Feb 25 2010

¡ALTAMIRA, MON AMOUR!

Publicado el 25 de febrero de 2010 en el Diario Montañés

Este periódico acaba de dar un notición de los que hacen de verdad subir puntos a Cantabria de cara al interior de España y, especialmente, hacia el exterior. En concreto, la gran noticia es que Altamira puede abrirse. Hablamos claro está de las cuevas originales, que llevan años cerradas para su mayor conservación, y que ahora puede dar paso a visitas controladas a esta hiper maravilla, la primera y mejor del mundo, sin duda, del arte rupestre. Se ha dicho que Altamira, como está, es un lastre grande para Cantabria, su turismo, su economía, mejor dicho, nuestra economía. Es verdad. En alguna ocasión he escrito que Altamira está desaprovechada. Cada año, la réplica atrae a menos visitantes, y menos movimiento en Cantabria y, en concreto, en la zona de Santillana del Mar y su impresionante entorno. Esta bajada no se ha explicado suficientemente, porque no gusta decir que la réplica no ha cumplido con las expectativas. Si a eso le añades que la promoción, que depende del Ministerio de Cultura, en Madrid, es la que es, muy poca, pues ¡apaga y vámonos,! Mantengo otra cosa, que en absoluto digo por quedar bien: Altamira tiene un buen director y unos profesionales como la copa de un pino. Pero, ¿de qué sirve tan buen contenido si el continente no acompaña lo suficiente? El continente son las cuevas originales, abiertas y bien cuidadas, la réplica y el museo.

Que nadie me hable como cántabro de Atapuerca, teniendo una Altamira. Pues bien, Atapuerca ahí está. Su promoción en los últimos años ha sido espectacular a nivel nacional e internacional. Las teles nacionales sólo hablan de Atapuerca cuando se trata de abordar asuntos de lo prehistórico. Mientras, nuestra Altamira, la universal, pierde fuelle. ¿Intereses, falta de apoyo, de promoción, de colaboración de las autoridades culturales nacionales con Cantabria para reforzar la posición de Altamira? Un poco de todo ha habido. Lo que ya nadie nos va a restar es el notición de que Altamira, la original, puede abrirse al público, algo que Cantabria debe aprovechar como uno de los mejores anuncios que se han producido jamás. Altamira tiene que volver a ser el Mon Amour del arte rupestre en el mundo.



Feb 17 2010

QUIERO SER FAMOSO

Publicado el  17 de febrero de 2010 en el Diario Montañés

Tardas media vida en darte cuenta de que la fama rápida es un espejismo y que vivir en paz contigo mismo y de paso con los demás no tiene precio. A ver quién es el guapo que convence de esta teoría al ejército de jovenzuelos que sueña con su “minuto de oro” en televisión, ganando algún concurso absurdo de esos que te encierran en cualquier recinto o isla, hasta terminar peleado con la mitad de los que te rodean. Hay que ser un Tarzán en esta selva televisiva, que cada día se reinventa para llenar la cabeza de pájaros a nuestra juventud. El anhelo es el éxito veloz, que te conozcan y te paren por la calle, mientras las intervenciones en la tele puedan resultar a 40.000 euros por programa. Donde quede el trabajo, el esfuerzo y la superación, no lo sé… A lo mejor es que me he quedado trasnochado, pero resulta que hasta el Ministro de Educación está pensando en un pacto por la educación, a ver si así en el futuro de este país siguen existiendo todas las profesiones, y no sólo esta de “quiero ser famoso”.

