Jun 27 2010

HISTORIAS DE CALVOS

Publicado el 26 de Junio de 2010 en el Diario Montañés

Quizás por serlo, nunca antes me había planteado en voz alta nada acerca de los calvos. El impulso inicial es buscar algo para leer de la calvicie, los calvos del cine, del fútbol actual o de los toros, donde se dan menos por eso de que el matador lo es también en razón de que lleva la coleta y no deja de serlo hasta que se la corta. Como tal gusto por ser calvo, al menos yo, no he hallado aún a nadie que esté contento con lo que tiene encima de las ideas. Durante un tiempo, me hizo ilusión que mi hijo pequeño pensara que mi calva era un corte de pelo que me gustaba hacerme. Ya no cuela, y tiene oído que ha sacado el cabello de su madre con lo que hay menos canguis de quedarse calvo por línea de padre. La calvicie y el estiramiento de lo que ustedes ya saben son cuestiones para las que el hombre siempre ha buscado el milagro de la medicina, de la investigación, y más pisando suelo, la botica china que se publicita muy bien desde las películas de Bruce Lee. Los listos de verdad, ya te lo avisan: “¿tú crees que si hubiera algún producto eficaz contra la calvicie, el actor de La Jungla de Cristal I, II y III (Bruce Willis) estaría como está?”. Va a ser que llevan toda la razón, pero la búsqueda de la eterna juventud, tener pelo en la cabeza y acabar con la celulitis, han estado siempre vinculados a esa anhelada imagen personal. Lo curioso es que alguien que goza de una tupida cabellera, torne su imagen en calvo a lo Yul Brynner (el de “Anastasia” y “Los Hermanos Karamázov”), de la noche a la mañana. Hace  poco me topé con este caso y le pregunté a qué se debía cambio tan drástico. Mi amigo me comentó -sin darle excesiva importancia- que acostumbraba a visitar y animar a otro amigo suyo, con cáncer, y que debido a la quimioterapia le veía aún más abatido porque se le había caído todo el pelo.

 Hablar de solidaridad de la buena es una cosa y encontrarla, además cerca, otra muy distinta. Estos dos calvos que van recuperando cada uno su pelo, ya eran viejos conocidos, pero en el drama del enfermo y el comprometerse del sano, tienen una historia de pelones digna de contar en lo que supone que una persona sienta algo por otra. Al elegir a posta el verbo sentir, no me refiero a pena o a lástima sino precisamente a compromiso. Los enfermos con diagnósticos tan complicados saben muy bien lo que digo, no pudiendo esperar en muchos casos algo más que unos  meses de vida, lo que te lleva a vivir el hoy y el mañana con toda la intensidad emocional que puedas. La grave enfermedad de personas cercanas genera miedo, desconcierto y, por que no decirlo también, cobardía. Los calvos de esta historia se ríen ahora juntos del tiempo pasado, y seguramente ya no gastan ni saliva en recordar las largas tardes de hospital, sus charlas, y los temores y desconsuelos en los que estaban siempre presentes los familiares del paciente. Por imaginar, yo no imagino nada porque no me puedo poner en la piel de ninguno de ellos. Sólo digo que entre tanta mala noticia, en una crisis económica gravísima, a la que se suma la de valores y solidaridad, de vez en cuanto reconforta que llegue a tus oídos un gesto de peso. Desgraciadamente, una crisis refuerza más el “sálvese quien pueda”, como argumento más negativo que tiene el capitalismo feroz. Cierto es que este egoísmo quiere contrapesar sus abandonos con un estado del bienestar que se ocupa de la sanidad, de la reinserción, de la caridad, de la solidaridad o de la integración. En este nuevo siglo que corre que se las pelas, estos conceptos van a ser puestos en cuestión permanentemente. De hecho, sucede ya, y la respuesta no está en las decisiones que tomen los gobiernos ni los macro foros con congresistas internacionales, que no pueden tomar la palabra por todos los ciudadanos de un mundo desconcertado, sin causas, que no lucha por respetarse a sí mismo. Cuando llegó al poder, una de las primeras cosas que dijo Obama, fue que la necesidad de ayuda, la discriminación, está más cerca de cada uno de nosotros de lo que creemos. Al presidente norteamericano, como es lógico, luego le han podido problemas de magnitud, tal como ese peligroso corredor que va de Wall Street y la crisis del dinero, a la guerra de Afganistán.

