, también entró de lleno en la relación de la periodista y el portero de fútbol. A lo que se ve, pedir respeto a la vida íntima de las personas, a su profesión y libertad de hacer y de actuar, es una cosa, y salvaguardarla de dudas, de chismes y de comentarios absolutamente machistas, otra muy distinta. Así, lo que hacemos es retroceder en libertad.

Queremos desde la escuela que nuestros jóvenes se forjen en democracia, en valores, en igualdad, y en el respeto de opiniones, ideologías, religiones y formas de pensar y de sentir. Queremos erradicar males de nuestra sociedad, que ya nos tienen más que hartos, porque siempre traspasan la puerta indefensa de la mujer que recibe maltratos de diferente manera. Queremos acabar con la violencia de género. Queremos incluso involucrarnos en la cárcel que es para muchas mujeres andar por la calle con un burka. Queremos y queremos y queremos…, hasta que vuelve a salir en un momento dado lo peor de nosotros mismos, y cuando España acaba de ganar por 2 goles a 1 a Chile, y en nada ha tenido que ver para este buen resultado una periodista que espera a que se pite el minuto 90 para recoger declaraciones a pie de campo, y entre ellas, ¡por qué no!, también están las de su propio novio, nos perdemos en chorradas. Por cierto, impecables entrevistas las que hemos visto de esta  profesional que, como tantos en España, sólo tiene la desgracia de que la cámara la adore y, encima, ser una belleza. Deberíamos sentirnos contentos de que todo en ella sea así pero, a cambio, la hacemos sin serlo otra protagonista del Mundial. Cuando delante de tí, en el terreno de juego, tienes y buscas la noticia, y detrás un montón de cámaras que te graban para luego distorsionar la información, no puedo por menos que sentir lástima hacia los que actúan con esta premeditación. En España, se empieza por Belén  Esteban, y sus altas cotas de audiencia, y ya se buscan nuevos escenarios que terminan siendo auténticos estercoleros para el insulto, la invención, y la agresión machista. Este ha sido el caso de una periodista con todo el derecho que la da la acreditación de su medio a entrevistar a un portero, que da la casualidad que es su compañero. ¿Dónde está el problema?