No tengo nada contra la fama. Tras una “Operación Triunfo”, sale un brillante Bustamante (¡rima y todo!). Los goles de Sergio Canales son como soles (¡qué bueno, también rima!). Con Seve Ballesteros, ya me pierdo en admiración hacia el campeón y la superación del hombre contra la enfermedad. Ejemplos. Esta sociedad nuestra necesita ejemplos. Y ejemplos no son todo este batallón que no hace otra cosa que pelearse, insultarse y bronquear por la tele, sabiendo como saben que todo el mundo les ve, aunque quede mejor negarlo. Hay historias de la televisión que son realmente buenas. Ir a un programa a contar lo más íntimo de tí o de tu familia, es sencillamente asqueroso. Ahora, con la veta de la “piel de toro” han dado. Desde las operaciones de estética de fulanita, al último ligue del  torero que lo hace mejor en las discotecas que en el ruedo. España no cambia, y los españolitos más jóvenes han cogido la sobaquera a lo bien que se vive del cuento. 

 



Feb 16 2010

LA TIERRA NO ESPERA

Publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario Montañés

Al Gore perdió a los puntos las elecciones presidenciales norteamericanas del año 2000, facilitando así un segundo mandato de George Bush, pero luego dio el salto internacional como una especie de gurú apasionado por transmitir sentido y sensibilidad  por el cambio climático global. El personaje tiene su entrevista. Primero, por ser político y pertenecer a una superpotencia industrial (y contaminante) como es Estados Unidos. Y segundo, por ser un hombre adinerado cuya fortuna se ha amasado en una sociedad económica, donde el progreso está en la misma esencia del sentir norteamericano, sin pararse a mirar más. Baste recordar como quien le ganó las elecciones planteó en un determinado momento, para apagar los devastadores incendios, erradicar en ciertos Estados determinados bosques. Bush se quedó tan pancho, y fue mucho más en Europa, España incluida, donde este planteamiento presidencial se vio, sencillamente, como un horror. Gore fue la antesala de las cumbres – para poco o nada-  del cambio climático. Para poco fue la primera: el Protocolo de Kioto; y para nada ha sido la de Copenhague, mucho más reciente en la memoria ciudadana. Cada cumbre ha sido lo mismo, dar dinero a los países en desarrollo que contaminan de paso mucho, bajar un poco el porcentaje contaminante de los países más ricos, y soltar largos discursos acerca de planteamientos de futuro (se habla del 2050), palabras que al final no se plasman en ningún acuerdo en firme. Eso sí, mientras políticos y técnicos se reúnen a puerta cerrada, en los aledaños de las cumbres cada vez hay más organizaciones dispares en defensa del planeta, la naturaleza, y el equilibrio entre vivir de forma sostenible sin expoliar todos los recursos hasta matar la tierra.

 ¡¡A ver..!! Cada vez me gusta ser más simple en mis razonamientos. Primera cuestión vital a plantear: ¿cómo va ser nuestro planeta allá por la mitad del siglo XXI? Segunda gran pregunta que divide a inmovilistas y conservacionistas: tal y como lo conocemos hoy, ¿qué va a quedar en pie? Ya saben, montañas, glaciares, playas, cordilleras, praderas, ríos, mares… Por último: ¿cómo y de qué se alimentarán las futuras generaciones? Puede, sólo puede, que algunos estudios mediambientales hayan exagerado sus conclusiones, aspecto que está siendo utilizado como arma arrojadiza por los que denigran el cambio climático y sus graves consecuencias. Yo, no. Yo creo con firmeza en que si no cuidamos nuestro entorno, terminará habiendo graves consecuencias. También entiendo que no es nada fácil conjugar este futuro con los intereses industriales, económicos y de empleo en que estamos sumergidos actualmente. Si le preguntas a un obrero y a su familia si estaría dispuesto a que se cerrara su contaminante fábrica a cambio de mejor aire puro, te mandará con razón a hacer puñetas. Sin alternativas, no hay cambio climático que valga, es así de rotundo. El mundo, en especial sus Gobiernos, se creen preparados para lo mejor y para lo peor. Tampoco es cierto. Sólo hay que ver lo que acaba de suceder en Haití. Un Haití atascado en su propia desgracia, mientras el resto del mundo no sabe a ciencia cierta lo que será de este pequeño país aplastado por los terremotos. ¿Es Haití una oportunidad para ver más allá? Pudiera ser, pero sólo es Haití, nada más que Haití.