El individuo ya no está en el mensaje sencillo, y uno se puede quedar calvo por muchas razones, incluso por tirarse tanto del pelo por las injusticias que cometemos a favor del hambre, las enfermedades, la sed, y el que le den por el saco a los países que menos tienen, más si cabe, estando el mío propio como ahora está. Puede que más de uno piense entre la relación que tiene que alguien se rape a cero el pelo, para hacerse semejante a otro que se queda calvo por un cáncer. Bien, es simple y llanamente un gesto de humanidad, cada vez más caros de ver. Cuando el calvo dos fue por primera vez a visitar al calvo uno, la charla derivó en quién tenía más problemas, el que hablaba postrado o el que lo hacia de pie. “Si quieres te cambio tu problema por el mío”, recibió como respuesta contundente a la vez que temerosa quien hablaba desde un cuerpo sano. Al final, dos calvos implicados por la amistad y el cariño, pueden contar juntos la mejor de las historias, como es la de disfrutar de vida.



Jun 21 2010

VIDA DE ESPAÑOLES (NO TODOS)

Publicado el 21 de Junio de 2010 en el Diario Montañés

Estoy tomando un café y me meto en una conversación de barra que habla de la forma de vivir que han tenido muchos españoles, al menos, quince años para atrás. Escucho de otro cafetero que lo mismo se pedía un crédito para comprar una televisión de plasma que para irse de vacaciones en plan nacional o al extranjero, daba igual que daba lo mismo. Con este boom de pedir para todo, las entidades financieras estaban encantadas de haberse conocido con el sólo gesto de “firme aquí, y aquí, y aquí también y ya estamos en la última página, aquí, es aquí…” Fueron años donde las carteras de bolsillo o de bolso se hicieron anchas porque en su interior guardaban, aún lo hacen, tarjetas de créditos de todo tipo. Te las ofrecían, las cogías y las usabas a destajo. Poco a poco nos fuimos haciendo con un tipo de vida de pedir, de gastar, de tener por tener, de alcanzar lo de otros,  de poseer, de usar y tirar, de vestir, de comer y cenar en los mejores restaurantes y de pisar el acelerador a un buen coche, eso, si no tenías otro, como una televisión en cada habitación de la casa. Los españoles (no todos) nos hicimos  de esta pasta; queríamos todo o nada, sin que siquiera fuera cortapisa elemental que una pareja ganase 2.000 euros entre los dos, abocándose al apaño para poder acabar cada mes. Así pasaba mayormente hasta que la crisis ha hecho reventar en mil pedazos este conocido sistema de vida a la española.

 A estas alturas del 2010, muchos ciudadanos han perdido bastante o todo de lo que era su patrimonio o su bienestar personal. La espiral de penurias empieza cuando pierdes el trabajo. Los créditos, muchos y variados, no esperan. Incluso bajan los sueldos de los funcionarios y de trabajadores de muchas empresas, pero la cantidad al mes de la hipoteca, esa, sigue inamovible. La casa siempre ha sido la propiedad más preciada en nuestro país. Perderla, es lo más, pero el caso es que es el camino que siguen muchos expedientes de desahucio, que ponen en alerta de la situación actual que viven demasiadas personas, en especial los parados. Esta forma de vivir y de hacer ha contagiado durante los años de bonanza económica de España incluso a muchos extranjeros que hoy están perfectamente integrados entre nosotros, muchos en el desempleo también. Lo que hacen los parados en general se asemeja al título de la película “Los Lunes al Sol”, pero hoy la lógica te lleva a que se dedican a la economía sumergida que no paga impuestos, porque si no la calle no aguantaría esta situaciones dramáticas. Estoy seguro que muchas personas piensan que haber vivido tan a lo grande, ahora que incluso lo reconocen abiertamente otros países como Alemania o Inglaterra, ha sido simple y llanamente un terrible error. El arrepentimiento, para algunos, llega demasiado tarde. No vayan a creer que de este comportamiento tiene sola culpa la persona que se mete en tantos fregados de créditos y débitos al mismo tiempo. No, no es así. Esto es como lo del tabaco o la bebida. El papá Estado impulsa que dejes de fumar y te pone fotos de pulmones podridos en las cajetillas, mientras sigue recaudando millonarias cantidades mediante impuestos directos a estos productos. Y, así, ¡no vale! Nuestra juventud, sobre todo, no hace otra cosa que hacerse eco de la España del pelotazo, donde todo parecía al alcance de la mano. Si se levantan tantas casas, surgían como las hormigas en verano miles de inmobiliarias que durante unos pocos años hicieron el agosto, pero ahora se aplican su propio cartel de “se vende o se alquila”. Me entra la risa floja cuando oigo hablar del nuevo futuro que nos espera sustentado en una nueva educación que nunca llega. Hasta nuestros colegiales hablan de la crisis como si fuera un programa nuevo de esa televisión que tanto les atonta y les engaña.