Después del fracaso de Copenhague van a tener que pasar cuatro o cinco años (el tiempo corre muy deprisa) hasta una nueva cumbre del clima. ¡Ya me libraré de hacer augurios fundados o infundados de cómo nuestro ecosistema empeorará, hasta que llegue esa nueva fecha para debatir un poco más sobre el planeta! Pero hay algo tan cierto como que me llamo Miguel: vamos a peor. Es palpable, se aprecia y se ve como una verdad a gritos: la tierra va a peor. No sé que ha sido de Al Gore, por cierto. Empezó bien. Viajó por los principales países del mundo para dar conferencias y cenas en las que se abordaba este cambio de mentalidad sobre algo tan bello llamado tierra, que tan magnífico cobijo nos proporciona. Sea como fuere, el cambio climático necesita de nuevos líderes que hablen alto y claro sobre sus consecuencias, si no cortamos a tiempo la sangría destructiva y contaminante de muchos puntos geográficos del mapa mundi. A algunos, no ver el calentamiento de la tierra, les lleva a ser más escépticos. En fin, creo que la cuestión está en la propia superficie de la corteza terrestre. Donde ayer había un hermoso bosque, mañana se levanta una espantosa urbanización de adosados. Multipliquen este ejemplo por un millón de supuestos que se dan a diario en un globo tan grande cuya cura no aguantará mucha más demora. Me da igual que se llame cambio climático, salvemos la tierra o la aventura de vivir… El caso es que los que ahora cortamos el bacalao, como antes hicieron con nosotros, estamos obligados a ofrecer a las futuras generaciones un lugar bello, respirable y seguro en el que seguir viviendo.

 



Feb 12 2010

ENERGÍAS Y RESIDUOS

Publicado el 11 de febrero de 2010 en el Diario Montañés

En realidad, el debate en España sobre si la energía nuclear sí o la energía nuclear, no, viene de largo. Lo mismo pasa con las plantas de basuras, con los cementerios de residuos peligrosos, de aviones, hasta llegar a nuestros días con el debate eólico, y si se deben poner más molinos o menos, según que monte o según qué vistas. Para empezar, esto se me parece mucho a lo de quitar de fumar en los sitios entre tanto el Estado se lleva una suculenta tajada de beneficio en cada cajetilla, vía impuestos. Quiero decir que disfrutamos alegremente de una electricidad y de un derroche que terminan en desperdicios, al tiempo que levantamos la voz acerca de la energía que más nos gusta, y donde se deben poner las plantas productoras o de desechos, mientras no sea cerca de mi casa. Ciertamente, yo haría lo mismo si se trata de un cementerio nuclear, y nadie me ha preguntado, y no hay consenso, ni debate, y alguien quiere tirar de frente como en los tiempos de Franco.

Mucho me temo que no sólo están las opiniones y deseos personales, sino el desarrollo en sí y la seguridad en este caso de toda una nación. En algún lugar hay que guardar bajo tierra los residios nucleares, o, solidariamente, nos los comemos entre todos. Un ayuntamiento que presenta su candidatura para albergar algo así, hay que saber de las compensaciones de todo tipo que puedan percibir. Otra cosa es que lo que reciben repercuta directamente en los residentes, cuya opinión debe prevalecer antes que nada. Que alguien de fuera de un municipio candidato a los residuos radiactivos, venga a manifestarse sin tener en cuenta a los del pueblo, ¡tiene tela el temita! Lo primero, son los vecinos, después los vecinos y, finalmente, los vecinos. En este país somos muy dados a hacer un debate nuevo cada día, y a tirar de paso la piedra y esconder la mano.