La cultura del esfuerzo abundaba y abunda, sencillamente, por su inexistencia. Y como tantas cosas de las que se habla que no pueden seguir así, esta es la primera de la lista. Hasta hace dos días, la mejor opción de un chaval, o ser funcionario, o pasar de un Gran Hermano a un programa donde no paras de decir chorradas pero te pagan 30.000 euros la sesión. De convencidos de ello, han pasado, como los demás, a estar desconcertados. Pero para ellos, como jóvenes que tienen toda la vida por delante, es peor. Han oído, o al menos eso creo, de sus abuelos y de sus padres, que en la vida nadie te regala nada. Que las cosas se ganan con trabajo, con esfuerzo y dando tiempo al tiempo. Muchos lo han tomado, de ahí sus comportamientos, como historias de abueletes. Por cierto, muchos de estos abuelos, con sus pensiones, vuelven a recoger y a sustentar a sus hijos, que han regresado con sus padres, después de perder su trabajo y a continuación su casa. Esto ha sido siempre una de las mejores cosas que tiene este país: la familia. Con la familia sabes que puedes contar. Y en el seno de una familia, es donde mejor se asemeja la realidad, se reajusta una vida, y, por qué no, se vuelve a empezar de otra forma, sin incurrir en los errores del pasado. Ya lo decía mi tía Elvira: “El molinero velando gana, que no estando en la cama” ¡Que razón tenía, recomendando la actividad y el trabajo, en vez de sueños vacíos.



Jun 7 2010

EL NUEVO MACHISMO

Publicado el 7 de Junio de 2010 en el Diario Montañés

Cada vez que un homónimo del mismo sexo masculino me comenta que las mujeres arrasan hoy en día en todo, y tienen una preparación mucho mejor que los hombres en cualquier materia, ¡date, me huele a chamusquina! Verán por qué. Con la gran preparación femenina, ha nacido una nueva especie urbana que deja todos los asuntos en manos de su mujer, su novia, su compañera o su amiga, porque nadie como ellas para saber desenvolverse en esta vida. Como se dice vulgarmente, no es otra cosa que echarle una jeta descomunal al tiempo que practicamos el peloteo más niño con ellas para que no se sientan asfixiadas con el montón de tareas con que las agasajamos. Que hay que hacer la declaración de la renta, que sea ella la que la cumplimente porque uno jamás ha entendido tanta pregunta con casillas incorporada que hace el fisco. Un trámite con el Ayuntamiento,  mejor que el joven varón se quede al margen no vaya a ser que le pidan algún papel que ha de presentar y con el que no contaba. Los idiomas… ¡Vamos con los idiomas! Para entenderse por el mundo en las vacaciones o si algún guiri nos para alguna vez por la calle con un mapa callejero, lo mejor es que nuestros hijos y, de paso, la madre, aprendan idiomas para estar al día. Cantan los datos de siempre que en España se nos dan muy mal los idiomas, y parece ser que esta maldición recae más en el hombre que en la mujer. No, en serio, lo que algunos españoles practicamos bien es el teatro aficionado que a la postre resulta el más adecuado para librarse de muchas tareas de las que se llevan a cabo fuera de casa. Así, se acumulan para la mujer las cuestiones de médicos, de dentistas, de viajes, de la contribución urbana y de pegarse con la Telefónica si no estamos de acuerdo con el último recibo que ha llegado del móvil. El teléfono es de él, pero de sacarle las castañas del fuego, se encarga ella.

 Una amiga me pone sobre mejor pista al contarme la siguiente historia. Marchan de viaje a otro país donde ni siquiera saber inglés es suficiente garantía para tomarse un té en un café típico del lugar. Algunos países son machistas en esencia aunque sus mujeres están dispuestas a defender, ante quien sea,  que no es así. Pues bien, hete aquí que tres mujeres, con tres hombres, tienen que entenderse con los lugareños. Las primeras les hablan en inglés, pero los nativos, en su idioma, hablan mirando sólo a los españoles que no saben reaccionar. Las nuestras continúan erre que erre sin cortarse un pelo, y hacen bien. La moraleja de esta historia es que son muy pero que muy  machistas los de fuera, aunque los de aquí ejercen un nuevo machismo que consiste en dejar que las mujeres se hagan cargo de todo, de lo bueno, y especialmente, de lo complicado. Desde luego, las nuevas españolas o, para que suene mejor, las nuevas generaciones de españolas, ciertamente, saben desenvolverse en cualquier situación o escenario. No lo digo por quedar guay, a fin de cuentas la crisis es un marrón para muchas cosas, pero no tiene por qué evitar que sigamos con la educación, con la igualdad o con la erradicación de todo tipo de diferencias entre sexos. En España, cuando se está en la solución de alguna de estas viejas diferencias, se inventa otra, se saca de la chistera otra. En este caso está este nuevo machismo, más urbano que rural, pero todo se andará. Algunos hombres aprovechamos la preparación de nuestras compañeras, sencillamente, para hacer menos. Eso sí, el varón es el rey del elogio. “Tengo una mujer que vale mucho”, o “de estos temas, se encarga mi mujer”, o “no quiero meter la pata, se lo voy a encargar a ella”. Me gustan las sociedades avanzadas donde la democracia hace notar menos las diferencias en todo, pero es lógico no dejar de reclamar que la igualdad tiene que ser visible y improbable. Cuando un país logra la igualdad total, siempre va a haber otro en el que queda mucho trabajo por hacer. Darle tanto chance verbal a la mujer en casos puntuales, termina por ver el plumero al alagador, no todos, que lo que no quiere es complicarse la vida con asuntos que saben resolver, de sobra. Por supuesto que los hombres sabemos rellenar las casillas de la renta, y por supuesto que delante de una ventanilla administrativa nos sabemos desenvolver igual que las mujeres. El caso es querer hacerlo, ¡no tiene más misterio!. El nuevo machismo creciente por la disculpa de no saber hacerlo, es una mentira que unos cuentan mejor que otros y son una práctica que unas mujeres aceptan mejor que otras. A la discriminación en sueldos por ser mujer, al lenguaje sexista y a las tareas de la casa, se acaba de sumar esta estupidez tan machista de que la mejor preparación en estudios o laboral de la femina la hace acreedora de ser la portavoz oficial de la familia o la pareja ante cualquier cuestión que el hombre entienda que requiere de una agilidad mental o rápida respuesta. En inventiva, la historia dice que el hombre siempre ha sido “superior”. Baste como botón de prueba este nuevo machismo surgido de la idea de que, como la mujer está mejor preparada, es mejor que se encargue de hacer todo.

 



Jun 3 2010

LA HUCHA DEL CERDITO

Publicado el 3 de Junio de 2010 en el Diario Montañés

Además del paro, lo que se ha disparado en España es el ahorro. Como parte del mobiliario de las casas, ha regresado de repente aquella imagen de la hucha del cerdito, más típica en generaciones de los años 80 para atrás. Estudios recientes concluyen que ahorrar por si las moscas se ha convertido en una obsesión de muchas familias, que estiran el dinero más (¿cómo lo harán?), salen menos de casa y, si lo hacen, gastan lo justo y consumen lo mínimo. Así luce el pelo a los medianos y pequeños comerciantes, donde en la soledad de muchas tardes sin clientes, echan en falta aquel impulso gastador que hemos tenido los españoles hasta el año 2009. La crisis trata de engañar a la cartera, y en las estanterías de establecimientos de lo más variado se publicitan ofertas de 2×1 y de 3×1. Pintando bastos, es una forma de aplicar electroshock de emergencia al bajo consumo, aunque muchos declaran tener su economía tan asfixiada que no pican ni por estas. Con crisis o no, la vida sigue cara y no ha perdido actualidad aquella pregunta que nos venimos haciendo desde la entrada en vigor del euro como moneda de la Unión Europea: “¿dónde voy con 50 euros?” (8.319 de las antiguas pesetas). Antes, con este dinero, llenabas dos carros de la compra en un hipermercado. Hoy, llevas dos bolsas, una en cada mano, y te dan unos pocos céntimos de vuelta por lo poco que has comprado y lo mucho que te ha costado. El billete de cinco euros vale lo que su propio papel, nada; con el de diez te da para los pequeños gastitos del día; el de 20 se te va en un santiamén y el de 50, en cuanto lo cambias,  ¡adiós, muy buenas! El coste de la vida requiere de suficiente coraje para aguantar más el dinero dentro de las carteras. Bonito deseo, aunque para muchos es ya demasiado tarde. En la crisis han perdido el trabajo, la casa, el potente coche y el fondo de armario. Un buen empleo, al menos un empleo fijo, lo era todo para esta forma de vivir por encima de los sueldos. La crisis no está dejando títere con cabeza. Y quien tiene un cerdito bien alimentado en la costumbre del ahorro, tiene un gran tesoro. Quienes entregaron  sus ahorros a  cerdos financieros de carne y hueso, se han llevado en cambio como premio una ruina de la que ya no levantan cabeza.