 



Feb 6 2010

AEROPUERTOS 2010

Publicado el 6 de febrero de 2010 en el Diario Montañé

Por culpa del terrorismo, una de las cuestiones que de forma más vertiginosa han cambiado del siglo XX al XXI es coger un avión. Ya lo dice el título del gran libro de Juan Marsé: “Si te dicen que caí”. Hay en él una frase referida a tener que operar, pero que se parece ya hoy a un control rutinario a la hora de ir pasando puertas dentro de un aeropuerto: “Acérquese… Presionando con los dedos el duro vientre, tanteando los huesos de la pelvis. Hay que abrir enseguida, dijo el otro, y en sus manos ella notó más delicadeza, más calor al subirle la falda hasta la cintura…” No crean que la referencia es tan exagerada.  Por no palparle en sus partes para detectar el pañal-bomba que llevaba puesto, el nigeriano de 23 años Umar Farouk Abdulmutallab por muy poco no hace estallar en el aire el vuelo 253 de Northwest Airlines, con casi 300 pasajeros a bordo, que ya pueden dar gracias de por vida a que a este descerebrado le fallara el artefacto y sólo se quemara las piernas. El hecho ocurrió encima el día de Navidad, con el impacto emocional que eso tiene en Estados Unidos y, por extensión en Europa. Antes del último plan del maligno Bin Laden y su Al Qaeda, ya estaban bastante imposibles los aeropuertos americanos e ingleses. Ahora, la psicosis se ha extendido a todo el mundo y ya hay pequeñas naciones como Holanda que superan en drásticas medidas de seguridad al país con más aviones y aeropuertos del mundo. En parte, la culpa la tiene esta frase: “Detrás de mí vendrán otros”. Se la dijo este tontaina de los calzoncillos abultados al FBI en un interrogatorio que, al parecer, puso de manifiesto también la advertencia de que hay otros locos como él en Yemen, entrenados y preparados para actuar pronto. Relató el terrorista capturado que fue entrenado durante más de un mes por Al Qaeda, que le facilitó 80 gramos de un explosivo mortal, cosido en su ropa interior, con lo que consiguió burlar los arcos de seguridad del aeropuerto, salvo que se le hubiera desnudado.

Barak Obama se parece a Alfredo Pérez Rubalcaba, el Ministro del Interior de España, cuando dijo sobre este atentado frustrado que hay que ir de inmediato a la caza y captura de los malos para ponerles a disposición de la justicia y que paguen por sus fechorías. La reacción es buena, directa al ciudadano, que al mismo tiempo ve como los controles aeroportuarios dan un vuelco total y se abre el debate público de si es necesaria tanta seguridad a la hora de coger un vuelo. En la medida en que cada pasajero tenga una anécdota desagradable que contar, la tensión sube de tono. En las escuelas de azafatas, hoy auxiliares de vuelo, ya no es lo más importante la sonrisa y la atención. Sigue existiendo, evidentemente, pero ha bajado puntos mientras asciende la seguridad antes que nada, llevada a extremos en el chequeo al pasaje, la rigurosidad del equipaje de mano, el no a llevar líquidos u objetos metálicos o moverse lo justo por el avión. Pocos lo expresan, pero una vez dentro de la aeronave, los pensamientos y recelos son los primeros que se disparan. El debate de la seguridad ya empezó cuando se impuso la presencia de un pasajero miembro del orden y seguridad de los Estados. En qué vuelos va, nadie lo sabe, porque pensamos que están en todos, y de ahí lo tienen que imaginar también los terroristas suicidas.

 Mi posición es que todo lo que sucede es consecuencia directa de nuestras propias actuaciones, las de los seres humanos. Esta última bomba la “justifica” Al Qaeda por el trato internacional que se da a la Península Arábiga, pero mañana puede haber otra excusa como que alguien ha construido una minúscula bomba, se la ha metido en el culo, sube a un avión, y lo hace explotar porque en su instituto no era líder o protagonista. Es el complejo social monstruo que nos hemos creado. Unos locos de atar lo hacen en el aire, y otros disparan dentro de un colegio, matando a profesores y a alumnos de forma indiscriminada. ¿Qué les hace actuar así? Este idiota de 23 años se cree un mártir dentro de una causa, cuando no un héroe porque así se transmite desde las terminales mediáticas del grupo terrorista del que forma parte. Claro que detrás de él vendrán otros, para desgracia de los demás. Lo sufriremos en propias carnes a la hora de coger un avión u otro tipo de transportes. Si la bomba ha viajado ahora en un calzoncillo, el medio de transporte en el futuro será más sofisticado. Es como las mafias  de la droga que lo mismo envían cocaína en el impregnado forro interior de ataúdes de lujo, que en una colección de ropa de pasarela, cuyos tejidos valen realmente para colocarse. Lo de una bomba en el calzoncillo, me demuestra que la civilización está más en su autodestrucción que en hablar a través del micrófono central del edificio de Naciones Unidas, en Nueva York. Me temo que implantar escanners corporales que te ven de arriba abajo y de dentro para afuera, es un mal menor. Más temo que el gesto cordial del pasajero hacia alguno de los 4.000 agentes de seguridad que AENA tiene repartidos sólo en los aeropuertos españoles y viceversa, forma ya parte del  pasado. A fin de cuentas, es lo que nos hemos ganado a pulso por actuar como lo hacemos entre nosotros mismos. Aeropuertos 2010, ya no tiene nada que ver con aquellas películas sobre aeropuertos de los años 70 y 80, donde, al final, todo acababa bien. Que hoy finalice así, depende de unos servicios de seguridad que no paran durante las 24 horas del día, al igual que los terroristas, pensando en cómo hacer más daño la próxima vez que actúen.



Feb 2 2010

COMER CON EL MÓVIL

Publicado el 2 de febrero de 2010 en el Diario Montanés

Hace más de veinte años que compré mi primer libro de comportamiento que, sobre los modales en la mesa, era muy claro: “la forma de desenvolverse en las comidas evidencia palmariamente quién es persona educada y quién un patán”. He empezado recalcando el tiempo transcurrido porque, entonces, no existía el teléfono móvil (ni el Mp4). Explícale  hoy a un chaval (la) que hay un horario lógico para llamar y recibir llamadas y que, mientras se come, no se habla, no se mandan mensajes, no se juega y no se hacen fotos al de al lado con el móvil. Los padres tenemos que pensarlo dos veces antes de poner en manos de un niño el aparatejo en cuestión. Nos autoconsolamos con el hecho de que es mejor tenerles localizados (¡que ingenuos somos!) en todo momento, que no saber dónde andan y con quién. También están las vulgaridades que nos ven hacer a los mayores con el móvil. Por ejemplo, si vas en el autobús, ¿qué le importa al resto del pasaje las compras que has hecho en las rebajas y el color de las prendas?. Quieras o no, te enteras de todo. Tampoco entenderé jamás qué es lo que tiene que hablar un quinceañero a las siete y media de la mañana, cuando sale del portal de casa. ¡Espera a llegar al colegio, y lo hablas allí!. En todo caso, ya que tienen móvil, aconsejo que se encarguen ellos con su paga de recargarlo, para que “sientan” el coste de cada llamada estúpida.

 Pasa también que ya no se respetan los horarios de llamadas. A la hora de comer, ¡no hay teléfono que valga!. Y a partir de las once de la noche, el sonido de un móvil ya no asusta como sucedía antes, que parecía que había pasado algo grave y cogías el teléfono fijo con temor. En aquel primer libro, no venía una frase que escribiría muchos años después, aplicada al móvil. “El usuario debe saber qué lugares son los más adecuados para utilizar el móvil, y no hacer nuestra conversación pública”. Desde luego, la mesa donde se come no es lugar. Hoy, al niño que se sienta a comer, además de preguntarle si se ha lavado las manos, hay que requerirle que apague el móvil.